OPINIÓN

La debacle de la universidad española

La degradación del nivel docente y de la exigencia académica en España ha sido exponencial. El resultado, centenares de miles de universitarios desubicados y desempleados, un gasto universitario desorbitado y mal gestionado, y, la humillación de tener a la primera universidad española en el puesto 239.

La debacle de la universidad española.
La debacle de la universidad española.

Veinte años han pasado desde que dejé la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Tras terminar los estudios y pasar algún tiempo en departamentos de innovación, a alguien se le ocurrió que podía incorporarme a la ya extensa plantilla docente como profesor ayudante.

Afortunadamente Rosa, mi “madre académica” y una de las grandes catedráticas de la Universidad, me dijo: “Juan Carlos, esto no es para ti, tu sitio está ahí fuera, donde la sociedad podrá aprovechar tu talento y tú mismo te desarrollarás como persona” .

En ese momento, supe comprender perfectamente el mensaje que mi querida profesora me estaba transmitiendo. La debacle de la universidad española había comenzado

Sin duda fue el mejor consejo que me han dado en mi vida, y seguirlo, la mejor decisión. En ese momento, supe comprender perfectamente el mensaje que mi querida profesora me estaba transmitiendo. La debacle de la universidad española había comenzado.

A comienzos de los años 90, la UPM era considerada una universidad de élite. En ella se impartían las carreras técnicas relacionadas con todas las materias objeto de innovación tecnológicas que constituían un elemento estratégico para el país. Me estoy refiriendo a las ingenierías, la informática, el desarrollo industrial y las telecomunicaciones.

Los alumnos sabíamos que muchos de nuestros docentes eran las más importantes personalidades de cada materia, habiendo forjado su conocimiento en la “experiencia de las trincheras”, lo que garantizaba, en la mayoría de los casos, una enseñanza exigente y de calidad. Para la mayoría de ellos, era un privilegio impartir las materias a las que habían dedicado gran parte de su vida.

Asimismo, su titularidad pública permitía que los mejores expedientes académicos pudieran acceder a sus estudios, independientemente de la situación económica de las familias, con el objetivo de formar a los mejores en esas áreas estratégicas. El nivel era muy alto, y las universidades privadas estaban muchos escalones por debajo, recogiendo en la mayoría de los casos a expedientes más humildes cuyas familias podían pagar los gastos relacionados con una educación privada.

Las Universidades habían caído en las garras de las Comunidades Autónomas y los sindicatos comenzaban a agrandar sus despachos en detrimento de los espacios docentes

Sin embargo, en mi etapa de alumno ya noté que algo estaba cambiando. Las Universidades habían caído en las garras de las Comunidades Autónomas y los sindicatos comenzaban a agrandar sus despachos en detrimento de los espacios docentes.

El nepotismo y el clientelismo empezó a proliferar de forma exponencial. Los efectos devastadores de los cambios introducidos en la Ley de la Función Pública llegaron con toda su fuerza a la Universidad española, todo ello cuidadosamente camuflado por un falso halo democrático con la creación de las Juntas de Escuela y los Consejos de Departamento, donde incomprensiblemente tenían representación todos los actores del entorno universitario.

De repente, empezaron a contratar profesores cuya principal virtud era el parentesco, la afinidad sindical y política. La experiencia y conocimiento de esta nueva plantilla docente era muy pobre, lo que empezó a degradar el nivel académico. Se creaban plazas a diestro y siniestro, primero en modo interino o asociado, que en pocos meses se convertían en fijas mediante el sesgo de la modalidad concurso-oposición. Yo mismo estuve a punto de engrosar esa plantilla de docentes inexpertos.

De repente, empezaron a contratar profesores cuya principal virtud era el parentesco, la afinidad sindical y política

Lamentablemente, esta situación se extendió con el paso de los años por todas las universidades públicas en España, en beneficio de las universidades privadas, que empezaron a recoger a los mejores docentes que en modo alguno compartían este nuevo escenario, provocando la grave desigualdad que supone que hoy, sólo las familias con recursos económicos puedan acceder a una enseñanza de mayor calidad, pero que en ningún caso iguala a la que llegó a tener la universidad pública.

Por otro lado, fruto de las infames y continuas modificaciones de las Leyes Orgánicas de Educación, dónde se ha sustituido la enseñanza de calidad, la disciplina y el compañerismo, por el “aquí todo vale” con tal de que los alumnos aprueben a costa de ser unos analfabetos funcionales y puedan acceder a una masa de estudios universitarios que en ningún modo son necesarios, las Comunidades Autónomas comenzaron a conceder innumerables licencias de apertura a Universidades salidas de la nada, llenando los campus de nuevos docentes inexpertos e indocumentados cuyo principal valor era ser pariente, amigo o correligionario del político o sindicalista de turno.

Desde entonces, la degradación del nivel docente y de la exigencia académica en España ha sido exponencial. El resultado, centenares de miles de universitarios desubicados y desempleados, un gasto universitario desorbitado y mal gestionado, y, por último, la humillación de tener a la primera universidad española en el puesto 239 del Academic Ranking of World Universities.

Por cierto, que la que fuera en su día una de las universidades tecnológicas más importantes del mundo, la UPM, hoy figura en el ranking ARWU cerca del puesto 700. Realmente deplorable. No hace mucho que un director de escuela me invitó al salón de actos a una entrega de premios. El frío calaba los huesos. Le dije:

—¿Por qué hace tanto frío aquí?

—¡Calla Juan Carlos! No tenemos dinero ni para gasóleo. Siento vergüenza de que los alumnos tengan que vestir los abrigos en las aulas.

El daño provocado a las generaciones de jóvenes y a la economía del país es irreparable

En esto es en lo que han convertido los diferentes gobiernos del PSOE y del PP a la universidad española. El daño que están provocado a las generaciones de jóvenes y a la economía del país es irreparable, siendo esta una de las principales causas de que hoy España sea un país súbdito de sus “socios” creando empleos tercermundistas y promoviendo una sociedad cuyos valores se están extinguiendo de forma alarmante.

Desde mi partido debemos revertir inmediatamente esta situación. Para ello nos han votado. Espero que nuestro grupo parlamentario en el Congreso se encargue de desarrollar e instaurar, como es nuestro compromiso, un modelo que devuelva a España a la élite académica mundial.

PD: Hoy les dedico el tema “Rock Me Amadeus” de Falco

https://youtu.be/Wo4pdhKL4b4


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba