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Vitrificación de óvulos para que la mujer tome el control total de su maternidad

Vitrificación de óvulos para que la mujer tome el control total de su maternidad
Vitrificación de óvulos para que la mujer tome el control total de su maternidad

Tras la revolución que supusieron en el siglo XX los anticonceptivos orales para el control de la mujer sobre su maternidad, el nuevo milenio ha puesto en sus manos otra herramienta igualmente revolucionaria para la libertad de elegir cuándo tener hijos: la vitrificación de óvulos.

Básicamente, esta técnica es un método de congelación ultrarrápido que consiste en la solidificación de su citoplasma, que permite conservarlos con las propiedades intactas hasta el momento en que la mujer desee ser madre. Es entonces cuando se procede a su descongelación y se realiza un tratamiento de fecundación in vitro.

La mayor demanda de esta técnica deriva de las mujeres jóvenes diagnosticadas de cáncer que deben someterse a quimioterapia o radioterapia y que, en el futuro, desearían ser madres. Se da la circunstancia de que estas terapias contra el cáncer “tienen como efecto no deseado que pueden dañar de manera irreversible los ovarios”, lo que frustraría esos planes futuros de maternidad, explica el doctor Roque Devesa, jefe de la Unidad de Reproducción Asistida Grupo Ron del Hospital Quirónsalud A Coruña. Y es aquí donde la vitrificación emerge como el mejor aliado.

“Antes de que se inicie el tratamiento oncológico, podemos extraer y congelar óvulos de la mujer para su utilización futura en un tratamiento de reproducción, conservando todas las características que tenían en el momento de su extracción”, añade el especialista de Quirónsalud A Coruña, un centro pionero que desde 2007 ofrece de forma gratuita un Programa de Preservación de la Fertilidad a las pacientes de cáncer que no desean renunciar a ser madres en un futuro con sus propios gametos.

Y no solo en casos de diagnóstico de cáncer. Existen otras indicaciones para la vitrificación de ovocitos, como en algunos casos de endometriosis, en los que pueda haber una lesión de los ovarios o cuando se detecta una baja reserva ovárica sin deseo gestacional en ese momento, entre otras.

Pero más allá de cuestiones clínicas, cada vez hay más mujeres perfectamente sanas que recurren a esta técnica para postergar su maternidad por razones personales, como no haber encontrado aún la pareja idónea; o laborales, para que el embarazo no frustre o dificulte su carrera profesional, entre otras.

Mejor vitrificar antes de los 36 años

Como hemos visto, la vitrificación permite conservar las características del óvulo tal como se presentaban en el momento de su extracción. La doctora Belén García, ginecóloga del Grupo Ron en el Hospital Quirónsalud A Coruña, recalca que “el éxito posterior de la técnica dependerá de la calidad de los óvulos que hemos vitrificado, y este depende fundamentalmente de la edad de la mujer en el momento de la vitrificación: a menor edad, mayor calidad ovocitaria”.

Aunque se puede realizar en cualquier momento, “existe consenso general de que lo ideal es hacerlo por debajo de los 36 años; por encima de esta edad no es que no se pueda aplicar la técnica, sino que se reducirá la posibilidad de éxito de la fecundación in vitro con óvulos previamente vitrificados, debido a la baja calidad de esos ovocitos”, explica la doctora Belén García.

Un doble caso de éxito

Un caso doblemente paradigmático de las posibilidades que ofrece la vitrificación de óvulos se produjo en este mismo hospital coruñés el año pasado. Numerosos medios nacionales e internacionales se hicieron eco del nacimiento -de la mano del Grupo Ron-, de la primera niña en España libre de la mutación en el gen BRCA 1, relacionado con un mayor riesgo de sufrir cáncer de mama, entre otros tipos oncológicos.

Su madre, diagnosticada de cáncer de mama y portadora de la mutación que la predisponía a padecerlo, vitrificó sus óvulos antes de la quimioterapia. Cinco años después, una vez superado el cáncer, decidió someterse a tratamiento de reproducción asistida, pero no quería que su futura descendencia fuera portadora de esta mutación. Así pues, se solicitó a la Comisión Nacional de Reproducción Asistida (CNRA) autorización para realizar el denominado Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP), una técnica de reproducción asistida que permitió identificar el embrión sin la mutación, que posteriormente se transfirió al útero.

Gracias a ambas técnicas combinadas, la mujer cumplió su deseo de ser madre pese al episodio oncológico, y además de una niña libre de la espada de Damocles del gen mutado.



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