El ministro de Sanidad, Salvador Illa, y el vicepresidente de Asuntos Sociales, Pablo Iglesias.
El ministro de Sanidad, Salvador Illa, y el vicepresidente de Asuntos Sociales, Pablo Iglesias. Efe

El Buscón

El Gobierno maltrata a la prensa incómoda

El Ejecutivo está aprovechando la crisis del coronavirus para desarrollar una política comunicativa de república bananera

El Gobierno ha puesto en marcha una mastodóntica campaña de publicidad para insuflar ánimos a la población, y que lleva como eslogan "Este virus lo paramos unidos". Desde hace días, el anuncio aparece en periódicos, radios, televisiones y portales digitales, que ven aliviado así el impacto de la escasez de publicidad 'privada' desde que se puso en marcha el estado de alarma.

Vozpópuli, sin embargo, no ha recibido todavía ninguna instrucción por parte del Ejecutivo para incorporar esta campaña. Y no va a ser este periódico el que levante la voz pidiendo subvenciones al Estado, pero resulta un tanto extraño que un diario con 7,2 millones de lectores mensuales, como acaba de acreditar Comscore, sea maltratado de esta manera tan descarada por el Gobierno que preside Pedro Sánchez. Sobre todo teniendo en cuenta que el anuncio de marras se ha visto en blogs de pacotilla sin más audiencia que sus propios responsables.

Según establece la Ley 29/2005, que regula la publicidad institucional en España, "la adjudicación de los contratos de las campañas públicas debe guiarse por criterios objetivos" y, como fija la propia doctrina del Tribunal Constitucional, ello exige "un reparto equitativo entre los medios de comunicación que asegure la libertad e independencia de estos".

Como los lectores de Vozpópuli todavía no han podido ver en estas páginas el anuncio, suponemos que el Gobierno lo contratará en los próximos días. No obstante, hay quien asegura que el hecho de que se haya dejado fuera a este periódico es una decisión deliberada en represalia por las informaciones críticas de las últimas semanas, en especial el 'caso Ábalos'. Si eso fuera así, el Gobierno estaría vulnerando la ley a sabiendas, lo cual es un delito, y se llama prevaricación.

Es difícil no pensar mal sobre la decisión del Ejecutivo cuando, precisamente, desde hace diez días se organizan ruedas de prensa en el palacio de la Moncloa y todavía ninguna pregunta de nuestros periodistas ha sido admitida para que la contesten el presidente o cualquiera de sus ministros. 

Entendemos que el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, recibe muchas preguntas en el canal habilitado a tal efecto para los periodistas que cubren habitualmente la actividad del Gobierno, pero resulta sospechoso que se elijan cuestiones de, aparte de los medios más cercanos al Ejecutivo, desconocidas radios alemanas, periódicos argentinos o extrañas páginas webs de dudosa relevancia. Por el contrario, ninguna pregunta de Vozpópuli ha sido seleccionada todavía por la mano azarosa de Oliver.

Propaganda

Llegados a este punto, llamemos a las cosas por su nombre: el Gobierno está aprovechando la crisis del coronavirus para desarrollar una política comunicativa de república bananera. No sólo con comparecencias continuas e irrelevantes para colarse en nuestros hogares ahora que no hay más remedio que estar confinados, sino con discursos interminables del presidente del Gobierno carentes de cualquier contenido y con preguntas teledirigidas sin margen para la crítica más elemental.

España no es Cuba. Y de igual manera que el Gobierno trabaja para sacarnos de esta crisis, los medios de comunicación seguimos haciendo nuestra labor a diario, por lo que urge arbitrar otro sistema para las comparencias del Gobierno, porque esto no son ruedas de prensa, esto es pura propaganda. Para evitarlo, estamos seguros de que un buen número de periodistas estarían dispuestos a trasladarse a La Moncloa provistos de mascarillas y guantes para, por supuesto respetando todas las medidas de separación, hacer in situ las preguntas que correspondan, cumpliendo con su función y sirviendo a los ciudadanos.

Obviamente, no tenemos muchas esperanzas depositadas en que Oliver y el ínclito Iván Redondo, que es el que mueve en la sombra todos los hilos, vayan a cambiar su modus operandi. Pero lo que sí tenemos muy claro es que Vozpópuli seguirá informando a sus millones de lectores lo mejor que pueda.

Este periódico no tiene nada en particular contra Pedro Sánchez, pero sí contra la mentira, la corrupción y todo aquel que actúe vulnerando la Constitución o los intereses generales de España. Y, en la medida en que el Gobierno cruce algunas de esas líneas, seguiremos señalándole con el dedo. Aunque ello nos cueste no recibir publicidad institucional o no poder preguntar directamente al presidente. Maltratar a la prensa incómoda a la vez que se aboga por el valor de la unidad para vencer al coronavirus sólo demuestra cómo entiende este Ejecutivo la democracia y la libertad de expresión.

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