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Las cuatro ventajas que el vapor de agua puede aportar al curar tu próstata

Los problemas a la hora de orinar afectan a uno de cada dos varones de más de 50 años, una cifra que se incrementa casi al 100% a partir de los 80 años

Imagen de un médico.
Imagen de un médico. Pexels

Con la edad surgen los problemas a la hora de orinar en los hombres. Especialmente a partir de los 50 años. De hecho, afecta a uno de cada dos varones a partir de esa edad, una cifra que se incrementa casi al 100% a partir de los 80 años. 

Esto es debido, en muchas ocasiones, a la hipertrofia o hiperplasia benigna de próstata (HBP), un aumento de tamaño de una parte de la próstata. En concreto, la próstata es una glándula similar a una castaña que se encuentra debajo de la vejiga, por detrás del pubis, y por delante del recto. El conducto que transporta la orina desde la vejiga hacia el exterior del pene (uretra) pasa por el centro de la próstata, por eso, al estrecharse el conducto urinario a la salida de la vejiga, el paciente orina con dificultad, según explica la Asociación Española de Urología (AEU). 

El doctor Carlos Suárez Fonseca, del Grupo de Urología Avanzada del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid, destaca que no se trata de un cáncer de próstata, si bien indica que se trata de un trastorno que afecta “severamente” a la calidad de vida de los pacientes, tanto por su sintomatología miccional irritativa como obstructiva.

La sintomatología que produce, como consecuencia de este crecimiento prostático, puede ser lenta, tanto, que a veces no se reconoce y está relacionada con las fases de llenado y vaciado del ciclo miccional: micción frecuente durante el día; despertarse durante la noche una o más veces por deseo de orinar; necesidad súbita e imperiosa de orinar; pérdida involuntaria de orina; retraso en la aparición del chorro de la micción desde el momento en que se ha decidido orinar; chorro de orina débil, intermitente o entrecortado; necesidad de hacer esfuerzo o relajarse para orinar; sensación de vaciado incompleto; goteo posmiccional.

Para el diagnóstico, la AEU precisa que en la visita con el urólogo, se le realizará: historia clínica completa, un interrogatorio sobre sus síntomas urinarios, característica y tiempo de evolución, así como una exploración física que incluye una palpación del abdomen, examen de genitales externos y un tacto rectal. 

“Es una exploración importante ya que permite valorar el tamaño, consistencia y superficie de la glándula prostática”, precisa, a la vez que indica que, entre otras, y como exploraciones complementarias, habitualmente se realizan también un sedimento de la orina, y un análisis de sangre.

Eso sí, esta entidad científica remarca que no siempre será necesario tratar el crecimiento prostático benigno. “En el caso de que presente síntomas leves, bien tolerados, y que no interfieran significativamente en su calidad de vida y en ausencia de complicaciones, puede únicamente hacerse seguimiento con controles anuales, aconsejándose algún cambio en los hábitos diarios”, señala.

El poder del vapor de agua

Así, el primer paso en el tratamiento de los síntomas prostáticos es la medicación oral (fitoterapia, fármacos alfa-bloqueantes). Si falla el tratamiento o aparecen complicaciones, entonces es necesaria la cirugía de la próstata, ya sea con la técnica clásica de resección transuretral, la cirugía abierta, y la cirugía endoscópica transuretral. 

Según indica el experto del Hospital Ruber Juan Bravo de Madrid, en este último grupo de intervenciones se incluyen las técnicas clásicas como la ‘RTU–P’ y otras más modernas como el ‘HOLEP’ y la fotovaporización láser; todas ellas consideradas técnicas mínimamente invasivas, pero que requieren del uso de anestesia general o regional, con mayor o menos sangrado postoperatorio y dolor, e ingreso hospitalario que oscila entre 24 y 48 horas. 

“Estas técnicas pueden afectar a la calidad de vida de los pacientes, con efectos secundarios sexuales, sobre todo la eyaculación retrógrada (ausencia de emisión de semen al tener relaciones sexuales)”, menciona Suárez.

Por eso, este especialista destaca que ha aparecido un “tratamiento revolucionario”, que llegó a España en marzo de 2019 desde Estados Unidos, el sistema REZUM o vapor de agua que, mediante abordaje transuretral, inyecta vapor de agua en los lóbulos de la próstata, una acción que provoca necrosis o muerte celular del tejido, y que poco a poco el cuerpo elimina de forma natural.

“Se trata de un tratamiento ambulatorio, que no precisa ingreso hospitalario, y mediante sedación ligera se realiza el procedimiento, que dura unos 5 minutos. Después, el paciente se marcha a casa con una sonda en la vejiga, que se retirará a los 7 días desde el centro. Otra de sus ventajas es que minimiza los efectos secundarios sexuales, sobre todo la eyaculación retrograda, muy frecuente en las cirugías de próstata”, subraya este experto del Grupo de Urología Avanzada del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid.

De igual manera, sostiene que representa una técnica “segura y eficaz” en pacientes de edad avanzada, pacientes complejos y de alto riesgo. Eso sí, no todo paciente puede ser intervenido mediante la utilización del vapor de agua, según advierte, y las próstatas de tamaño superior a 90 gramos no son subsidiarias de esta técnica, teniendo que recurrir a otras técnicas de mínima invasión.

Hasta la fecha esta técnica sólo se realiza en centros privados seleccionados y acreditados en este tipo de intervenciones, como es el caso del Grupo de Urología Avanzada del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo, del que el doctor Suárez forma parte. Esta técnica, según apunta, no es experimental, nació en Estados Unidos hace 4 años, donde ya se han intervenido 35.000 pacientes.

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