Violencia en el fútbol

Matones, verduleras y demás papás y mamás cafres que pululan por los campos de España

Catálogo de indeseables cuya actitud violenta provoca vergüenza ajena cada fin de semana.

Pancarta desplegada por jugadores de fútbol base de Cartagena.
Pancarta desplegada por jugadores de fútbol base de Cartagena. barbadasbase.blogspot

El padre cabestro y la madre descerebrada no fallan nunca. De lunes a viernes ejercen de personas normales, incluso "modélicas", y cuando llega el fin de semana acuden puntualmente al campo de fútbol de turno -quizás amorosamente cogidos de la mano- para ver jugar a su hijo y desplegar su bochornoso repertorio de zafiedad.

En las gradas y en las bandas de los modestos recintos deportivos de cualquier municipio de España tienen lugar comportamientos reprobables de diferente índole. Sus protagonistas conforman un catálogo de personajes monstruosos que, por lo general, suelen representar delante de sus hijos varios de los miserables papeles que se describen a continuación:

Entrenador frustrado

De camino al partido ya brota el primer personaje de esta sonrojante lista. Que sería el menos malo, incluso inofensivo, si no fuera por su habitual tono agresivo. Este individuo, casi siempre del género masculino, cree saber más que el entrenador de su hijo, así que desde que amanece el día le va dando instrucciones sobre lo que debe o no debe hacer en el campo.

Luego, durante el juego, no para de vocear sin rubor esas órdenes. Por supuesto, a estos listillos les da igual volver locos a sus hijos, quienes se ven en la tesitura de atender al técnico que les enseña durante la semana o hacerle caso al cenutrio que les engendró y con el que conviven a diario.

Verduleras y matasietes 

Insultan a todo lo que se mueve. Preferentemente, al árbitro. Da igual que en las categorías inferiores los colegiados sean cada vez más jóvenes, casi unos críos.

Estos padres, y muchas madres, cuestionan las decisiones arbitrales desde el minuto 1. Y no son simples protestas. Las barbaridades que salen por sus bocas son irreproducibles sin sentir vergüenza ajena. Insultos de todos los calibres y amenazas burdas que, como es evidente, también llegan a los inocentes oídos de los niños y jóvenes deportistas.

Faltones profesionales

Meterse con el árbitro es inadmisible, pero algunos y algunas necesitan vomitar sus frustaciones y complejos sobre alguien más. No les basta con humillar al colegiado. La toman con el entrenador y los jugadores rivales, sea cual sea su edad.

Empiezan afeando un planteamiento táctico, una actitud "agresiva" del equipo, protestan a voz en grito casi todas las faltas, insultan a algún niño o joven... y de ahí a la pelea sólo hay un paso.

Matones

Cuando esa agresividad contrapuesta confluye y la tensión se desborda, cualquier detalle provoca la chispa. Y un gesto, un empujón o similar hace saltar al matón de turno, que pasa de las palabras a las manos.

Lo que desconoce ese chulo es que a su alrededor hay pendencieros de idéntica calaña. Bravucones cuyos cerebros son incapaces de asimilar que sus niños ni son ni serán nunca estrellas del fútbol. Ni saben ni quieren saber que sus vástagos son benditos tuercebotas cuya única aspiración es divertirse con sus amigos corriendo detrás de un balón.

Con el ejemplo que maman cada fin de semana, a lo más que llegarán es a convertirse dentro de unos años en padres cafres de niños futbolistas. A imagen y semejanza de sus impresentables papá y/o mamá.



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