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Dime qué comía tu madre y te diré qué te gusta: la compleja relación entre dieta y embarazo

Dime qué comía tu madre y te diré qué te gusta: la compleja relación entre dieta y embarazo
Dime qué comía tu madre y te diré qué te gusta: la compleja relación entre dieta y embarazo EFE

¿Durante el embarazo hay que “comer por dos”? No. ¿Hay que cambiar de alimentos en la gestación? Sí. ¿Se puede realizar una dieta de adelgazamiento? Según. Éstas y otras preguntas habituales de las futuras madres -y sus respuestas más matizadas- evidencian la compleja relación existente entre dieta y embarazo. Tanto, que hasta los gustos culinarios futuros del hijo estarán condicionados por la alimentación de su madre durante la gestación. Y, lo que es más importante, también determinará su metabolismo. Así pues, ¿cuál es la dieta ideal durante el embarazo?

De entrada, cabe señalar que no hay dos embarazos iguales por la sencilla razón de que no hay dos mujeres iguales. Las características individuales de cada gestante determinarán qué cambios concretos deberá incorporar a su dieta, y serán mayores o menores en función de cuál sea su punto de partida. No es lo mismo si una mujer ya tiene una alimentación saludable o no, si presenta sobrepeso u obesidad o cómo vive su embarazo.

Pero sí hay un principio aplicable a todos los casos: “La mujer gestante tiene que aportar suficiente variedad de alimentos para que ambos dispongan de todos los nutrientes que necesitan para el proceso, pero eso no significa que deba ‘comer por dos’, como se dice popularmente”, afirma Tatiana Medina, especialista en nutrición del Hospital Ruber Internacional de Madrid. Por ejemplo, pese a que los requerimientos de calcio se incrementan, “durante el embarazo se producen adaptaciones fisiológicas que aumentan la absorción y retención de este mineral, por lo que sus necesidades reales son las mismas que las de una mujer no embarazada. Pero si la madre consume una baja cantidad de calcio a través de su dieta, tendrá riesgo de descalcificación de sus huesos en detrimento del bebé”, matiza la especialista.  

Por consiguiente, cualquier mujer que quiera quedarse embarazada o se encuentre al comienzo del período gestacional debería revisar su dieta habitual con un nutricionista especializado para organizar correctamente las ingestas, conocer aquellos alimentos que puede tomar durante el embarazo y verificar si está aportando todos los nutrientes y cantidades necesarias. “Un ejemplo de ello son los ácidos grasos omega 3, que numerosos estudios constatan que están especialmente indicados en el desarrollo estructural y funcional del cerebro por su contenido en DHA (docosahexanoico) y podemos encontrar en pescados azules de gran tamaño, como atún y salmón, cuyo contenido en metilmercurio es superior. El profesional puede indicarle el consumo de alimentos ricos en este ácido graso como pescados de pequeño tamaño, frutos secos, semillas de lino, cánola, etc., y cómo integrarlos en su dieta habitual”.

Así que la adecuación de la dieta no debe ser en términos de cantidad y darse un atracón cada vez que venga en gana con la excusa del embarazo, sino de calidad, incorporando o reforzando los alimentos que facilitan un desarrollo óptimo del feto y salvaguardan la salud de la madre. Según su experiencia, Tatiana Medina constata que “durante el embarazo hay a quien se le quita el apetito y a otras les aumenta, o pasan por ambas fases. Ello se debe a factores fisiológicos, debidos a los cambios hormonales; psicológicos como la ansiedad o los temores propios de este período, y la falta de calidad en el sueño nocturno, que influye en los mecanismos de saciedad”.

Control del peso, más allá de la estética

Un quebradero de cabeza habitual en las gestantes es el aumento de peso por encima de lo que es inevitable por el propio embarazo. Una inquietud relacionada generalmente con cuestiones estéticas, pero que puede tener también consecuencias importantes para la salud futura del bebé. La ganancia de peso normal durante el embarazo estará condicionada por el peso de partida. Por ejemplo, en una mujer con peso normal antes del embarazo podrá oscilar entre 11,5 y 16 kilos, con una tasa de ganancia de peso en el segundo y tercer trimestre de 400 gramos por semana. En cambio, en una mujer con sobrepeso podrá oscilar entre 7 y 11,5 kilos; y si sufre de obesidad, el aumento de peso será de 5 a 9 kilos, a razón de unos 300 gramos por semana durante el segundo y tercer trimestre.

La nutricionista de Ruber Internacional advierte de que el control del peso es fundamental, ya que “los estudios han demostrado que el sobrepeso-obesidad y la diabetes materna mal controlada durante la gestación están relacionados con el nacimiento de niños con peso elevado y la afectación temprana de funciones metabólicas que aumentarán el riesgo posterior de obesidad, intolerancia a la glucosa, hipertensión, etc.”.

Pero control del peso no significa lanzarse sin más a una dieta de adelgazamiento. “Una dieta de adelgazamiento poco saludable -explica Tatiana Medina-, carente de determinados nutrientes, hará que el feto los extraiga de las reservas maternas, provocando estados carenciales graves que pueden ser irreversibles u ocasionar que el bebé nazca con alguna alteración”.

En el caso de una mujer que ya presenta sobrepeso u obesidad y desea quedarse embarazada, “lo aconsejable es comenzar la reeducación de hábitos alimentarios que nos permita alcanzar un peso adecuado, junto a un estilo de vida saludable para que en el momento de la concepción nuestro estado de salud sea óptimo”. Durante el embarazo, “lo ideal es hacer una revisión de hábitos e ir modificando aquellos que no son saludables, además de controlar que la ganancia de peso sea proporcionada al peso del que partimos, tanto de la madre como del bebé, pero siempre bajo asesoramiento de un especialista”. ¿Y qué pasa con los típicos antojos? “Los antojos no deben ser el pretexto para llevar una mala alimentación de base, aunque nos demos un capricho de vez en cuando”, advierte la especialista de Ruber Internacional. 

Y si todo esto no parece suficiente, podemos añadir que la típica lucha de los padres para que el niño se coma las verduras puede empezar a ganarse en el mismo embarazo: “Se sabe que a través de la placenta la madre va transfiriendo numerosos nutrientes al feto y aportando los sabores de su dieta habitual; por ello, cuanto más equilibrio y variedad le proporcionemos, mejor será su percepción y predisposición hacia los alimentos en el futuro”. Otra buena razón para mimar la dieta durante la gestación.

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