Cataluña

El cálculo electoral que esconde la guerra soterrada entre Puigdemont y Junqueras

La pelea en el independentismo no solo se centra en el enfrentamiento entre ERC y JxCat, sino también en las diferentes visiones en el seno de cada uno de los partidos

Quim Torra y Pere Aragonès.
Quim Torra y Pere Aragonès. EFE

"Los trapos sucios se lavan en casa". Así lo afirman altos cargos de ERC y JxCat, que tratan de minimizar una contienda abierta desde hace un año y medio. Ni Oriol Junqueras ni Carles Puigdemont quieren dejar el liderazgo de las formaciones. El objetivo de ambos es mantenerse al frente del independentismo, a toda costa, con métodos muy diferentes que han dado pie a una guerra abierta de difícil salida.

Junqueras, desde prisión, y Puigdemont desde la libertad de movimiento y palabra que ofrece Waterloo (Bélgica) tratan de ganarse adeptos con discursos antagónicos, pese a mantener el mismo objetivo: conseguir la ansiada república catalana.

El discurso de ERC se ha basado en los últimos años en no atacar (ni nombrar) a JxCat ni a Puigdemont en momento alguno. El silencio como respuesta. Oficialmente, no hay guerra ni pelea entre los dos socios de la Generalitat, pero ya se sabe: los trapos sucios se lavan en casa propia. 

Bronca por las elecciones anticipadas

Las dos formaciones han mostrado sus diferencias irreconciliables por la conveniencia de adelantar elecciones. La guerra se debe al buen estado de salud del que goza ERC, con unas encuestas muy favorables y unos resultados abrumadores durante los últimos comicios. ERC ha exigido a JxCat su apoyo a los Presupuestos con la condición de convocar las urnas. Desde JxCat, consideran que no es momento de adelantar elecciones y que este movimiento no debe ser la respuesta al Estado, ya que podría provocar la caída de una mayoría independentista. En vez de ello, la "confrontación" sería la respuesta, pero sin concretar cómo se materializará.

ERC no quiere perder ni la inercia ni el impulso ganado durante las elecciones generales, municipales y europeas de este año. Por primera vez, los republicanos han ganado en democracia unas generales en Cataluña. Por primera vez obtuvieron más votos en Barcelona. Hechos históricos basados en un discurso no centrado en la independencia, sino siguiendo la estrategia de la antigua CiU, basándose en acercarse a los votantes no solo de opciones claramente independentistas, sino también de PSC y los comunes. 

La estrategia se basa en que cuanto antes se convoquen de nuevo las urnas, antes podrá conseguir gobernar ERC, aunque tiene también claro que necesitarán un socio de gobierno para poder ejercer. 

En JxCat, venido a menos a excepción de las europeas, la opción de un adelanto electoral es insostenible. El discurso era más propio de hace unos años de ERC. Centrado en una "confrontación" contra el Estado, pero sin desvelar en qué consistirá esta batalla. Oficialmente, no hay motivo para no adelantar las elecciones. "El Gobierno de la Generalitat es sólido", afirman desde la formación liderada por Torra y Puigdemont, quien ha puesto ahora al frente a Albert Batet, un escudero que no se sale del discurso de Puigdemont.

Junqueras y Puigdemont han protagonizado el último enfrentamiento entre ambas formaciones. "Nunca se había visto que alguien diga que el hecho de que la gente vote debilita las instituciones", ha respondido a Puigdemont, que el pasado miércoles afirmaba que votar "debilita las instituciones". "¿Desde cuándo el ejercicio democrático del derecho de voto debilita las instituciones de un país? Cuándo el ejercicio democrático del derecho de voto debilita las instituciones de un país?", preguntaba el líder de ERC.

La Diada, motivo de separación con la ANC 

Los pactos municipales de JxCat y ERC con el PSC en diversas instituciones públicas, como Ayuntamientos y Diputaciones, fue el detonante de una nueva crisis dentro del independentismo. Los de ERC reprochaban a JxCat y a los comunes sus respectivos pactos con el PSC, especialmente los concernientes a la Diputación y al Ayuntamiento de Barcelona. ERC, por su parte, pactaba con JxCat para quitar varias alcaldías a la lista más votada, como en San Cugat del Vallés (Barcelona). 

