Open de Australia

Federer gana a Nadal la final de las finales

Federer celebra un punto.
Federer celebra un punto. EFE

Tenía que ser épica. Y en este escenario Rafa Nadal es indestructible. El rey del quinto set tensó las esperanzas de Federer durante más de cuatro horas. Pero ganó Federer, ganó el mejor. En el mejor partido que vimos jamás.

El dios del tenis no pudo resistir la tentación y se regaló un último Federer-Nadal en una final de Grand Slam. Una final sin presión, sin nada que perder. En estos años de legendaria y amistosa rivalidad los dos han madurado su tenis. Federer ha sumado agresividad a su elegante juego. Rafa ha mejorado su servicio y tallado un revés consistente para acompañar su liftada ‘derecha’.

Federer mostró sus armas de inicio. Agresividad con su derecha para acortar los puntos, ya que los peloteos ante Rafa siempre le han ido mal. Por eso arrancó dando palos desde el primer juego. Enfrente Nadal poniendo mucho peso a su servicio, variando sus golpes y tratando de alejar a Roger de la línea de fondo. Se conocen demasiado.

Más allá de la legendaria combatividad de Nadal, su capacidad de adaptación y lectura de juego le convierten en un mutante en la pista. Un tenista líquido que se adapta a cada situación de juego tomando siempre la mejor elección y el mejor golpe. Pero hacer eso ante una leyenda como Federer no es sencillo. El suizo no quería pelotear con el manacorí porque Rafa gana peso en cada golpe. Su primera bola es una pelota de tenis, la segunda es un balón medicinal y la tercera, un tanque. Así hasta empujarte fuera de pista y laminarte, al tiempo que te comienza a ganar la batalla psicológica.

Rafa analiza los planes de juego de sus adversarios mientras persigue bolas incansablemente por la pista. Y cuando los descifra, diseña una estrategia de demolición que suele coincidir con las debilidades de los rivales. Por eso Federer mostró su versión más agresiva. Desatado y jugándose un golpe tras otro rompió el servicio de Rafa en el séptimo. El español era incapaz de cuestionar el saque de su rival. 6-4. Diez juegos en 34 minutos. Velocidad express. Dos estilos opuestos. Rafa, centímetro a centímetro. Roger, ódago a órdago.

El segundo set comenzó con Nadal más activo. En el segundo juego, tras dos bolas de break, el manacorí rompió el servicio de Roger. Federer crispaba su tenis cuando Rafa le movía con su derecha paralela. El español había encontrado la fisura y la convirtió en grieta. Nuevo break. 4-0 en 25 minutos. Los juegos se alargaban. Rafa tensaba el partido a Roger. Después de intercambiar servicios, la manga concluyó con 6-3 en 42 minutos.

La igualada impacientó al suizo con errores no forzados al ver cómo Rafa le estiraba sus juegos. El primer juego de la tercera manga se fue hasta los diez minutos. Roger, sin embargo, rompió el segundo juego de Rafa después con golpes majestuosos y se plantó en el ecuador del set (3-0).  El cuarto duró también diez minutos, en lo que Nadal salvó hasta tres bolas de break. Pero Federer pegó y pegó y pegó hasta llevar el set a un concluyente 6-1 en 41 minutos.

Nadal afrontaba el cuarto sin red y con el Roger más agresivo que ha tenido nunca al otro lado de la red. La historia dirá que Federer es el mejor jugador que pisó jamás una cancha. Y también dirá que lo es porque se encontró con un rival que le obligó a serlo. Un zurdo que jamás se rindió, que creció como tenista y cuyo poder mental era descomunal. Y en este final no iba a ser diferente. Un acelerón de Nadal colocó el marcador 4-1 tras romperle el saque en el cuarto juego. Rafa seguía aferrado al partido. 6-3 al final de los 40 minutos de una manga que dejaba la final en el quinto set.

Y en la agonía es donde Nadal se encuentra más cómodo. Federer se fue al baño y Rafa aprovechó para prepararse para la batalla. Geles nutritivos, hidratación y estiramientos para preparar la batalla final. Para empezar, break del español. Para seguir, tres bolas de break salvadas. Rafa comenzaba a ganar la guerra psicológica. Al finalizar el tercer juego el suizo necesitó los cuidados del fisio. Los 35 años pesaban. Pero pesaba más tener a Nadal delante.

En el sexto juego Roger recuperó el servicio perdido rompiendo a Rafa su saque. Lo que acompañó con su juego en blanco. Partido delicioso de dos mitos que no se negaban a perder. Federer se convirtió en un ciclón y enlazó diez puntos seguidos. Palo tras palo. Arriesgando en cada bola. El octavo juego fue clave. Nadal levantó un 0-40 en un juego con intercambios legendarios. Pero Federer se lo arrebató en la cuarta bola de partido. Roger sacaba para ganar el torneo, pero Nadal, en la adversidad, puso el 15-40. Sin embargo, Federer tiró de su saque para conquistar su servicio y con ello el título 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3. Federer a Nadal ganó la final de la finales.

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