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Los 'vulnerables' Warriors de Curry, a frenar a la apisonadora LeBron y a sus Cavaliers sedientos de venganza

LeBron y Curry, en un lance del juego.
LeBron y Curry, en un lance del juego.

Parecía el guión anunciado desde octubre, hasta que Thunder y Raptors amagaron con aguar la fiesta de las dos bestias de la NBA. Con todo, de nuevo Curry y LeBron, de nuevo Warriors y Cavaliers, vuelven a enfrentarse por segundo año consecutivo en las Finales.

Y es que es la sexta final consecutiva del 23 de los Cavs si añadimos también las de los Heat. El superhombre de St. Vincent-St. Mary llevó a Miami a disputar la última eliminatoria al anillo en cuatro temporadas consecutivas, y en su regreso triunfal a casa volvió a lograr la gesta. Todo esto, curiosamente, de la mano de James Jones, que le ha seguido cual rémora en las últimas temporadas y que también disputará su sexta final consecutiva.

Stephen Curry y sus Warriors llegan quizá extenuados pero con la moral por las nubes. Kevin Durant y Russell Westbrook les tuvieron a sólo un golpe del KO con el 3-1, pero en una nueva gesta histórica (la enésima de este equipazo), los de Steve Kerr le daban la vuelta a la tortilla ganando tres partidos consecutivos. No fue por culpa de los Spurs, como se preveía, pero al desenlace de la Conferencia Oeste no le faltó épica ni agonía.

Los californianos, por tanto, han disputado más partidos que su rival en la postemporada, concediendo una derrota en primera ronda, otra en las semis de conferencia y tres en la finales del Oeste. Cleveland llega en el mejor momento del curso, habiendo concedido sólo dos derrotas en todo el Playoff, ambas contra los correosos Raptors en el escalón previo a esta eliminatoria.

Por ahí precisamente puede llegar una de las claves de la serie: la frescura de piernas. Los Warriors no tuvieron descanso en temporada regular por culpa de la (bendita) posibilidad que tuvieron hasta el último día de hacer el mejor récord de la historia de la NBA, y eso se ha notado luego, especialmente en jugadores vitales como Draymond Green.

Los Cavaliers, por su parte, son la otra cara de la moneda. Las dos derrotas en Toronto fueron meramente circunstanciales porque el equipo, francamente, ha arrasado su conferencia. Todos los jugadores llegan en plenas facultades, como auténticos toros, a buscar la revancha por lo ocurrido el curso pasado.

En lo puramente baloncestístico, los Warriors cuentan con su big three por todos conocido. Sobre Stephen Curry queda poco que decir: es el MVP de la liga y un jugador absolutamente de videojuego. Si tiene el día, su combinación de tiro y técnica de bote y dribbling es imparable. Es, sin discusión, el absoluto dominador del basket mundial a día de hoy.

Le acompaña el otro splash brother, Klay Thompson. El Pippen del nuevo Jordan que es Curry. Otro que cuenta con una muñeca divina y que ha sido la clave en la serie contra los Thunder. Quizá no tan desequilibrante como su compañero (¿quién lo es?), pero es capaz de castigar con parciales inverosímiles si se entona. Además, se crece cuando las cosas van mal y no duda en asumir la responsabilidad si es necesario.

La tercera pata del banco es el antes citado Draymond Green. Juega de 'cuatro' pero podría hacerlo de base si quisiera. El hombre triple-doble del equipo debe recuperar su mejor versión para ser ese jugador vital que ha sido para los suyos esta temporada. Nombres como los de Andre Iguodala o Harrison Barnes se quedan en la recámara de Kerr para el devenir de las Finales.

En los Cavaliers hay mucha dinamita también. Cuentan con quien ya es uno de los mejores de la historia con sólo 31 años, LeBron James. 'El Rey' juega su sexta final consecutiva, en busca de su tercer campeonato. Hace mejores a sus compañeros y está desatado, con una forma física inabarcable para sus rivales. Él solo sostuvo a los Cavs al final del curso pasado, pero este año le escoltará, por fin sano, el resto del big three de Ohio en su persecución del anillo.

Kyrie Irving estará al 100% este año: base virtuoso, con un manejo del balón formidable y facilidad para encarar el aro. Kevin Love, antaño jugador franquicia en Minnesota, ha recuperado su mejor versión en los últimos tiempos y vuelve a ser esa mezcla perfecta de ala-pívot fino y rudo, con el gusto por el dentro-fuera constante. Rebotea como un auténtico titán y anota desde la pintura, desde media distancia y de tres con grandes porcentajes.

Será también reseñable, seguro, la aportación, otra vez, del obrero Matthew Dellavedova. Un auténtico perro de presa que puede defender al base y al escolta rivales con bastante éxito. Su juego intenso desquició a Curry el curso pasado e hizo que pareciese humano. Además, el australiano tiene buena mano, siendo capaz de anotar de tres, algo que es muy común en la gran mayoría de los jugadores del banquillo del novato Tyronn Lue, con armas como Shumpert, Smith o Frye.

Poco importan ahora los dos partidos disputados entre ambos conjuntos, que terminaron en sendas victorias para los de la Bahía de San Francisco (la segunda, por un apabullante 132-98). Quedan demasiado lejos y las Finales son otra historia. Espera una serie dura y competida, que no necesita una mejor presentación que el duelo entre los dos mejores baloncestistas del planeta: Stephen Curry y LeBron James. Dos estilos primorosos en una posible vendetta que muchos esperan desde hace justo un año.


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