Con voces críticas, los ataques entre ambos por estos pactos se sucedían. Los de Puigdemont llegaron a promover romper los acuerdos con los socialistas, pero las peticiones cayeron en saco roto. Aparecía entonces la ANC como medida de presión, presentándose en diversas tomas de poder, pero con escasa presencia de independentistas, entre 200 y 300 a lo sumo en la Diputación de Barcelona.

La Asamblea tomó nota y dio su respuesta a esta falta de unidad entre los partidos políticos. El toque de atención ha sido apartar a los dirigentes políticos de la zona reservada a las personalidades en la concentración del próximo 11-S. "Estarán víctimas represaliadas", han afirmado desde la entidad convocante. "Es una crítica", continúan, al tiempo que ha descartado entrar en política. "Es nuestro papel. El ser críticos", han señalado.

Meses de discusión por la respuesta a la sentencia

ERC, JxCat, ANC y Òmnium Cultural llevan meses discutiendo una respuesta conjunta y unitaria a la esperada sentencia del Supremo sobre el juicio del 1-O. Los cálculos de los independentistas son claros: no será antes del 11-S, para no calentar la Diada; tampoco en los días previos del 1-O, para evitar recuerdos; ya solo queda el resto de octubre para poder publicarse.

No se descarta que sea sobre el día 8, una fecha clave para el constitucionalismo, al tomar las calles de Barcelona con más de un millón de personas, exhibiendo así una respuesta frontal a la tensión generada por los independentistas.

Las formaciones y entidades separatistas tratan de encontrar una solución que contente a todos, pero por ahora no hay acuerdo. "Habrá respuesta unitaria", confían desde las posiciones más duras del separatismo, mientras ERC insiste en adelantar las elecciones para tomar las riendas de la Generalitat e implementar su anhelo en forma de república.

"Llevamos meses discutiendo en las prisiones, Waterloo, Suiza...", pero no se encuentra una salida. Desde JxCat apuestan por una "confrontación" directa con el Estado, sin conocerse aún detalles, más allá de "movilizaciones" y del inicio de un nuevo ciclo. Podría pasar por una huelga general en Cataluña, que avalaría hasta Quim Torra. no ha lugar, consideran desde ERC.

El encontronazo en el Parlament y una dividida Generalitat

La pelea entre ERC y JxCat permanece abierta desde 2018. Justo después de conocerse el resultado de las elecciones autonómicas, que daba paso a Ciudadanos como primer partido de la oposición. Los de Junqueras se habían opuesto tajantemente al plan de Puigdemont para concurrir conjuntamente a las elecciones, dejando así dos cabezas visibles en uno y otro bando. Dos gallos para controlar un mismo corral.

Tras las elecciones, tocaba el turno al presidente del Parlament, que autorizaba a suspender a los diputados en prisión y quienes se encontraban fugados. Albert Batet, entonces portavoz de JxCat, acusaba a Roger Torrent de ponerse del lado del 155, toda una ofensa para los republicanos. Lejos de responder, optaron por el silencio. "Nunca aceptaremos la sustitución del presidente Puigdemont", afirmaba en una polémica rueda de prensa. "Lamentamos y sentimos que el president Torrent se haya saltado un acuerdo entre ERC y JxCat", añadía Eduard Pujol, portavoz adjunto de la formación.

Tras las riñas y declaraciones, Quim Torra y Pere Aragonés, presidente y vicepresidente de la Generalitat, respectivamente, limaban asperezas en un encuentro en la sede del gobierno catalán. Fotos sonrientes y declaraciones de que el tema estaba cerrado. "Fallos de coordinación", dijeron en un comunicado conjunto en referencia a la guerra interna. Pelillos a la mar. Pero la realidad es más cruda. Una tragedia y un sin fin de puyas en el seno del Gobierno, como el decreto de las VTC, o la (pen)última gresca centrada en los Presupuestos del próximo año y en el adelanto electoral.

JxCat no acepta el "chantaje" de ERC y exige a los republicanos no pedir nada a cambio de aprobar las cuentas, pese a que están diseñadas por los de Junqueras en clave electoral, con más gasto y un incremento de impuestos, hechos que no han sentado nada bien en la parte de Puigdemont.

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