Liga Santander

Empate a (casi) nada en un derbi de la siesta que reaviva la pelea por la Liga

Real Madrid y Atlético empatan en un cara a cara capitalino plomizo, que invitó más al sueño que al espectáculo y que envía oxígeno al Barcelona.

Carrasco disputa un balón con Carvajal.
Carrasco disputa un balón con Carvajal. EFE

Un Atlético romo logró rebañar el empate del Santiago Bernabéu ante un Real Madrid que escapa del derbi con el gesto torcido, sabiendo que el aliento del Barça está, pese a sus merecimientos durante el duelo, más cerca que nunca de su nuca.

El partido comenzó impreciso, con ese sol y sombra traicionero de la hora que tanto gusta en China (o eso proclama Tebas) pero que tanta atmósfera de partido grande le resta a un choque de esta enjundia. Las primeras galopadas de un Torres que parecía redivivo ante el desafío del eterno rival fueron lo más destacado del partido hasta un latigazo de Cristiano a la cepa del poste que Oblak abortó haciendo fácil lo difícil.

Agitado el encuentro, impreciso, sólo Benzema parecía reclamar finura y clarividencia. De una triangulación del galo con Cristiano Ronaldo nació un chut que Oblak abortó con manopla prodigiosa. El Atlético estaba atrincherado y desplegaba una alfombra roja que el Real Madrid aprovechaba para llegar con cierta comodidad a tres cuartos de cancha.

A la media hora, superado momentáneamente el cancerbero esloveno, tuvo que aparecer Savic para meter una testa bajo palos que abortó el gol de Cristiano que ya bramaba el Bernabéu. Diez minutos después, sería Navas el que despejaría un zurdazo travieso, lejano, de Antoine Griezmann. Tras los dos zarpazo, descanso y tentempié.

El partido se volvió a agitar en la segunda mitad, con otra vez Oblak desperezándose pronto para tapar con todo, casi como un portero de balonmano, el chut de Benzema en el segundo palo. Poco pudo hacer el meta, eso sí, tras el cabezazo de Pepe que terminó por romper el empate. Una pelota parada que hizo justicia ante un Atleti demasiado timorato, al que ni el paso por los vestuarios había espoleado.

Un mano a mano de Fernando Torres como verso suelto anunció que el Atlético parecía querer regresar al partido. El fuenlabreño estrelló el chut en el cuerpo de Navas y Simeone reaccionó lanzando más leña a a la hoguera: Correa por Saúl y filas arriba.

La lesión de Pepe, que se tuvo que retirar tras un golpe con Bale que le dañó en el costado, pareció meterle nuevo cloroformo al duelo. Inerte, el derbi caminaba en la nada. Ni la entrada de Isco, animador de tantos encuentros, consiguió romper el hastío.

Meditaba Simeone hasta poner a Cerci sobre la mesa, desesperado por resucitar al muerto, pero Correa le quitó la idea de la cabeza con un pase teledirigido tras el que Griezmann fusiló a Keylor. Chispazo de talento para que un Atleti náufrago no muriera de hambre.

No ocurrió nada más en un derbi muy bajo de biorritmos que reengancha al Barcelona a la pelea por la Liga. ¿Conclusión? Que Griezmann le ha sisado al Real Madrid el único colchón que le quedaba antes del Clásico.


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