Democracia y mercado

El agosto de la anticipación

Agosto, mes de siesta mediática. De sopor en el telediario. De serpientes estivales. Pero este año la aparente tranquilidad esconde una ansiedad política contenida. Una expectación inédita. Es la proverbial calma que precede a la tempestad. Porque de septiembre a noviembre, diciembre o incluso enero si así lo decide nuestro Presidente España se meterá en una espiral que nos dejará un país irreconocible. No me refiero necesariamente a las elecciones, los votos y sus resultados. Lo realmente importante, y también impredecible, es lo que vendrá justo después. Porque nos encontramos al mismo tiempo ante un profundo cambio en el sistema de partidos y un reto sin parangón para la estructura territorial. La forma en que uno se resuelva afectará al otro, y viceversa. De ahí la dificultad para realizar predicciones.

Ahora mismo, las encuestas nos empujan a esperar la no-suma, esto es: ni el bloque de centro-derecha (PP+Ciudadanos) ni el de centro-izquierda (PSOE+Podemos) obtendrían suficientes votos como para agregarse en mayorías absolutas fáciles

Aprovechemos el siesteo y las recientes encuestas para dibujar escenarios posibles. Vayamos por orden. Esencialmente, el 27 de septiembre pueden suceder tres cosas en Catalunya. Primero, tal vez las candidaturas pro-independencia obtienen más de la mitad de escaños, pero también de votos. Según la mayoría de sondeos, esta es la situación menos probable. Más plausible es la segunda opción: que, gracias al pequeño ‘premio’ del sistema electoral, el ‘sí’ obtenga una mayoría de escaños sin que ésta se haya producido en votos. La tercera opción (no se llega a ninguna mayoría) tampoco es descartable. El efecto de cada alternativa en las posibilidades que se abrirán tras las elecciones generales es considerablemente distinto.

Ahora mismo, las encuestas nos empujan a esperar la no-suma, esto es: ni el bloque de centro-derecha (PP+Ciudadanos) ni el de centro-izquierda (PSOE+Podemos) obtendrían suficientes votos como para agregarse en mayorías absolutas fáciles. No, no disponemos de estimaciones de escaños, pero los porcentajes son tan bajos que es posible mantener tal afirmación con cierta seguridad. Así las cosas, las posibilidades de investidura serían: (Pequeña) Gran Coalición PP+PSOE; alguna combinación de los cuatro (PP, PSOE, C’s; PSOE, C’s, Podemos); o una pareja de los cuatro nacionales más los partidos nacionalistas.

La falta total de mayoría del “sí” (el tercer escenario post-27S) deja en una posición más bien difícil a los partidos pro-independencia. Su hoja de ruta hacia la secesión no podría salir adelante en el Parlament. Por tanto, si no quieren salir de todo esto con las manos vacías deberán pensar en llegar a algún tipo de acuerdo con Madrid. Esto será difícil para CDC, pero sobre todo para una ERC cuya base electoral es fuertemente independentista. Pueden intentar romper la baraja y forzar una nueva convocatoria (“repetir hasta que salga lo que queremos”), pero no está nada claro cómo o por qué el resultado sería distinto, o quién querría embarcarse en esta aventura. Así las cosas, el heterogéneo bloque nacionalista tendrá bastante que decir en Madrid, y coaliciones pro-reformistas serán factibles. El PSOE y Podemos juegan con cierta ventaja, pero si el cambio esperado se eleva al rango de constitucional la otra parte del espectro deberá estar representada.

El plan por la independencia catalana sería viable en el Parlament, pero no está nada claro que los moderados de CDC se sientan cómodos llevando adelante una secesión sin contar con un mandato claro

Si, por contra, el “sí” obtiene mayoría de escaños (como muchos esperan y varias encuestas apuntan hoy por hoy), el asunto se complica bastante. El plan por la independencia catalana sería viable en el Parlament, pero no está nada claro que los moderados de CDC se sientan cómodos llevando adelante una secesión sin contar con un mandato claro. Las malas lenguas dicen que esto daría una bonita excusa a Mas para entonar un “ho hem intentat, no ha pogut ser” y avenirse a tratos con las fuerzas unionistas, lo que nos colocaría en la situación descrita en el párrafo anterior aunque con un poder de negociación mucho mayor para los nacionalistas. Esto es: reforma constitucional. Pero claro, sería muy, muy complicado para Convergencia justificar ante (la mayoría de) sus ilusionados votantes que ni siquiera van a probar a ver qué pasa. Es muy posible que ERC decidiese romper amarras esperando un importante beneficio electoral al convertirse en el único gran partido pro-independencia. Anticipando todo ello, CDC tiene pocos incentivos para bajarse del carro, al menos en un primer momento.

Porque claro: el plan secesionista no es inmediato, y a lo largo de 2016 y 2017 habrá varios momentos en los que Mas y los suyos podrían forzar la máquina o salirse por la tangente. Eso quiere decir que cualquier equilibrio de gobierno (“coalición” es tal vez una palabra demasiado seria para el batiburrillo que se armaría entre abstenciones y apoyos tácitos para Presupuestos y otras leyes fundamentales) forjado en Madrid desde el próximo enero pasará por varias pruebas de fuego que puede aguantar o no. Pongamos que se forma un acuerdo del tipo PSOE-Podemos-C’s. O PSOE-C’s-PP. Con los nacionalistas catalanes fuera, decididos a llevar adelante su proyecto secesionista. Pero en cierto punto una parte se aviene a negociar una reforma hacia principios de 2017. Qué pasa con Ciudadanos, o con el actual PP de pulsión netamente centralista, ante tal oferta. Qué otros acuerdos pueden formarse en el Parlament de ese mismo año si los diputados de ERC deciden ‘romper’, para evitar elecciones anticipadas en Catalunya y favorecer algún tipo de acuerdo entre Barcelona y Madrid.

Algunos reclamarán lo suyo. La Comunidad Valenciana, por ejemplo, lleva mucho tiempo quejándose casi en bloque de la infra-financiación que sufre bajo el actual sistema. Otros exigirán que la asimetría no sea excesiva, injusta, desequilibrante

A todo esto, qué pensarán vascos, navarros, canarios, cántabros, valencianos en cualquiera de los escenarios mencionados. Algunos reclamarán lo suyo. La Comunidad Valenciana, por ejemplo, lleva mucho tiempo quejándose casi en bloque de la infra-financiación que sufre bajo el actual sistema. Otros exigirán que la asimetría no sea excesiva, injusta, desequilibrante. Como ya lo hacen hoy en día. Creo que fue Pablo Simón quien dijo el otro día en Twitter que la auténtica oposición al independentismo catalán no estaba en Madrid, sino en La Rioja. Razón no le faltaba, y lo veremos en los próximos dos o tres años como nunca antes.

Ven. Ya nos hemos salido de agosto por completo. La anticipación nos adentra en un torbellino de posibilidades del que es difícil ver el final. Quien diga lo contrario, o miente o tiene demasiada confianza en su propio juicio. Sencillamente, hay demasiadas variables en juego. Pero no podemos evitar anticipar. De hecho, planear es en gran medida lo que nos hace humanos. La verdad, les dejo para echarme una siesta de ésas de hamaca y novela. Creo que me ha entrado dolor de cabeza.


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