Cataluña

Los claroscuros de Josep Tarradellas

El presidente de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas, en su regreso a España tras casi 40 años en Francia
El presidente de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas, en su regreso a España tras casi 40 años en Francia GTRES

“En política se puede hacer todo, menos el ridículo”. Estas palabras definen el espíritu de un personaje poliédrico. La aprobación por el Consejo de ministros que el aeropuerto de el Prat pase a llamarse Josep Tarradellas ha puesto sobre la mesa un político repudiado por el pujolismo. Figura molesta en vida, se ha convertido con los años en un referente de patriotismo y democracia. Odiado por todos, la razón de ser hoy en día de la Generalitat de Cataluña es gracias a su esfuerzo y tesón. Aquellos que lo ningunean deberían reconsiderar su figura. Para ERC es un vendido a los socialistas. Para el pujolismo el personaje impertinente que le decía las cosas a la cara a Jordi Pujol. Tarradellas merece tener un aeropuerto a su nombre.Tarradellas son varios personajes en uno mismo. Tenemos el de la República y Guerra civil. El del exilio. Y el que volvió a Cataluña como primer presidente de restablecida Generalitat. Estos tres personajes merecen tenerse en consideración a pesar de sus claroscuros.

República y Guerra civil

Vinculado a Esquerra Republicana de Catalunya desde su fundación -recordemos que era amigo de Francesc Macià desde 1916-, tuvo cargos en la Generalitat hasta 1933. Ese año dejó la política por discrepancias con Macià. A pesar de no haber tomado parte en el golpe de estado llevado a cabo por Lluis Companys el 6 de octubre de 1934, también fue encarcelado. Tarradellas volvió a la vida política durante la Guerra civil, siendo nombrado conseller en cap. Durante este periodo hubo un par de aspectos oscuros. El primero fue la aprobación de la ley de eugenésica. El segundo un cobro para salvar la vida de religiosos maristas.

Aborto para mejorar la raza

El Gobierno de la Generalidad que aprobó, por decreto, el 25 de diciembre de 1936, la ley de Reforma Eugenésica del Aborto. Esto es, la Generalitat se desmarcó de los postulados de la II República y permitió que, en Cataluña, las mujeres pudieran abortar libremente para mejorar la raza. El autor de la primera ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo fue el doctor Félix Martí Ibáñez.

El decreto no fue un mero hecho revolucionario, puesto que años antes hubo médicos y juristas que abogaron por su implantación. La razón era controlar la calidad futura de la raza. La ley fue firmada por Josep Tarradellas, conseller en cap del gobierno de la Generalitat, Pedro Herrera, conseller de Sanitat i Assistència Social y Rafael Vidiella, conseller de Justicia. Establecía cuatro supuestos para autorizar el aborto hasta los tres meses: causas terapéuticas (enfermedad física o mental de la madre que contraindica el parto); motivo eugénico (incesto paterno o taras que podrían propagarse en el futuro ser); factores neomalthusianos (deseo consciente de la limitación voluntaria de la natalidad); sentimental o ético (maternidad indeseada para la madre por causas de orden amoroso o emotivo).

Muerte de maristas

Las patrullas de la CNT-FAI estaban en manos de Aurelio Fernández, secretario general de la Junta de Seguretat Interior de la Generalitat, y de José Asens, Manuel Escorza del Val, Dionisio Eroles y Silvio Torrent, jefe de la checa de Sant Elies. La sede de los maristas, en Francia, alarmada por las noticias de los asesinatos de miembros de su orden en España comenzó a hacer gestiones en los consulados de Barcelona y entre consellers de la Generalitat. Al final, fueron remitidos a Aurelio Fernández. En el café Tostadero, de la plaza Universitat, se pactó la entrega de 200.000 francos a cambio de la inmunidad y salida de España de los maristas que habían salvado la vida.

Tarradellas supo que se iba a fusilar a 176 religiosos maristas y no hizo nada para impedirlo

De nada sirvió. Esa misma noche fueron fusilados 46 religiosos ante la fachada el cementerio de Montcada i Reixach. Posteriormente hubo más asesinatos. En total 176 maristas. El fusilamiento del último grupo quedó frustrado porque un patrullero de Sant Elies, Vicenç Subirats, reconoció a Pere Soler, hermano de un amigo suyo, teniente de los Mossos d'Esquadra, quien consiguió llegar hasta Companys e informarle de lo que sucedía. Así se consiguió salvar la vida de 62 maristas. Los 200.000 francos fueron entregados a Josep Tarradellas, conseller de Finances. Joan García Oliver explicó que fue a pedirle a Tarradellas cinco mil francos para el Comité de Milicias y que Tarradellas le dijo: "Ten los cinco mil francos. Todavía están calientes, porque pertenecen al paquete de miles de francos que acaba de entregarme Aurelio, procedentes del intercambio por la libertad de maristas". José Asens aseguró que Tarradellas les entregó 100.000 francos para comprar armas en Suiza y 200.000 más para meter en una cuenta bancaria a nombre de la Conselleria de Finances.

