El Buscón

Pedro Morenés en la cueva de los leones del 'New York Times'

Pedro Morenés
Pedro Morenés EFE

Pedro Morenés y Álvarez de Eulate, ministro de Defensa que fue entre diciembre de 2011 y noviembre de 2016 y actual embajador de España en Estados Unidos, ha tenido días atrás el valor de meterse a cuerpo gentil en la cueva de los leones donde se cobija el consejo editorial del influyente New York Times (NYT), quintaesencia del progresismo político yanqui, un medio que, entre los grandes grupos de la prensa internacional, es quizá el que más bola suele dar a las tesis del independentismo catalán, a menudo con una falta de rigor que asusta, y desde luego el que con más ligereza se traga las proclamas de su aparato de agitación y propaganda.

Fuentes cercanas al actual embajador han comentado a este Buscón que se trató de toda una “experiencia” y no precisamente mística. El rotativo acababa de volver sobre el tema de Cataluña y España con una pieza titulada “Spain, again” a propósito de la liberación de Carles Puigdemont por el Tribunal Superior del Land de Schleswig-Holstein tras la demanda de extradición formulada por la justicia española. Y en su afán de desmentir los tópicos, cuando no los errores de bulto, que el NYT maneja a la hora de hablar del independentismo catalán y de sus demandas, el señor embajador pidió audiencia al referido consejo editorial y la obtuvo.

No fue precisamente un camino de rosas, según las fuentes. Una gente muy preparada, muy cargada de títulos académicos logrados en universidades de prestigio, pero muy ideologizada y muy encerrada en el pequeño universo de la izquierda liberal yanqui, heredera de los clichés que aún circulan sobre España desde los tiempos de la guerra de Cuba, a los que en el caso que nos ocupa se ha sumado el recetario nacionalista del “España maltrata a Cataluña”, “los independentistas solo quieren votar”, “se trata de un movimiento pacífico”, y “Madrid tiene la obligación de sentarse a negociar”… Y de ahí no salen.

Morenés contraatacó para deshacer determinadas concepciones de gente aparentemente muy formada pero para la que Franco aún sigue vivo, como siguen campando a sus anchas los “tics franquistas” en el Gobierno y en el Parlamento españoles. El embajador recordó hechos relevantes de nuestra historia reciente, como la visita del presidente Eisenhower a España en diciembre de 1959, un viaje que significó la rehabilitación definitiva del régimen franquista tras años de duro aislamiento, y su aceptación como aliado fiel de los Estados Unidos, episodio del que, entre otras muchas cosas, se derivó el establecimiento de las bases del ejército USA en España y el desembarco de las multinacionales yanquis en un país en el que han hecho grandes negocios.

El ex ministro salió convencido de haber cumplido con su deber y haberlo hecho en unas condiciones muy precarias. Porque la tarea de los embajadores de España a la hora de defender nuestros intereses en un mundo globalizado y dominado por la comunicación y las redes sociales, es casi una tarea de Quijotes por culpa de la desidia, la impericia o la incompetencia del Gobierno que preside Mariano Rajoy. O las tres cosas a la vez.

Para defender a España no hay dinero

Resulta que Morenés ha pedido al titular de Exteriores, Alfonso Dastis, una provisión de fondos por importe de 3 míseros millones de dólares para invertir en operaciones de lobby ante congresistas, senadores y medios de comunicación norteamericanos, fundamentalmente en Nueva York y Washington, mediante la contratación de alguna agencia especializada en tales funciones, a quien se encargaría la defensa de los intereses españoles y de la posición de España en conflictos como el que actualmente le enfrenta con el independentismo catalán.

Y Dastis el Plastis ha dicho que nanay, que no, que eso es mucho dinero y que de dónde coño lo va a sacar él… Increíble, pero cierto. Curiosamente esa función de lobby es lo que llevan tiempo haciendo los independentistas con al menos un par de muy acreditadas agencias de relaciones públicas yanquis, a las que pagan con el dinero del FLA, es decir, con el dinero de los impuestos de los españoles. Con nuestro dinero, vamos. Así de triste es la cosa. Dice Dastis que los señores embajadores “tienen que arreglarse con lo que tienen” en la embajada bajada para cumplir su trabajo, pero en las embajadas, incluida una tan importante como la de Washington, hay muy poca cosa, aparte de un embajador, un agregado comercial, unas cuantas secretarias y poco más.

Y así nos va. Así nos va con un corresponsal del NYT en España que es un ferviente defensor de las tesis del independentismo, y a quien parece que la Secretaría de Estado de Comunicación del Gobierno Rajoy no presta la menor atención. Se trata del suizo Raphael Minder, corresponsal del diario para España y Portugal desde 2010, y que es el impulsor de las pintorescas noticias y los grotescos editoriales que a menudo se larga el prestigioso rotativo sobre los acontecimientos catalanes. Cosa lógica si tenemos en cuenta que Raphael es un decidido fan de los nacionalistas, acostumbrado a salir en TV3, a mantener una relación óptima con los líderes del prusés, e incluso a la que Generalitat le financie la edición de algún que otro libro. Y mientras tanto, en Moncloa siguen tocando la lira.



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