LIGA DE CAMPEONES

El ambiente gélido de Varsovia heló el fútbol del Real Madrid (3-3)

Los de Zidane se colocaron 0-2, pero se dejaron remontar el partido y terminaron salvando un punto con un gol de Kovacic. 

Morata, en un duelo de esta temporada.
Morata, en un duelo de esta temporada. EFE

Jugar un partido sin público es una situación extraña. Un silencio inquietante para los dos equipos, sobre todo para los locales, que sin el aliento de su parroquia pierden el fragor doméstico. Si a eso se suma que a los 50 segundos un rival emboca una tremenda volea por la escuadra en la primera aproximación, la situación pasa de inquietante a complicada.

Ambas circunstancias parecían marcar este peculiar partido, que arrancó con un gol esplendoroso de Bale. Un zapatazo que se celebró en el silencio de Varsovia con un Real Madrid de negro enfrentado a un rival de blanco. Zidane propuso un partido de ida y vuelta, un zafarrancho con la BBC acompañada de Morata, pura dinamita. Se ahorraba Zizoutrámites funcionariales en el mediocampo para llevar la pelota rápido arriba.

Al cuarto de hora Bale dispuso de una falta al borde del área que terminó en córner. A la salida del mismo Varane estuvo a punto de hacer subir el segundo gol, pero un defensa polaco evitó el tanto. El clima gélido, ambiental y meteorológico, se calentaba cuando el Real Madrid aceleraba las revoluciones del choque.

Mediada la primera parte el Legia pareció recomponerse, pero sus posesiones no cristalizaban en ocasiones. Pudo el Real Madrid anotar el segundo gol en otro córner, esta vez rematado por Bale. Y una tercera vez con un disparo alto del galés tras un marcharse de un contrario con un control orientado. El partido era plácido para los de Zidane, que paseaba inquieto junto al banquillo con las ocasiones perdidas.

El gélido ambiente de Varsovia más que perjudicar al conjunto local le ayudó a levantar la pesada losa de la desventaja de dos goles ante un rival helado

Y entonces Kovacic encontró un pasillo interior que colocó a Bale ante el portero, pero el galés cedió a Benzema, que marcó a placer. Tranquilidad que duró poco, ya que cuatro minutos más tarde Odjija soltaba un zapatazo que entraba por la escuadra de la portería de Keylor. Al descanso, la superioridad madridista era mayor en el campo que en el marcador. Y eso no gustaba a un Zidane nervioso.

En la segunda parte, el Real Madrid salió parsimonioso, sin subir marchas para desequilibrar a los polacos. Estos se fueron al ataque donde cada intervención de Coentrao era un peligro para los intereses blancos. Realizó una falta al borde del área que Guillherme remató con potencia e intención, pero se marchó por encima del palo de Keylor.

Daba la sensación que la frialdad ambiental comenzaba a pasar factura a los madridistas en el inicio de la segunda mitad. Los delanteros ya no bajaban a ayudar a Kroos y a Kovacic, lo que complicaba la construcción ofensiva. Y ocurrió lo que se veía venir. Una jugada larga terminó con una cabalgada de Radovic, ante la pasividad de los defensores blancos, que vieron como un disparo lejano del jugador del Legia suponía el empate. A Zidane se lo llevaban los diablos en el banquillo.

Pasada la hora el francés aceleró el paso de su equipo con la salida de Lucas Vázquez. El partido estaba abierto, noticia pésima para los del Bernabéu. Y con más necesidad que fe, el Real Madrid aumentó las revoluciones sumando ocasiones por atropello. Dominaban los blancos, esta vez negros, pero las estampidas ocasionales de los polacos llenaban de inquietud el banquillo visitante.

El Real Madrid se había contagiado del gélido ambiente de Varsovia, que más que perjudicar al conjunto local, le ayudó a levantar la pesada losa de la desventaja hasta en dos ocasiones. Sin el acicate del ambiente hóstil y con el marcador a favor, la desidia terminó por helar el fútbol blanco.

Pudo adelantarse el Legia incluso con un disparo del hosco Prigovic que blocó en dos tiempos Keylor. Y el gol acabó llegando en otra contra con los blancos desubicados y Moulin batiendo a Navas. Un gozo local que al minuto quedó en frustración, tras una aparición en el área de Kovacic, muy buen partido el suyo, que acabó en gol del croata. Aún pudo ganar el Real Madrid con un disparo de Lucas que se topó con el larguero. Un final caliente para un partido frío de los de Zidane.

Este decepcionante empate no esconde el problema defensivo del equipo, la incapacidad de Zidane para activar al equipo desde el banquillo y la ansiedad que sigue bloqueando a un jugador fundamental para los blancos como Cristiano. No hubo público y lo pagó el Real Madrid, al que el gélido ambiente heló su fútbol. Al final los de Zidane rescataron un punto que pareciendo una pérdida mayúscula, terminó por convertirse en un mal menor.

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