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En una Cataluña independiente, ¿habría que llamar a la Guardia Civil de España en cada Barça-Espanyol?

Messi lucha el balón con Diop y Hernán Pérez durante la ida de los octavos de Copa.
Messi lucha el balón con Diop y Hernán Pérez durante la ida de los octavos de Copa. EFE

De repente, mientras los más acérrimos catalanistas debaten sus cuitas políticas para romper con España por el camino más corto, va el fútbol y se convierte en una molesta china en el zapato. La creciente tensión en los dos Barcelona-Espanyol -Liga y Copa (partido de ida de octavos)- ha puesto en el escaparate un enfrentamiento que amenaza con traspasar la barrera de la histórica rivalidad deportiva para desembocar en un conflicto con tintes que ya rozan peligrosamente la violencia.

El caldo de cultivo creado por jugadores, directivos y medios de comunicación emite señales de agresividad pocas veces alcanzadas. Redes sociales y foros espanyolistas preparan para el encuentro copero de vuelta (13 de enero) un escenario terrible, cuasi bélico, respondido ya por algunos lenguaraces mediáticos con más provocación: “Luis Enrique debería llevar a Cornellá al filial para evitar problemas y lesiones”, pregonan.

El caldo de cultivo creado por jugadores, directivos y medios de comunicación emite señales de agresividad pocas veces alcanzadas

¿Para eso quieren los catalanes –no todos- la independencia? ¿Para matarse entre ellos en un campo de fútbol? Porque si la rivalidad actual se diluye en una Liga española con numerosos equipos de nivel profesional, ¿qué sucedería si Cataluña se separa y, como ya ha avisado el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Barça y Espanyol son expulsados del campeonato de un país al que ya no pertenecerían?

Evidentemente, la entidad del club azulgrana es muy superior en todos los sentidos, pero el Espanyol se convertiría en el único equipo capaz de arañarle en Cataluña las migajas de un triunfo o incluso algún título. Y, claro, para intentarlo, los blanquiazules deberían plantear cada enfrentamiento con la extrema intensidad –“violencia”, opinan algunos- que lo han hecho en las dos recientes citas.

En ese hipotético escenario independentista, ¿cuál sería la actitud de la aplastante mayoría “nacionalbarcelonista” –término acuñado por el presidente del Espanyol, Joan Collet, tras el partido de Liga- frente a la “violenta” –según muchos culés- minoría espanyolista? Cuando los más fuertes e influyentes defensores del pequeño Espanyol se ubican hoy fuera de Cataluña, ¿qué sucedería si el movimiento político secesionista logra su objetivo último?

Sería ridículo lograr la independencia de Cataluña y que la Barcelona futbolística acabase convertida en una especie de Belgrado

Por supuesto, al Camp Nou acuden aficionados contrarios al independentismo y en Cornellá hay pericos que abogan por una Cataluña libre, pero el poderoso e irracional sentimiento futbolístico amenaza estos días cualquier atisbo de convivencia por encima de la política y de cualquier cosa.

Todos los que tienen algún protagonismo en ambos clubes, así como sus respectivos entornos están obligados a hacer un esfuerzo de pacificación. Y no estaría de más que la clase política catalana, tan pendiente de lo suyo, hiciera algún guiño al sosiego balompédico para evitar males mayores.

Porque sería ridículo lograr la independencia de Cataluña y que la Barcelona futbolística acabase convertida en una especie de Belgrado donde cada Espanyol (Partizán)-Barça (Estrella Roja) fuese una amenaza de batalla campal dentro y fuera de los estadios. Siempre, eso sí, podrían pedir refuerzos a la Guardia Civil de España, un país amigo.

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