OPINIÓN

Recuerden: debemos cambiar la Ley electoral

La actual ley electoral que tenemos en España es un auténtico despropósito. Por citar algunas “deficiencias”, su proporcionalidad es cuestionable, por no hablar del desigual coste de votos para obtener un escaño. Premia el bipartidismo y en absoluto es representativa.

Un hombre deposita su voto en una urna.
Un hombre deposita su voto en una urna. EFE

El pasado 9 de agosto de 2016, el partido naranja impuso, al partido azul, seis condiciones imprescindibles para empezar a negociar el apoyo a la investidura. Una de esas seis condiciones, citaba textualmente: “Se aprobará una nueva ley electoral, con desbloqueo de listas, fin del voto rogado en el extranjero y modificación del peso relativo de cada voto en el reparto de escaños”.

A muy pocos ciudadanos les pasa desapercibido que la actual ley electoral que tenemos en España es un auténtico despropósito

Hasta la fecha, a muy pocos ciudadanos les pasa desapercibido que la actual ley electoral que tenemos en España es un auténtico despropósito. Por citar algunas “deficiencias”, su proporcionalidad es cuestionable, por no hablar del desigual coste de votos para obtener un escaño. Premia el bipartidismo y en absoluto es representativa, ya que lo que se votan son listas cerradas creadas por el jefe político de turno donde los miembros de la lista ni siquiera viven en la circunscripción. Vamos, ¡que no los conoce ni Dios!   

Con el objeto de poner en marcha la toma en consideración de la modificación de la ley, el Congreso pretende poner en marcha una Comisión que trate este controvertido asunto.

Pues bien, para ir preparando el terreno, se produce una reunión informal entre los portavoces de los principales partidos. Cada uno de ellos, va a ir poniendo sus preferencias de manifiesto, para ver si entre todos, llegan a un consenso. Veamos el resultado de la cita. Acuden a la reunión el portavoz azul, rojo, morado, naranja, separatista del este, separatista del norte y un consejero independiente, experto en sistemas electorales y destacado miembro de la sociedad civil.

Abre la tanda de intervenciones, el portavoz azul:

—Buenos días a todos. No entiendo muy bien el objeto de esta cita. La ley electoral española es proporcional, representativa, y un ejemplo para el mundo. No debemos variarla ni un ápice. España tiene en estos momentos retos más importantes que debatir. Por supuesto, lo que no vamos a aceptar bajo ningún concepto, es establecer una circunscripción única. Eso, nos haría perder 18 escaños. 

—Estoy de acuerdo —señala el portavoz rojo. Tampoco pretendamos convertir esto en un sistema representativo parecido al inglés o al francés. Imaginen ustedes, los morados, apenas tendrían algo más de 50 escaños. Y respecto a ustedes, los naranjas, no tendrían ninguno. ¿Es eso lo que quieren?

—Nosotros, no vamos a discutir el modelo proporcional —interviene el portavoz morado. Sin embargo, creemos que es necesario establecer la circunscripción autonómica. De esta forma, nuestro partido estaría correctamente representado respecto a los votos.

—Espero que entiendan ustedes que, nuestro partido, ha necesitado casi el doble de votos que los suyos para obtener un escaño. Esto, es inadmisible y discriminatorio. Además, las listas deben ser abiertas, dónde cada ciudadano elija a su representante. Nosotros, desde el partido naranja, entendemos que lo más adecuado es implantar un sistema electoral de doble lista desbloqueada para la elección uninominal y proporcional de ámbito territorial y nacional, respectivamente.

—Esta conversación, es una consecuencia más de la nefasta gestión del estado español —señala el separatista del norte. Ustedes, los rojos y azules, nunca han querido, ni sabido, comprender la realidad de las naciones que componen el territorio. En nuestra opinión, la única reforma que debe hacerse es establecer un reparto de escaños provincial más ecuánime en función de la población. No es de recibo que, en Soria, con poco más de noventa mil habitantes, haya dos escaños, y en Vizcaya, con más de un millón cien mil, sólo tengamos ocho.

—Coincido con el análisis del separatista del norte. Sin embargo, nosotros, los separatistas del este, no reconocemos la soberanía del estado español, y, por lo tanto, tampoco su ley electoral. Si bien, debemos mantener nuestra representación en sus Cámaras para completar el proceso de desconexión que hemos iniciado, y que culminará, sin remedio, con nuestra esperada independencia de este estado saqueador y opresor.

A continuación, toma la palabra el consejero independiente:

—Estimados amigos. Deduzco, por sus declaraciones, que no han detectado el problema que tienen en su esencia. Ustedes, creen, o hacen creer a la sociedad, que España es una democracia, pero lamento decirles, que no es así.

