El Buscón

El frío saludo entre el 'botifler' y el fiscal Zaragoza

Javier Zaragoza
Javier Zaragoza

Ocurría en la mañana de este martes en las inmediaciones del Tribunal Supremo. Exactamente, en la calle de Argensola, dedicada a los dos poetas del mismo apellido. Y, en parte, la escena podía haber sido escrita en verso. Como epigrama, mínimo, aunque también podría concebirse como elegía. Más extensa y lastimosa.

Allí se producía uno de esos encuentros embarazosos que le hacen a uno pensar que Madrid es demasiado pequeño y que el guionista de todo esto tiene el colmillo muy afilado. Por la misma acera caminaban Santi Vila, el botifler, el traidor del independentismo, y el fiscal Javier Zaragoza, que es quien más expeditivo ha sido con los acusados durante las primeras semanas del juicio.

El uno reclama para el otro 7 años de cárcel y 16 de inhabilitación absoluta por dos presuntos delitos de malversación y desobediencia. El otro, tras su declaración, espera la decisión del tribunal para comprobar si el juez Marchena le envía a prisión y sus planes vitales -sean los que sean- se ven alterados. Cuentan a este Buscón fuentes que han presenciado la escena que, lejos de fijar la vista en el pavimento y hacerse los locos, ambos se han saludado con un "hola" que ha sido tan cordial como gélido. Frío, pero necesario.

El hombre que camina solo

Santi Vila caminaba solo, lo que permite hacer la más fácil de las metáforas sobre su actual situación en política. Los independentistas le han situado como su Judas y con ese sambenito tiene que cargar. Hace unos días, el enfant terrible de este movimiento, Gabriel Rufián, acudía al Alto Tribunal a declarar sobre los sucesos acaecidos en Cataluña en otoño de 2017 y, al finalizar su intervención, saludaba a todos los acusados, salvo a Vila, a quien le miró con el desprecio con el que se observa a los ingratos.

En su defensa, Vila afirma que fue el propio Carles Puigdemont quien le encargó la tarea de alcanzar un pacto con el Gobierno de Mariano Rajoy para evitar la declaración unilateral de independencia; y que lo consiguió. Sin embargo, el político prófugo no lo respetó y que, por lo tanto, no le quedó más remedio que dimitir de su cargo en el Govern. Algo que, por cierto, sucedió pocas horas antes de la DUI.

Esta mañana, su camino se ha cruzado con el del fiscal al que los independentistas han situado en su larga lista de enemigos, pues ha sido el que más contundencia empleó durante las declaraciones de los imputados. La situación llamó la atención entre los testigos que les reconocieron. Una nueva anécdota, en un nuevo día del juicio del procés, en el que, en pocas calles, en el madrileño barrio de Justicia, confluyen desde hace unas semanas las diferentes sensibilidades sobre el independentismo.



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