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Luis Suárez, al rescate de una montaña rusa culé que casi se ahoga en la orilla en marzo

La MSN celebra un gol.
La MSN celebra un gol. EFE

Momentos de fútbol exquisito mezclados con inexplicables pinchazos. De la exhibición del Bernabéu a la debacle de Vigo. La sanción de la FIFA, que impedía inscribir jugadores en Can Barça, mermó la rotación de Luis Enrique en buena parte de la temporada, en la que los once habituales terminaron extenuados mentalmente y amagaron con un derrumbe que pudo ser catastrófico.

La lesión de Messi, que dio el susto en septiembre ante la UD Las Palmas, sirvió para destapar la mejor versión de Neymar y Luis Suárez, que dieron un paso adelante en liderazgo para resolver partidos peliagudos de manera muy brillante. El brasileño, al mejor nivel de su carrera en invierno, confirmó que, centrado en el fútbol y alejado de la farándula que luego le fagocitó, es quizá el llamado a ocupar el cetro del Balón de Oro a medio plazo; el charrúa, siempre con el mono de trabajo, que no hay delantero que huela la sangre como él en toda Europa.

En el capítulo de revelaciones en el plantel, toca subrayar a Sergi Roberto. Sin llegar a ser titular indiscutible, ha sido imprescindible para 'Lucho'. Primero en un experimento que le llevó al lateral derecho tras la baja de Dani Alves y luego como sustituto de Iniesta o Rakitic en los puestos interiores del centro del campo.

Adaptado al ritmo alto del Barça, ha sido una de las agradables sorpresas del plantel. Coliseum y Santiago Bernabéu fueron dos de sus exhibiciones durante la temporada. Luis Enrique le probó como ancla del equipo en detrimento de Busquets y el canterano respondió. Un nuevo valor en alza de la cantera blaugrana que, a diferencia de efectivos anecdóticos de La Masia como Munir y Sandro, ha estado a la altura.

En el capítulo de decepciones, Aleix Vidal y Arda Turan no han ayudado a que creciera el fondo de armario culé para llegar a la fase decisiva de la temporada en forma y volver a optar de nuevo a realizar otro triplete. El ex del Sevilla ha caído en un ostracismo extraño alrededor del cual circulan mil rumores (incluso un supuesto desliz en Periscope); el otomano ha estado más cerca de ser un jugador de liga crepuscular (China, Qatar...) que del mago que era una máquina de competir en el Calderón.

Con Zidane entregando la Liga en rueda de prensa tras la derrota merengue en el derbi madrileño de febrero, el punto de inflexión llegó un mes después. Las convocatorias internacionales, que desbordaron de kilómetros las piernas de la MSN, y el cumpleaños furtivo de la hermana de Neymar, desataron el desplome. El equipo terminó amagando con ahogarse en la orilla, negociando con una crisis que se agudizó cediendo en Champions ante los lobos de Simeone.

Pero Luis Suárez, a un nivel formidable, se negó a desengancharse de la Liga y del Pichichi. Y se convirtió, inevitablemente, en el jugador del torneo. Mascarón de proa de un Barcelona que sumó su campeonato número 24 y que, entre las sensaciones de temporada reprochable, está a un paso de culminar en Doblete una temporada que demasiada gente corrió hace semanas a tachar de fracaso. Paradojas del fútbol.



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