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La noche que Iniesta hizo de Xavi y Zidane a un tiempo

El manchego justificó su brazalete con un partido descomunal y levantando la Copa, su título número 28 con el Barcelona.

  • Andrés Iniesta rodeado de jugadores sevillistas.
    Andrés Iniesta rodeado de jugadores sevillistas. EFE
  • Iniesta marcado de cerca por Coke durante la final.
    Iniesta marcado de cerca por Coke durante la final. EFE
  • El manchego se dirige al árbitro tras una decisión.
    El manchego se dirige al árbitro tras una decisión. EFE
  • Iniesta junto a Busquets celebrando el título.
    Iniesta junto a Busquets celebrando el título. EFE
  • Andrés levanta la Copa de campeón.
    Andrés levanta la Copa de campeón. EFE
  • Iniesta posa con la Copa tras finalizar el partido.
    Iniesta posa con la Copa tras finalizar el partido. EFE

No es fuerte ni alto ni rápido. No es un tipo carismático ni siquiera un competidor feroz. Sin embargo, no hay mejor sitio para esconder la pelota cuando el partido huele a napalm que en los pies de este extremo enclenque que llegó a los 12 años a La Masia. Con su escaso 1,70 y sus menos de 70 kilos ayer se plantó en la medular cuando el Barcelona se quedó en inferioridad por la expulsión de Mascherano. Con Busquets reculando para ayudar a Piqué, Iniesta lució brazalete con una personalidad como nunca antes lo había hecho. Rodeado de gigantes como Krychowiak o Iborra, Iniesta se disfrazó de Xavi y Zidane a un tiempo.

Elegante en sus movimientos, genial en sus maniobras, decisivo en su aportación cuando el equipo más necesitaba su pausa. Andrés tiene el don de hacer del fútbol algo simple y de una plasticidad que le eleva al escalafón de jugadores de extrema exquisitez como Zidane, Pirlo o Sócrates. El partido de anoche de Iniesta fue mayúsculo. Quizás su partido más protagónico, más allá de la final del Mundial y su histórico gol ante Holanda. Si Romario era un jugador de dibujos animados, Iniesta lo es de videoconsola.

La marcha de Xavi ha operado un cambio evolutivo en la sala de creación del Barça. Messi ha retrasado su posición y se ha tomado una excedencia como goleador, asumiendo el rol de asistente. A su lado Andrés ha dado un paso en la elaboración estrechando su relación con Busquets. Iniesta ha pasado de extremo a arquitecto. Su peso específico ha aumentado exponencialmente en el juego azulgrana porque ahora pide más la pelota, manda más, habla con los árbitros y es más temido y respetado por los rivales, si eso es posible. No por nada le decía a Lu Martín en El País: "Este año me lo he pasado muy muy bien".

Anoche el genio de Fuentealbilla dibujó el partido perfecto. La final de las esteladas se convirtió en la final de Iniesta. Cambió la política por fútbol. Apareció para catalizar el juego cuando más lo necesitaba su equipo. Desatascó el juego culé en la medular cuando más sufrían sus compañeros, templó y mandó con el balón en los pies cuando más quemaba la bola y acabó alzando el trofeo de campeón de Copa ante Felipe VI. Todo en presencia de un Del Bosque que ha inaugurado el estado de optimismo de cara a la Eurocopa con esta versión mejorada y evolucionada de Iniesta. Además de un Busquets y un Piqué titánicos. Andrés Iniesta Luján, un jugador de leyenda, 28 títulos con el Barcelona. Contaremos que lo vimos jugar...


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