—¡Cómo se atreve a decir tal cosa! Con lo que ha costado que en España que tengamos una democracia ejemplar —espetan el portavoz azul y rojo al unísono.

—Por favor. No se alteren. Para empezar, en una democracia hay separación de poderes ejecutivo y legislativo. En España, esa situación no existe. Ustedes, hacen creer a los votantes que hay libertad. Pero, ¿qué libertad es esa, que sólo permite votar a partidos cuyas listas de candidatos son impuestas, los elegidos están sujetos a la disciplina de partido y los electores carecen de la posibilidad de removerlos? ¿Qué democracia es esa, que consiente que el poder ejecutivo sea elegido por el legislativo en lugar de por sus ciudadanos, mediante la artimaña antes citada? Eso, señores portavoces, no es separación de poderes. Es un engaño, cuya finalidad parece perseguir que el país sea dirigido por una oligarquía dirigente, la de los partidos, en lugar de por los ciudadanos, que es dónde debe residir la soberanía.

Los portavoces naranja y morado asienten con la cabeza, mientras el consejero continúa:

—Para empezar, su sistema no es representativo, porque los diputados no pueden defender los intereses de quiénes los votan, ya que, en lugar de estar bajo el mandato imperativo de sus votantes, lo están bajo el del jefe de partido que hace las listas. Pero, es que, tampoco es proporcional, ya que, como hemos podido comprobar, a unos partidos les cuesta el doble obtener un escaño que a los otros en las mismas condiciones, y la distribución de escaños en las circunscripciones no sigue ninguna lógica que ayude a establecer una correcta proporcionalidad.

—¿Qué le parece el modelo alemán? —pregunta el portavoz naranja

—¡Cuidado! El modelo alemán es un sistema oligárquico encubierto, que, en definitiva, acaba siendo igual que el español. La razón es sencilla. El votante, tiene la sensación de que vota “representantes” y “proporcionalidad” porque tiene que hacer dos votaciones, una personal a un representante de distrito y otra general al partido. Sin embargo, al final le otorgan al partido el número de escaños restante en función de la proporcionalidad para completar la Cámara, por lo que el resultado acaba siendo en mismo. Los partidos monopolizan la Cámara y los diputados “representantes” no tienen relevancia.

—¿Qué le parece el actual sistema, pero, con listas abiertas? —pregunta el portavoz morado.

—Es otra solución engañosa. En definitiva, el elector toma un “papel del partido” donde aparece una lista de personas, puestas por el jefe del partido, a los que usted tiene que tachar con una X a cuál elije, y a los cuáles tampoco conoce nadie. ¿Cuál es la diferencia?

—¿Cuál es el sistema electoral que usted cree que es más adecuado? —pregunta el portavoz rojo.

—Aquél que preserve la separación de poderes, y permita otorgar al pueblo el mandato imperativo a sus representantes. En mi opinión, el más adecuado, es el que elije, por un lado, al poder ejecutivo, y por otro, al legislativo. De esta forma, se materializa la proporcionalidad en la elección del ejecutivo, y la representatividad en el legislativo.

—¿Cómo propone usted hacerlo? —apunta el portavoz azul

—Para elegir al ejecutivo, debe realizarse una elección por sufragio universal a una persona como jefe de gobierno, o del estado, para ostentar el poder ejecutivo y nombrar a su gabinete ministerial. Naturalmente, puede representar a un partido, o no. Los candidatos serán unipersonales, y el elegido será aquél o aquella que venza el sufragio por mayoría absoluta en primera vuelta, o bien, en segunda vuelta, repescando a los tres candidatos más votados en la primera vuelta.

—¿Y para la elección del legislativo? —añade el portavoz naranja

—Se dividirá el estado en distritos uninominales de 50.000 censados. Cada distrito, elegirá al candidato más votado en primera vuelta por mayoría absoluta, o en segunda vuelta por mayoría simple, repescando a aquellos candidatos que hubieran obtenido más de un 15% de los votos en la primera vuelta. De esta forma, el representante elegido podrá defender los intereses de sus representados, ya que, “lo conocen” y recibe el mandato imperativo de ellos. Si no lo hace, será removido. Sólo de esta forma, ustedes podrán afirmar que en España es una democracia real, donde existe libertad política y la soberanía reside en el pueblo.

En ese instante, un ujier interrumpe el debate para anunciar que el Congreso cerrará sus puertas en diez minutos. La reunión, finaliza. Continuara…

PD: Hoy, un especial recuerdo a todos los ciudadanos a los qué les ha tocado, un domingo electoral cualquiera, pasarse horas y horas en el colegio, hasta bien entrada la madrugada. A todos ellos, les dedico el tema “Smooth Operator” de Sade https://youtu.be/4TYv2PhG89A


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