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Exhibición de Messi que lleva al triunfo al Barça ante un Sevilla trepidante

Los goles del argentino y de Luis Suárez doblegaron el tanto inicial de Vitolo.

Messi aún no conoce la derrota en el Sánchez Pizjuán.
Messi aún no conoce la derrota en el Sánchez Pizjuán.

Había curiosidad por conocer la forma con la que Luis Enrique pretendía resolver la presión altísima del Sevilla. De inicio se le atragantó, porque la MSN es más BBC cuando no tiene la pelota en su poder, lo que es un peligro si enfrente tienes laterales tan profundos como Mariano o Escudero.

A los cuatro minutos Ter Stegen y Sergio Rico ya se habían empleado a fondo. El alemán ante Vietto y viendo pasar una volea de Escudero. El sevillista salvando un gol que terminó en córner. El partido, con Sampaoli en uno de los rincones del ring, era inevitablemente vertiginoso. Messi se desenganchaba para tratar de ayudar a resolver la presión de un Sevilla cargado de actitud. Un Sevilla en el que solo se alineaba en la medular un jugador de condiciones defensivas, el referencial Nzonzi. La agresividad de los sevillistas suplían esas carencias destructivas y complicaban a los azulgrana.

Al cuarto de hora, con el Sevilla oliendo sangre, un balón largo plantó a Vitolo ante Ter Stegen, al que batió con tranquilidad. Los locales se ponían por delante, el Barça no era capaz de frenar el zafarrancho y eso le hacía demasiado daño. El galope hispalense lo comandaban la pausa creativa de Nasri y la tranquilidad táctica de Nzonzi.

Pasado el frenesí del gol, el Barcelona seguía sin poder rebajar el ritmo y desplegar su juego de toque. Con espacios, por la verticalidad hispalense, la delantera azulgrana era peligrosa. Pero sin balón, y su mediocampo no lo tenía, estaban desenchufados. El Sevilla llegaba a la media hora con superioridad futbolística y mucha más agresividad ofensiva y defensiva.

Goteaban los minutos y las goteras en el mediocampo azulgrana no se subsanaban. Hasta que una contra llegó a los pies de Neymar. El brasileño esperó a que llegase Messi, centrando la atención de la defensa sevillista, y sirviendo un pase perfecto de timing que el argentino envió a la red con el interior, como si se tratase de un pase. Messi rescataba al Barcelona y a un Luis Enrique incapaz de desentrañar el laberinto táctico de Sampaoli. Empate al descanso con un Barcelona maltratado por los del Pizjuán.

En el descanso Luis Enrique modificó algo en la pizarra y pidió actitud para tener la posesión a los suyos. Y el partido arrancó con otra intención. Salía tocando el Barcelona. Corría el balón, no el Sevilla, muy desgastado del primer asalto. Comenzaron a llegar las ocasiones, casi todas de Messi. El Sevilla había bajado un grado la intensidad de su presión y los azulgrana se agigantaban en la segunda parte. Y en un robo a Carriço. Messi sirvió a Suárez, que batió a Rico premiando el buen juego culé.

En el momento en el que la presión física pasó a ser posicional, el juego de posesión del Barça, la aparición de los espacios y la calidad de la delantera azulgrana mataron al Sevilla. Sampaoli metió más fútbol con Ganso y más poderío con Iborra, pero por entonces Messi ya estaba desatado, interpretando el partido y llegando al área una y mil veces. Rico aguantó en el duelo al Sevilla con una parada impensable a Suárez y Nzonzi pudo empatar en una cantada de Ter Stegen.

Con el choque vivo en los pies del Barcelona y en las contras del Sevilla, los minutos fueron enterrando un partido majestuoso con un Sevilla indómito, un Barcelona pragmático y un Messi majestuoso. Victoria del Barcelona de las que pesan al final de temporada. Un golpe de autoridad. Y al tiempo una exhibición del mejor futbolista del mundo: Lionel Messi.

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