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Un solitario gol de Bale provoca otro derbi madrileño en la final de Champions

Bale celebra el gol.
Bale celebra el gol. EFE

De inicio, Zidane prefirió la naturalidad de Jesé como ariete al bullicio de Lucas Vázquez, mientras Kroos anclaba el mediocampo blanco en lugar del lesionado Casemiro con Isco creando con Modric. Más posesión en el centro y potencia arriba. En el City, Touré blindaba la medular con Fernando y Fernandinho. Aunque Pellegrini sufrió un contratiempo a los 9 minutos Kompany se retiraba lesionado, siendo sustituido por Mangala. Cristiano no ofrecía buenas sensaciones. Sin capacidad para esprintar ni para soltar un latigazo, se dejaba ver por el área acompañando las jugadas buscando un remate de cabeza o aparecer al espacio, como un 9 clásico. Abandonada la banda, y con Jesé de escudero, dejaban el carril para un Marcelo más pendiente de Navas en los primeros minutos del duelo.

El partido, plácido para el Real Madrid por la falta de intensidad de los ingleses, insinuaba que el gol madridista podía llegar en cualquier jugada por los espacios que encontraban una y otra vez al asomarse al área de Hart. Y ocurrió en el minuto 19, cuando Bale recibió un balón a la espalda de la zaga en la posición de extremo derecho y en lugar de centrar, apoyó su disparo en Fernando, con lo que el balón acabó tocando el palo arriba y entrando en un gol que anestesiaba más aún al indolente City. Kroos oficiaba de Casemiro sin grandes exigencias e Isco, una vez más, mostraba su intrascendencia en una medular que gobernaba Modric.

Mientras Agüero se deseperaba por la incapacidad ofensiva de su trivote, Cristiano administraba con inteligencia sus esfuerzos con paredes en corto y deambulando por el centro del frente de ataque. No hubo señales de De Bruyne hasta los minutos finales del primer tiempo, cuando el ritmo cansino de fútbol diesel de Yaya Touré empujó a los suyos hasta el balcón del área de Keylor Navas. Lo que provocó una ocasión de Fernandinho, que retrató la pasividad madridista con un disparo que rozó la cepa del palo de Keylor Navas. Con los de Zidane contagiados por el trote cochinero inglés mandaba el árbitro a la ducha a los futbolistas.

Nunca ha dejado el Real Madrid de ser favorito en una final, y menos en la de la Copa de Europa. Pero este Atlético es el más fuerte desde que Simeone entrena a los rojiblancos

Comenzó la segunda parte el City con la pelota en los pies, lo que disparaba la imaginación del Real Madrid en los espacios. La tuvo Cristiano, pero falló una volea. A lo que contestó Jesús Navas con una jugada personal, Jesé con un disparo alto y Modric fallando un mano a mano ante Hart. El partido se rompía en la medular y se afilaba en las áreas. Un escenario poco alentador para los madridistas porque los empates dejaban fuera a los de Zidane. Para esta ruleta rusa Zizou tiró de galones en los cambios, dejando en el campo a un lastrado Cristiano y a Bale, para suplir a Jesé por Lucas. Correcalles, idas y vueltas, fútbol inglés... En ese juego, Cristiano, exiliado en el balcón del área del City, pescó un par de balones al espacio probando a un Hart solvente. Llegaba el momento clave del partido y de la eliminatoria. Un gol inglés complicaba las cosas a los blancos y un tanto madridista sentenciaba definitivamente a los citizens. Pellegrini aceptaba el duelo de pistoleros apostando por Sterling, otro jugador efervescente como Lucas.

Dio primero el Real Madrid, con un testarazo de Bale que se topó con la madera a la hora de partido. Segundos después se producía cambio de meritorios en los blancos (entrando James por Isco) y de alfiles en los ingleses (Iheanocho por Navas). El partido entraba en la cuesta abajo con el pase en juego. Los dos querían la pelota lejos de su área, escépticos quizás por su capacidad defensiva. Se mascaba el miedo, la pelota pesaba una tonelada y circulaba a trompicones por el centro del campo. Agüero, desesperado se disfrazó de Messi, retrasando su posición hasta el área de creación cansado de no recibir balones en la de remate. Y tuvo el pase en sus pies en el minuto 88, con un disparo del Kun hijo de la rabia y la frustración. Un disparo con tres dedos que subió para bajar con una velocidad que heló al Bernabéu. La pelota salió rozando el larguero mientras resoplaba Zidane.

El partido acabó muriendo en el área del Manchester. Con un Real Madrid renqueante, esforzado y con mucho oficio. Mención especial para un Cristiano Ronaldo épico que mantuvo su figura amenazante los 90 minutos sobre el campo sin regalar una carrera gratis y ofreciendo un recital de oficio. Y con un City resignado, gris, desesperante. Los blancos jugarán la final con el Atlético, repitiendo lo ocurrido hace dos años en Lisboa. Nunca ha dejado el Real Madrid de ser favorito en una final, y menos en la de la Copa de Europa. Pero este Atlético es el más fuerte desde que Simeone entrena a los rojiblancos. Barcelona y Bayern han quedado en el camino.Ahora se medirán a su rival enemigo, a su enemigo más feroz, a su víctima más apetitosa. Hay final de Champions. Otro derbi castizo. Atlético-Real Madrid. El 28 de mayo. El San Isidro futbolero.   

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