Deportes Ciclismo tramposo de última generación: cámara térmica detecta motores eléctricos en bicicletas durante dos carreras

Un reportaje realizado con cámara térmica detecta probables baterías e imanes de motores eléctricos usados ilegalmente por ciclistas profesionales.

Una vez más, el periodismo de investigación va por delante de las autoridades, y ambos siempre a rebufo de los tramposos. Un documental conjunto del diario italiano Corriere della Sera y del programa francés Stade 2 -de la televisión gala FranceTV- ha sacado a la luz las más que sospechosas prácticas de al menos siete ciclistas que participaron en dos recientes carreras profesionales.

Sólo había que aguzar el ingenio, hacerse con una cámara térmica y grabar el paso de los ciclistas durante la Strade Bianche y la Coppi e Bartali, dos pruebas italianas.

Aunque faltan las pruebas palpables, las imágenes tomadas muestran zonas anormalmente calientes en bicicletas de al menos siete corredores en las cuales pueden estar camuflados baterías o imanes cuya temperatura es más elevada que el resto del cuadro debido al funcionamiento de algún artilugio mecánico.

Hasta ahora existen dos tipos de ayuda eléctrica al pedaleo. Uno necesita de una batería recargable que ayuda en momentos de especial dificultad; el otro, consiste en un sistema de imanes.

El reportaje rememora brevemente los episodios más recientes y conocidos en los que se han investigado, por sospechosas, las bicicletas de Fabian Cancellara (Tour de Flandes 2010), Ryder Hesjedal (Vuelta 2014), Alberto Contador (Giro 2015), Chris Froome (Tour 2015) y equipo Movistar (Vuelta 2015).

Luego aparecen diferentes especialistas, tanto en mecánica como en térmica. Estos, viendo las imágenes, confirman el anormal calentamiento de las antes citadas partes de las bicicletas. Y los primeros describen lo fácil que es disimular en el interior de las mismas minúsculas piezas que hacen funcionar los motores eléctricos.

También existen imágenes sorprendentes de los exámenes a los que son sometidas las bicicletas sospechosas, e incluso cómo se pasa una especie de detector por los cuadros de las máquinas en busca de posibles imanes.

El trabajo periodístico concluye haciéndose una pregunta que cada día corroe a más gente dentro y fuera del pelotón: ¿por qué la UCI no se toma en serio este dopaje tecnológico y pone los medios necesarios para detectarlo y desterrarlo antes de que se concierta en una plaga? Si es que no lo es ya.

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