OPINIÓN

Por qué me postulo a ser presidente de Ciudadanos

En España, más de ocho millones de personas votaron cambio y once millones se quedaron en su casa. Sin embargo, está gobernando un partido que sacó menos votos que el primer dato, y que apunta claramente con sus actos a no cumplir los pactos fundamentales firmados con Ciudadanos.

Barcelona es una de las posibles sedes para la IV Asamblea General de Ciudadanos.
Barcelona es una de las posibles sedes para la IV Asamblea General de Ciudadanos. Beatriz Calcagno / C's

Hoy, contamos con la presencia de Juan Carlos, postulante a la presidencia de Ciudadanos. Nos recibe en su despacho para responder a nuestras preguntas.

—Juan Carlos. Muchas gracias por recibirnos. Es toda una sorpresa poder entrevistar hoy a una persona que se postula a la presidencia de Ciudadanos. Díganos. ¿Por qué lo hace?

—Estimado Javier. Muchas gracias a usted. Lo hago porque España es un país formidable, con una historia maravillosa de cultura, de creación, de innovación y de continuidad de proyectos. Sin duda, es el país más inteligible de Europa y probablemente del mundo. Lo que ocurre es que la gran mayoría de los ciudadanos se empeñan en no entenderlo. Yo quiero hacer que lo entiendan y lo crean, sin ningún género de dudas.

—Pero. ¿Esto no lo está consiguiendo Ciudadanos?

—Es evidente que no. Los votos y apoyos obtenidos son la prueba fehaciente. Un país sumido en la corrupción, que ha sido, y sigue siendo, devastado por socialistas, populares y nacionalistas desde hace décadas, sigue votándolos de forma importante, cuando en una situación racional, habrían desparecido.

—No obstante, su partido ha hecho progresos importantes. Puede que, en un futuro a largo plazo, alcance ese objetivo. Las encuestas le dan subidas de entre 2 y 3 puntos. 

—O puede que seamos nosotros los que desaparezcamos antes. No podemos ser ingenuos. Ellos tienen a su disposición los medios de comunicación y el poder financiero. Nos desprecian, nos consideran un cuerpo extraño. En el momento que puedan nos pisotearán sin piedad como a una colilla para conservar su estatus privilegiado.

—¿Cómo pretende usted cambiar la mentalidad de la gente para que voten a Ciudadanos?

—Permítame citar lo que dijo uno de los más temibles enemigos que ha tenido nunca nuestro país a lo largo de la Historia, Napoleón Bonaparte: “Los españoles todos se comportaron como un solo hombre de honor. Enfoqué mal el asunto. La inmoralidad debió resultar demasiado patente. La injusticia demasiado cínica y todo ello harto malo, puesto que he sucumbido”. Si fuimos capaces de eliminar a un enemigo tan poderoso, podremos hacerlo con ellos. Por la vía democrática, naturalmente.

—Continúe, por favor.

—Vamos a hacer saber día a día a los ciudadanos, que el poder que los gobierna es vejatorio y destructivo para su identidad como individuos y como españoles. Insistiré en ello hasta que los más inconscientes aprendan a ver las cosas desde este punto de vista y no desde el de sus maltratadores.

—Esa labor es muy complicada. ¿De qué recursos dispondría?

—De las decenas de miles de afiliados y simpatizantes del partido. Esta es la gran fortaleza de Ciudadanos. Nuestro equipo rebosa talento y determinación por los cuatro costados, pero hoy, en mi opinión, las agrupaciones están desmotivadas y desorganizadas. Nuestro equipo, bien organizado, dotado de herramientas adecuadas y cediéndole la iniciativa, es imparable. La gente sentirá nuestro aliento hasta en el lugar más recóndito de España. En resumen, nos integraremos y seremos parte de la sociedad civil.

—¿Qué opina de sus adversarios? ¿Los otros partidos?

—Ellos no son organizaciones de una sociedad civil independiente, con conciencia de libertad frente al Estado. Su labor está limitada a lo que se les permite hacer en el campo parlamentario y poco más. El “político profesional” poco puede hacer, puesto que está desconectado por completo de los intereses de sus votantes y del resto de la población, por mucho que intente evitarlo. Se presentan como partidos de masas que actúan como un bloque de fuerzas unificadas por intereses comunes. Pero eso, en realidad, es falso. Son tan sólo un aparato del Estado, que mueve clientelas que fingen una espontaneidad de movimiento social que no tienen.

—¿Comparte usted los pactos de investidura que han firmado con socialistas y populares? Me refiero, en concreto, al gobierno de España, Madrid y Andalucía.

—Entiendo y respeto a mis compañeros de la ejecutiva. Sus decisiones eran muy difíciles. Yo, honestamente, nunca hubiera permitido gobernar a los mayores focos de corrupción del país.

—Pero, ellos ganaron las elecciones en sus respetivos feudos. ¿No es legítimo que sean los que gobiernen?

