De un idílico y optimista inicio a un fracaso, si el voto del 26-M confirma los resultados de las encuestas. Manuel Valls enfila la recta final en su camino a la Alcaldía de Barcelona con una campaña apagada, sin combate, tan solo con propuestas y acercamientos a los ciudadanos con pequeños mítines, más allá de grandes actos celebrados en plena campaña.

La andadura de Valls hacia la Alcaldía se ha convertido en una empinada ascensión. Las reuniones con empresarios del inicio, cuando se trataba de la plataforma 'Barcelona, capital europea' en septiembre del pasado año, si bien su primer objetivo era integrar la listas del PSC y PP en una única y transversal fuerza para unir a los constitucionalistas y hacer frente a los independentistas de ERC y populistas de Ada Colau.

La idea, feliz en un momento, pronto tuvo sus inconvenientes. Ni el PSC ni el PPC quisieron sumar, manteniendo las distancias con Ciudadanos. Valls no tenía ningún pacto entonces con Ciudadanos, aunque sí contaba con su apoyo, pero sin una integración plena, como finalmente ha sido. La primera intención de Valls era formar equipo directamente con el PSC-Units, pero ambas formaciones declinaron la invitación. El PSC no podía negociar con Ciudadanos, más con el cordón sanitario impuesto por Rivera a Sánchez, y Units per Avançar, liderado en el Parlament por el exconsejero de la Generalitat y ex de Unió Ramon Espadaler, tampoco veía espacios comunes para ir de la mano con Ciudadanos. La formación, catalanista desde su origen y liderada por ex de CDC, Antoni Fernández Teixidor, no ha dado su brazo a torcer.

En un inicio, Valls se presentaba como un verso suelto, desligado de la formación de Rivera. "Quiero ir a ver a la gente lo más libre posible. Si voy rodeado de seguridad y prensa, mal". Fue una de sus premisas en el comienzo como plataforma. Valls acudía a plazas de barrio, sin grandes escenarios ni movilizaciones masivas. Dos docenas de sillas, treinta a lo sumo, un par de altavoces, una mesa de sonido, un par de focos para los actos más tardíos y dos pancartas. Valls acaparaba la atención de quienes se sentaban y de quienes paseaban. Lo hacía en septiembre, y es el mismo desempeño realizado desde enero hasta la misma campaña electoral. "Yo no tengo másters, tengo el Bachillerato. He hecho política toda mi vida. No voy a presentar másters. Cuando no tienes mejor no presentarlos. Mi máster es el de la vida". Transparencia por encima de todo. 

El "candidato de las élites" y una visión de Estado

En este inicio, Valls era tachado por independentistas y populistas como el "candidato de las élites". En un encuentro con empresarios les pidió que cumplieran su función y dejar de ser un "club de petulantes y ricos". La advertencia se produjo en noviembre del pasado 2018. Los empresarios no han hecho nada ni se han motivado de cara a las elecciones a la Cámara de Comercio de Barcelona, dando por buenos así los avisos de Valls. La institución ha pasado a caer en manos de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Un serio aviso para los nuevos y radicalizados tiempos que se mueven ahora en plena Ciudad Condal, donde el independentismo busca una victoria histórica.

Tal es el miedo a Valls, que hasta Xavier Trias, exalcalde de Barcelona y concejal, ha pedido a JxCat que vote por Colau si Valls tuviera opciones de alcanzar el bastón de mando. Si algo tiene el candidato francés es su visión de Estado, una mirada que inquieta al independentismo.

Valls no cuenta ahora el aprecio obtenido de las élites en el inicio de su andadura. La idea de juntar al PSC y al PPC era insostenible, más cuando socialistas y 'populares' han llegado a posturas irreconciliables, con cordones sanitarios y golpes verbales de difícil olvido. Los empresarios han preferido mostrarse a la espera de acontecimientos.

Valls lucha contra la "segunda vuelta" de las generales

Si de algo no se le puede criticar a Manuel Valls es por el esfuerzo y desempeño realizados en estos últimos meses. Ha puesto toda la carne en el asador para tratar de mejorar las cifras de las pasadas elecciones municipales, aunque "no son comparables", según el equipo de la candidatura. A su juicio, el candidato no está calando en las encuestas por la lectura de estas elecciones municipales del 26-M. "Es una segunda vuelta de las generales", han señalado.

