Blogomaquia

Las culturas no tienen derechos

Cuando uno se entrega a lo banal, a lo trivial, acaba falto de perspectivas. Y matando moscas con el rabo. Y frente a ese mundo al revés en que carnavalescamente se han ubicado famosetes, políticos de tres al cuarto y pesudointelectuales, a mí me interesa -es una cuestión de dignidad- apoyar a la estudiante de Economía, Shaymaa Qasim Abdelrahman, elegida Miss Irak en Bagdad este 20 de diciembre, a la cual ISIS ha amenazado con secuestrarla. Y castrar sus deseos de autonomía.

¿Cómo acabar con los maltratos en épocas de guerra y paz cuando del

Corán se lee que "los hombres están por encima de las mujeres?

El asunto no radica solo, como bastantes quieren verlo, en la ecuación "terrorismo versus seguridad". El quid de la cuestión remite también a niveles telúricos, toda vez que la libertad civil carece de cabida en regímenes que secundan leyes que, por islámicas, niegan el uso mismo de la libertad. Anótese este elemento: ¿cómo impedir los matrimonios con niñas pequeñas si en segundas nupcias hasta el propio Mahoma se casó en la cincuentena con una cría de 6 años?, lo destapa la psiquiatra y feminista de origen sirio Wafa Sultan. ¿Cómo acabar con los maltratos en épocas de guerra y paz cuando del Corán se lee que "los hombres están por encima de las mujeres [...]. Aquéllas de quienes temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas" (azora 4, aleya 38)?

Con una bioideología misógina de este calado no sorprende que grupúsculos de fanáticos, subvencionados por la infame Arabia Saudí, procedan a dinamitar los derechos de las mujeres allá donde colocan sus manos. Y la culata de sus rifles. ¿Acaso ya hemos olvidado a las estudiantes del colegio nigeriano de Chibok que siguen, no pocas de ellas, en condiciones de esclavitud y bajo las cadenas de sus raptores? Desde el antiigualitarismo más atroz y reaccionario, jefes y soldadesca del yihadismo utilizan las vejaciones, el secuestro y la violación como moneda de cambio. Y se valen del miedo, también del terror sexual, para conseguir satisfacer sus deseos rastreros. Sin embargo, amén de contradiós, es de una cobardía infinita infravalorar la opresión que generan las tradiciones de Oriente sobre las mujeres.

Sabayas

El líder Abu Anas al Liby ordenaría en Faluya, cerca de Bagdad, el asesinato de ciento cincuenta mujeres, incluso embarazadas y menores de edad. La pena de muerte que dictó al Liby iba dirigida contra las jóvenes que rechazaban casarse con sus captores muyahidines. Tal ignominia que despertó hace 14 meses la repulsa internacional, también desde la cumbre mundial de líderes religiosos contra la esclavitud, no ha hecho sino multiplicarse en distintos escenarios y lugares porque, además, los fundamentalistas, esos forajidos, esos fuera de la ley, no dudan en barrer pueblos enteros y matar a abuelos, esposos y padres con tal de arrebatarles a esposas, hijas y nietas. En este sentido, el relato de la nigeriana Lami Musa confirma cómo en situaciones límite las mujeres secuestradas, o "sabaya", son obligadas en el colmo de su tragedia a ver cómo ejecutan a sus maridos y progenitores.

Desde el secuestro de Perséfone, por poner una fecha milenaria en Occidente, la Historia está enlutada en sangre y excesos. Y este mes de marzo (en el que se cumplen cinco años del estallido de la guerra de Siria) es un recordatorio de cuántos canallas hay, ocultos, tras quimeras y utopías. Lo ocurrido en los noventa en los Balcanes con las violaciones en masa cometidas por miembros del ejército encuentra su eco ahora en muchas partes de Oriente y África, eco que repite la matriz de la esencia del dolor y que pone de manifiesto que la beligerancia constituye un hecho cultural, no una necesidad biológica, que excita a cualquier clase de abusos. Incluidos los sexuales.

Nuestras mujeres han sido raptadas y vendidas en mercados de esclavos. ¡Salvadnos, salvadnos!

Les toca a las yazidíes

Vian Dakhil, miembro del Partido Democrático del Kurdistán, y enemiga número uno de ISIS, dio la voz de alarma ante las matanzas indiscriminadas de yazidíes a manos de los yihadistas. El testimonio de esta parlamentaria iraquí fue de tal envergadura que dio la vuelta al mundo. En su intervención, brevísima, Dakhil mostraba el horror al que se ven sometidos sectores de la población civil. "Mi gente está siendo masacrada", afirma esta política yazidí, "igual que los otros iraquíes, chiitas, suníes, cristianos, turcomanos, shabaks. Los yazidíes han sufrido 72 genocidios y se está repitiendo otro [genocidio] en el siglo XXI. Nuestras mujeres han sido raptadas y vendidas en mercados de esclavos. ¡Salvadnos, salvadnos! En nombre de la Humanidad, ¡salvadnos! Por favor, hermanos, ¡salvadnos, salvadnos!", clamaba Vian Dakhil.

Que no haya equívocos:solo importan los derechos individuales de las personas, tanto o más cuanto que las culturas, se pongan como se pongan los defensores del multiculturalismo, no son nunca sujeto de derecho. Añadamos a este cuadro nada halagüeño que, desde agosto de 2014, permanecen 3.500 personas bajo cautiverio de Isis, según estimaciones de la ONU, la mayoría de las cuales son mujeres tratadas como esclavas sexuales, compradas, vendidas, prostituidas, golpeadas... Una ex esclava, Nadia Murad Basee Taha, dio cuenta hace unos días, en el Consejo de la ONU, de los suplicios yihadistas que padeció. Ahora viaja por distintos países de la UE y en Inglaterra solicita atención internacional para dar fin a las violaciones de derechos humanos que llevan a cabo los terroristas de las milicias de ISIS. 

Existen organizaciones e individuos que defienden a golpe de espada y gumía una sola Historia, un solo Pueblo. Una sola Fe

En esta campaña de concienciación Murad Basee no está sola. Zainab Hawa Bangura, representante especial del Secretario General de la ONU para la violencia sexual en conflictos, ha asegurado que "la protección de las mujeres debe estar en el corazón de cualquier respuesta global contraterrorista". ¿El motivo? "El 90% de las víctimas son civiles, y de esos civiles más del 80% son mujeres y niños. [...] ¿Y cuál es la mejor manera de destruir a la siguiente generación que a través de las personas que engendran a la siguiente generación -las mujeres-, [y] a través de las personas que son la próxima generación -los niños- o las personas que mantienen la estructura de la sociedad en su conjunto, que son mujeres? Por tanto, las mujeres son elegidas como blanco en los conflictos porque son mujeres", concluye Hawa Bangura.

Un apunte más

Mientras aquí jugamos a meternos el dedo en el ojo con provocaciones extemporáneas y de muy mal gusto, olvidamos que existen organizaciones e individuos que defienden a golpe de espada y gumía una sola Historia, un solo Pueblo. Una sola Fe. Se tapan bajo los velos de su religión, pero ello no disimula el tufo de su ideario totalitario o cómo las agresiones que cometen van en contra de los derechos y libertades civiles. Sin obviar, claro, que destruir los pilares de la convivencia social, poner en marcha la maquinaria del terror dando pábulo a todo tipo de barbaries son formas de luchar, de estar en guerra contrael estado de derecho.


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