El Buscón

Castells: “Le he pedido a Pedro que me busque piso”

No es plan, cierto que no, tirar de los ahorros acumulados durante años de docencia en prestigiosas universidades para venir a derrocharlos a Madrid por culpa de un sueldo de nada

El nuevo ministro de Universidades, Manuel Castells.
El nuevo ministro de Universidades, Manuel Castells. EFE

La Madreña. Un restaurante situado en el 78 del madrileño Paseo de la Castellana. Manuel Castells, flamante ministro de Universidades, comparte mesa nocturna con el periodista y empresario Manuel Campo Vidal, muy cercano al PSOE. La pareja habla en un tono tan vivo que los comensales que se encuentran en los alrededores tienen que hacer esfuerzos para no escuchar la conversación con nitidez. Castells está encendido: “Esto está imposible; Madrid es una ciudad muy cara y aquí no se puede vivir con el sueldo de ministro, así que no he tenido más remedio que pedirle al presidente que me ayude a encontrar un alojamiento adecuado, uno de esos apartamentos propiedad del Estado que están por ahí desocupados, sí, sí, yo mismo le llamé, oye Pedro, me tienes que echar una mano con el tema de la vivienda porque esto es muy caro, estoy tirando de mis ahorros para vivir en Madrid y, claro, ese no es plan…”.

No es plan, cierto que no, tirar de los ahorros acumulados durante años de docencia en prestigiosas universidades para venir a derrocharlos a Madrid por culpa de un sueldo de nada. Nacido en Hellín (Albacete) en 1942, Castells es uno de esos ministros que, con un florido currículo académico en el que figura la docencia en centros de tanto prestigio como la Universidad de Berkeley, parece llamado a dar brillo y esplendor a un Gabinete donde abundan los analfabetos funcionales, un Gabinete que encabeza un caballero cuya tesis es un flagrante plagio. Un ministro, dicen, nombrado por Adoración Colau, alcaldesa de Barcelona, en representación de las confluencias catalanas de Podemos, con vocación de “ministro florero” o “ministro sin cartera” teniendo en cuenta que Universidades tiene las competencias transferidas a las CC.AA., lo mismo, más o menos, que el también ministro Pedro Duque, titular de Ciencia e Innovación, las dos ramas desgajadas del que hasta hace poco era tronco común: el ministerio de Universidades, Ciencia e Innovación.

Y parece que Pedro le ha hecho caso, ha atendido el ruego, y un edecán de Moncloa (“un tal Costa, un tío muy efectivo”) ha puesto manos a la obra por encargo del presidente y le ha presentado algunas alternativas de edificios de titularidad pública. “Y sí, he visitado ya un apartamento el otro día, pero aquello resulta que es un garito inhabitable, allí hay que hacer mucha obra para poder ponerlo decente”, aseguraba el ministro, que añadía que Moncloa se iba a encargar también de eso, de adecentarle su futura residencia con dinero igualmente público, cuando la Administración no tiene ninguna obligación legal de hacerlo. En efecto, salvo en determinados casos derivados de situaciones históricas (los ministros de Interior, Defensa y Justicia, por ejemplo, que viven en viviendas sitas en el propio ministerio como una medida de seguridad exigida en tiempos del terrorismo etarra), el Estado no está obligada a proveer la residencia de los señores ministros y ministras.

Preocupación en Moncloa con Castells

En el Gobierno Sánchez hay cierta preocupación con Manuel Castells, un tipo tan inteligente y de currículum tan brillante como para haber sido capaz de escribir barbaridades del siguiente tenor: "La estrategia represiva del Gobierno del PP ya está en marcha, arropada por el Tribunal Constitucional. Imputaciones e inhabilitaciones a cargos públicos catalanes, amenazas a funcionarios y a municipios, interrogatorios de la Guardia Civil sin autorización del juzgado competente, espionaje legal e ilegal a las entidades soberanistas, utilización sectaria de la Fiscalía General del Estado…" (“Catalunya: ¿Patria o Muerte?”, La Vanguardia, agosto de 2017), cuando no de acusar en falso a Albert Rivera de “falangista” o de propinar al propio PSOE el calificativo de “partido españolista”.

El pasado 12 de enero, Luca Costantini daba cuenta en Vozpópuli de esa preocupación existente en Moncloa con el ministro: “No nos fiamos de él”, aseguraba el titular. “El equipo de Pedro Sánchez quiere estudiar todos sus movimientos”, rezaba el subtítulo. Parece que la prevención se ha extendido también a Duque el astronauta. En evitación de las tardes de gloria que ambos personajes, sin cometido aparente en sus vacíos ministerios, podrían deparar a la “afición”, Moncloa pretende cubrir con un manto de silencio las actividades de los citados, reduciendo al máximo sus apariciones públicas y limitando sus declaraciones, cualquier tipo de declaración, a lo absolutamente imprescindible. La venda antes de la herida.

Por lo demás, la cena en La Madreña continuó animada. Castells tuvo ocasión de poner de vuelta y media a los líderes de la oposición, comentar con detalle la situación crítica por la que atraviesa el MWC barcelonés (la culpa de todo, vino a decir, es de las grandes compañías californianas que, ante la exhibición tecnológica que prepara la china Huawei con ocasión del evento, han decidido hacer mutis por el foro para no quedar en evidencia aprovechando lo del coronavirus), y adentrarse en asuntos de política exterior, concretamente con Bolivia. Según este notable individuo, el Gobierno Sánchez va a poner toda la carne en el asador para que el candidato de Evo Morales a la presidencia de dicho país gane las próximas elecciones. “La segunda vuelta la tenemos asegurada”, aclaró. ¡Atención, Bolivia, el Gobierno Sánchez os quiere colocar un presidente al gusto bolivariano!

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