El principal reto es superar los cinco concejales de Ciudadanos de 2015, con 77.279 votos y una abstención del 40%. La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) apunta a una repetición del resultado de la formación liderada durante los últimos cuatro años por Carina Mejías.

En las pasadas generales, Ciudadanos obtuvo 101.892 votos en Barcelona, superado por ERC, PSC y En Comú Podem. Los socialistas casi duplicaron los votos, mientras los de Jaume Asens perdieron 50.000. Entre los distritos, Ciudadanos obtuvo en Sarrià la mejor posición, un tercer puesto con 1.000 votos más que en los pasados comicios. En este barrio rico de Barcelona se ha votado masivamente a ERC.

Las encuestas sitúan a Valls ahora con un concejal menos que hace un año. En julio de 2018, la formación 'naranja' hubiera obtenido hasta siete concejales, un número suficiente como para intentar formar un Gobierno alejado de Colau y con ayuda del PSC. Sin embargo, Ciudadanos no quiere pactos con los socialistas, a quienes culpa de la deriva rupturista y ascenso del independentismo con sus llamadas al diálogo con quienes quieren quebrantar el orden constitucional. 

Para Valls, no hay cordón sanitario para el PSC, a quien ha tendido la mano para tratar de formar gobierno si es posible. Para ello, Valls ha fichado a históricos, como Celestino Corbacho, exalcalde de Hospitalet y exministro de Trabajo con Zapatero. El también expresidente de la Diputación de Barcelona ocupa el número tres de la lista de Valls.

"Valls ha bajado al barro"

"Los 'street meetings' se han realizado para dar a conocer a Valls a entidades y asociaciones", han señalado desde el equipo de la candidatura de Manuel Valls a preguntas de Vozpópuli. Estas reuniones de trabajo han servido para explicar y eliminar el cliché de por qué un exministro francés se presenta a la Alcaldía de Barcelona.

De estos mítines, se ha pasado a los grandes actos, pero ya en campaña electoral, eso sí con la ausencia destacada de Albert Rivera, líder de Ciudadanos a nivel nacional y un referente de los constitucionalistas en Cataluña.

Desde la candidatura de Manuel Valls han quitado hierro a este hecho, afirmando que se han hecho actos con Inés Arrimadas, que cierra la lista del candidato a la Alcaldía. Aún resuena la salida de la ahora diputada en el Congreso hacia Madrid, un duro golpe para el constitucionalismo, huérfano de líderes reconocidos que promuevan la unidad de España.

Otros miembros de la formación naranja, como Luis Garicano, candidato 'naranja' a las europeas, también ha acudido a Barcelona para hacer campaña con Valls. "Habrá un gran acto final de cierre de campaña", han anunciado las mismas fuentes tras señalar que "Valls ha bajado al barro".

El rechazo de Rivera, la foto de Colón y el 'feo' de Girauta

Valls intenta asaltar el Ayuntamiento de Barcelona con estas credenciales en una campaña que está siendo muy dura. La figura de Valls está en el centro de la misma, sin delegaciones, sin apariciones del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, debido a su enfrentamiento con la foto de Colón y con Ciudadanos haciendo la campaña en paralelo, con carpas informativas sin referencias al candidato, manteniendo sus propios colores y siglas. Las de Valls, en cambio, muestran el lema de campaña, son de color blanco, sin naranja.

La última escisión entre Ciudadanos y Valls se ha producido con la no designación de Miquel Iceta, líder del PSC, como senador. El candidato a la Alcaldía de Barcelona se ha mostrado contrariado con la decisión de Ciudadanos de abstenerse en este nombramiento. "Hubiera votado a favor", ha asegurado, criticando la posición "sectaria" de ERC al impedir este ascenso. "Hay una tradición del Parlament que se tiene que respetar", espetaba a Ciudadanos, que respondía: "(Iceta) ha defendido los indultos, ha defendido un referéndum de independencia y defiende el pacto con los separatistas en vez de con los constitucionalistas". Posiciones irreconciliables.

Otro de los ejemplos de la falta de sintonía entre diputados de Ciudadanos en el Congreso y Manuel Valls ha sido el polémico tuit de Juan Carlos Girauta. "Lo mejor de Barcelona es cuando te vas", ha escrito y borrado de las redes sociales el portavoz de la formación. Un flaco favor, que se suma a los hechos por Rivera, que ha rechazado hacer campaña en Barcelona, pese a ser el segundo Ayuntamiento más importante de España.