Exilio

Aquel dinero le serviría para reconstruir ERC en el exilio y sobrevivir. Gracias al mariscal Pétrain, Francia se negó a su entrega al Gobierno de Franco. Exiliado en Suiza, regresó a Francia en 1944. En el 1954 dimitió, por problemas de salud, el president Josep Irla. El 7 de agosto de 1954 los parlamentarios exiliados -en su mayoría en México- lo nombraron president de la Generalitat. Estableció su residencia en Saint-Martin-le-Beau, siendo su actividad política testimonial.

El cadáver de Macià

Uno de los sucesos vividos por Tarradellas a su vuelta, y envueltos en polémica, tiene a ver con el cadáver del president Francesc Macià. Tarradellas siempre había afirmado que, antes de que las tropas nacionales entraran en Barcelona, había pedido que el cuerpo de Macià fuera trasladado de su tumba al panteón Collaso Gil. El motivo: que su cadáver no fuera expoliado. Dicha acción se la comunicó al president Companys y a otros miembros del Gobierno de la Generalitat.

En octubre de 1979 se quiso trasladar los restos del president Macià del panteón a la tumba original que consideraban vacía. Cual no fue la sorpresa de los funcionarios municipales que, al abrir la tumba vieron que no estaba vacía. En su interior estaba el cuerpo del president Macià. El cadáver, muy descompuesto, pese a que había sido embalsamado, aparecía cubierto por una bandera catalana. A pesar de que el rostro estaba desfigurado, podían apreciarse las facciones más características del líder catalán. Era posible un reconocimiento formal. Junto al féretro se hallaba una pequeña urna de cinc con las vísceras extraídas con motivo del embalsamamiento, exceptuando, claro está, el corazón.

Cuando Tarradellas pidió el traslado, quiso llevarse con él, al exilio, el corazón de Macià. Todos esto tenía que ser devuelto a la familia y hacer los honores, en democracia, al difunto president. La realidad es que aquel gesto de Tarradellas molestó a mucha gente, entre ellos la familia de Macià. El cadáver nunca se movió de su tumba y lo único que viajó al exilio fue el corazón.

El valle del catalanismo

Ahora bien, todo aquello tenía un fin. Una nota aprobada por el Consejo ejecutivo de la Generalitat el 1 de octubre de 1979 declara que: “A propuesta del muy honorable presidente, el consejo ha encargado al consejero de Enseñanza y Cultura, señor Pere Pi-Suñer, la organización de los actos para el traslado de los restos de los presidentes Francesc Macià y Lluis Companys y de Pau Casals a su sepultura definitiva”.

¿Qué significaba aquello? Tarradellas tenia en mente la creación de un mausoleo en el que estuvieran enterradas estas tres personalidades del catalanismo. Y no solo eso. En ese mausoleo también descansaría él cuando falleciera. La ubicación de ese mausoleo no era en Barcelona, sino en la finca Font Martina, en la montaña de El Montseny, propiedad de la Diputación de Barcelona. Ese lugar se convertiría en sitio de peregrinación del catalanismo.

Suárez y Tarradellas

Restauración Generalitat

La Generalitat de Cataluña fue restablecida -provisionalmente- el 29 de septiembre de 1977 por el Gobierno de Adolfo Suárez. Y el 17 de octubre de 1977 se le reconoció la legitimidad del cargo que ostentaba, siendo nombrado president. El 23 de octubre de 1977 regresó a Cataluña y, desde el Palau de la Generalitat pronunció la célebre frase : “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí!”. Todo aquel proceso no fue fácil. Salvador Sánchez-Terán, Suárez y Tarradellas negociaron como tenían que ser las cosas. El pensamiento de Tarradellas era restablecer la Generalitat a toda costa. Si para ello se tenían que renunciar a ciertas cosas, se renunciaría. Trabajó para que Cataluña tuviera un nuevo Estatut y, al considerar que su trabajo había finalizado, se retiró de la vida política.

Tarradellas estaba convencido que al final Jordi Pujol dividiría Cataluña

En 1985 el rey Juan Carlos I le concedió el título de marqués de Tarradellas. Fallecí en Barcelona el 10 de junio de 1988.Tarradellas tenía una visión muy clara del personaje que le reveló al frente de la Generalitat. Sobre Jordi Pujol afirmaba: "Este hombre nos llevará a la división de Catalunya". de hecho, le dijo al periodista Julio Merino: “Ya lo estoy viendo: ‘Catalanes, España nos roba... No nos dan ni la mitad de lo que nosotros les damos y además pisotean nuestra lengua... Catalanes, ¡Visca Catalunya!’. Sí, esa será su política en cuanto llegue a la Presidencia, el victimismo y el nacionalismo a ultranza”. Como así fue.

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