—En absoluto. En una democracia real, donde hubiera un sistema electoral representativo, con diputados de distrito, y dónde se eligiera al presidente del gobierno, nacional o regional, por sufragio universal a doble vuelta, ninguno de ellos hubiera ganado. No obstante, las reglas son las que son, y hay que respetarlas, en tanto no se cambien. En resumen, hay fórmulas para llegar a acuerdos. No podemos olvidar que en España más de ocho millones de personas votaron cambio y once millones se quedaron en su casa. Sin embargo, está gobernando un partido que sacó menos votos que el primer dato, y que apunta claramente con sus actos a no cumplir los pactos fundamentales firmados con mi partido.

—¿Qué hubiera hecho usted, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid?

—En Madrid hubiera exigido a Cristina la presidencia. Recuerde que Esperanza la ofreció en la ciudad de Madrid. Después, tras tres años de gobierno con el mejor equipo posible, eligiendo a los mejores y no a los amigos, habiendo saneado toda la administración de gasto inútil y enchufados para obtener superávit, corregido deficiencias a nivel educativo, sanidad e infraestructuras, promovería la aprobación en la Asamblea de una ley electoral representativa y disolvería las cámaras para convocar elecciones con un sistema representativo real, que serviría de precedente para el resto de España.

—Y entonces ¿Cómo pretende vencerles?

—Ciudadanos es la mejor noticia en la política española en mucho tiempo, salvando lo presente (o pasado) de UPyD. Para ganarles en su propio campo de batalla, nos organizaremos desde la base, pero no como otro partido estatal más con ambigüedades, sino como un gran movimiento de masas desde la propia sociedad civil. No sólo jugaremos al juego parlamentario. Impondremos nuestras propias reglas al margen de esa falsa representación parlamentaria. Ello significa, literalmente, atrevernos a tomar la calle pacíficamente. Haremos ver a la multitud reunida que su identidad española es real, viva y combativa, frente a los que están devastando su país y sus vidas. Siendo veraces y consistentes, no tengo ninguna duda de que obtendremos la confianza de la mayoría de la sociedad española.

—No obstante. Su partido se posiciona en el centro político. ¿Es posible ganar las elecciones desde esa posición?

—Naturalmente que no. Hay ejemplos conocidos que lo demuestran. Las personas que están en el centro político solían ser las que decidían cuál de los dos partidos del sistema gobernaba. Como ya le he dicho, Ciudadanos será parte de la sociedad civil, y eso nos dará la victoria aplastante, ya que movilizaremos a gran parte de los más de 11 millones de abstencionistas. Ese es el verdadero objetivo. Déjeme que le ponga un ejemplo. Según los servicios de estudios del partido, el municipio más “afín” a Ciudadanos es Las Rozas de Madrid. Pues bien, en Las Rozas obtuvimos el 26J unos 12.000 votos, los mismos que en el distrito de Puente de Vallecas, donde nuestra agrupación apenas tiene medios y sufrió ataques en plena calle.

—Supongamos que consiguen ustedes todo eso. ¿Y luego qué?

—Como antes le decía, convertiremos a España en una democracia real. Primero, sacaremos a los partidos de la estructura del Estado para llevarlos a la sociedad civil. Segundo, cambiaremos la ley electoral para elegir los diputados por distrito, con elección del presidente del gobierno por los ciudadanos a doble vuelta. Tercero, culminaremos la separación de poderes con la elección de los miembros del poder judicial. Cuarto, eliminaremos la “industria política” para hacer entrar a España en superávit presupuestario, pararemos la emisión de deuda indiscriminada que nos esclaviza y reduciremos considerablemente la carga fiscal bajando impuestos. Créame, tengo las cuentas bien hechas. Quinto, homogeneizaremos los derechos y obligaciones en todas las comunidades autónomas para que todos los españoles sean tratados por igual sin excepción independientemente donde vivan. Sexto….

—Un momento. Creo que olvida usted que nuestro sistema es una monarquía parlamentaria.

—No creo que el poder se herede en los genes. Eso es algo que, tarde o temprano, a los ciudadanos nos tocará decidir si seguimos o cambiamos, al igual que ocurrió en los países de nuestro entorno. 

—Bien. Tenemos que ir terminando. ¿Tiene ya un equipo que le acompañe? Tengo entendido que, según los estatutos de su partido, necesita presentar una lista de al menos veinte personas.

—Efectivamente. Estamos trabajando en ello. Por favor, comprenda que es fundamental formar un equipo sólido y comprometido. Si no lo consiguiéramos hoy, volveremos cuando sea un hecho. No me importa si es en la próxima Asamblea. Naturalmente, aquellos compañeros y compañeras que se sientan identificados con este proyecto, son bienvenidos.

—Muchas gracias por su tiempo y por habernos concedido esta interesante entrevista.

—Muchas gracias a usted y a su medio por darme la oportunidad de exponer este proyecto. Hasta pronto.

PD: Quiero agradecer especialmente a todos aquellos amigos, afiliados y seguidores, que me han ayudado en las reflexiones que han dado origen a esta redacción. A todos ellos, les dedico el tema de Pink Floyd “On The Turning Away” https://youtu.be/GZLuDvN7W0c


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