Respecto a la falta de un apoyo, más allá de los miembros de Ciudadanos integrados en la lista de Valls, la candidatura ha afirmado que la formación naranja ha tenido una "presencia significativa", esquivando así las preguntas.

A contrario que Ciudadanos, Valls ha situado a Vox fuera de cualquier acuerdo o acto con Vox. Para el candidato a la Alcaldía el verdadero peligro es el independentismo de Ernest Maragall, candidato de ERC, y el populismo de Ada Colau, que pretende conseguir la reelección.

El exprimer ministro francés ha calificado de "error" la fotografía de Rivera con Santiago Abascal, líder de Vox, y Albert Rivera junto a Pablo Casado, líder del PP, en la Plaza de Colón. A su juicio, se debía "luchar contra la extrema derecha", como se lucha contra "el nacionalismo", el "populismo" y el "separatismo".

Valls, como hombre de Estado, ha marcado sus líneas rojas. Si bien admite errores, críticas y controvertidas propuestas, ha mostrado un compromiso férreo contra "el racismo, la homofobia y el respeto hacia las mujeres", en referencia a Vox.

Barcelona se juega su futuro tras la pésima gestión de Colau

Y todo sucede en una Barcelona gobernada pésimamente por Ada Colau. La alcaldesa de Barcelona ha pasado de aglutinar al PSC en el equipo de Gobierno, a gestionar la ciudad con tan solo once concejales -la mayoría absoluta se sitúa en 21-.

Colau no ha sido capaz de llegar a acuerdos o consensos con los grupos políticos para ejercer una mandato claro, sin hacer frente a dos de los problemas que asolan la Ciudad Condal, como la vivienda y la seguridad. La alcaldesa se comprometió a construir 4.000 viviendas y parar los desahucios, pero tan solo se han construido un total de 800, apenas un 20% del total, con una burbuja del alquiler y de pisos turísticos, a los que ha intentado poner remedio, sin conseguirlo.

Los delitos se han disparado hasta alcanzar los 500 diarios, unos 200.000 en el último año, con la Guardia Urbana desbordada. También el 'top manta' ha centrado la vida social de los barceloneses en este mandato, con el Paseo Marítimo desbordado, mientras los narcopisos prosiguen instalándose en el barrio del Raval, pese a los golpes dados por Mossos de Esquadra.

Las calles de Barcelona recogen ahora homenajes al referéndum del 1-O, más radicalizada y polarizada, sin diálogo entre los bloques, independentista y constitucionalista. 

En la lista aparecen el nombre de cinco miembros de Ciudadanos entre los diez primeros candidatos. Se trata María Luz Guilarte, que ocupará el número dos; los ya concejales en Barcelona Paco Sierra y Marilén Barceló, números cinco y seis; la consejera en el distrito de Nou Barris Noemí Martín, número ocho; y la consejera del distrito de Ciutat Vella Julia Barea, número diez. La fusión entre estos candidatos y el ex del PSC se ha aderezado con los catalanistas de Lliures, una corriente de los convergentes, ligada a la élite empresarial de la ciudad. El objetivo era integrar estas ideologías, de difícil conjunción, en una lista transversal. Una ardua tarea que está costando que cale ahora en la ciudadanía de Barcelona. Los miembros de Lliures ocupan el puesto cuarto y séptimo de la lista, con Eva Parera, exdirigente de Unió Democràtica de Catalunya, y Óscar Benítez, director de Seguridad del Metro de Barcelona.

Comunicación en castellano y catalán, sin traducción

Valls ha optado por una integración entre el castellano y el catalán, sin tener que traducir los mensajes. No sólo se observa el bilingüismo, con propuestas en catalán, su lengua materna, sino también en castellano, sin que haya una traducción simultánea en el texto.

También en sus ruedas de prensa habla indistintamente en ambas lenguas, un hecho que marca distancias con el catalanismo más radical, que primero atiende a las preguntas formuladas en catalán, relegando al castellano al segundo puesto, y generalmente es para una traducción de lo afirmado en la primera. Todo un gesto y una declaración de intenciones de cómo sería la comunicación con la Administración pública.