Los test genéticos están de moda. A través de diferentes pruebas para leer el ADN de la persona, estos test responden cuestiones relacionadas con el estilo de vida, como cuáles son las capacidades para el rendimiento físico de un individuo, qué alimentos debe comer para adelgazar más rápido o cuál es la mejor dieta que debe seguir. Algunos indican si eres o no propenso a sufrir lesiones o a desarrollar diferentes enfermedades.

También indican si padecemos o no intolerancias: "La genética es como nuestro libro de instrucciones que dicta cómo nuestro cuerpo se desarrollará y responderá a nuestro día a día. En este sentido, nuestros genes llevan las instrucciones sobre cómo procesar los azúcares, las grasas o las proteínas o de si podremos procesar bien la lactosa de la leche o el gluten del trigo. Por este motivo, entender cómo nuestro cuerpo puede procesar todos estos elementos es fundamental para gozar de una alimentación que se adapte a nosotros. Por lo que hay que leer bien las instrucciones que nos brinda nuestro cuerpo para que nuestra alimentación vaya acorde con esas instrucciones", aseguran a Vozpópuli los responsables de Onegen Lab.

Pero ¿estos test genéticos son fiables? ¿Cuánto cuestan? ¿Realmente merecen la pena? Lo vemos.

Test genéticos para poder adelgazar rápido

El precio medio de uno de estos test genéticos cuesta entre 130-180 euros, de media. Y pueden servir para adelgazar porque detectan genes de obesidad. Pero ojo, que los detecten no quiere decir nada, como veremos más adelante.

"Estudiamos genes que tienen relación con el desarrollo de la obesidad en cualquier etapa de la vida de una persona, genes que nos indican si puede haber tendencia a déficits de vitaminas o genes relacionados con enfermedades como la diabetes tipo 2, la intolerancia a la lactosa o la enfermedad celíaca. Como ejemplos de estos genes tenemos quizás uno de los más importantes, por su relación con la obesidad, que es el gen FTO (de sus siglas en inglés FaT mass and Obesity associated gene), que se ha visto implicado en muchísimos estudios relacionados con la obesidad y el aumento del índice de masa corporal para aquellas personas que tienen alguna mutación. Otro ejemplo podemos encontrarlo en el gen MC4R, que es muy importante porque actúa como un receptor de la hormona encargada de regular el control del apetito. También destacar los genes que forman parte de las proteínas HLA y su estrecha relación con la enfermedad celíaca o el gen MCM6, cuya mutación se ha observado que provoca mayor propensión a ser intolerante a la lactosa", aseguran desde el laboratorio mencionado.

Tras realizarnos el test, se analizan las principales variaciones relacionadas con la predisposición genética a la obesidad y el aumento de peso. "La obesidad viene influenciada por la interrelación entre varios factores externos (como la dieta y/o el sedentarismo), y frecuentemente está ligada a la genética individual de cada persona. La genética en gran medida marca cómo nuestro cuerpo procesa o metaboliza las grasas y/o los nutrientes. Por tanto, conocer nuestra propia genética es una herramienta imprescindible para poder controlar la obesidad y/o el sobrepeso", añaden.

Conocer nuestra genética nos puede permitir adelgazar más rápido porque podemos evitar dar palos de ciego e incidir y poner el foco en qué aspectos hemos de priorizar,y qué estrategia seguir para conseguir nuestro objetivo.

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¿Realmente funcionan?

Estos test genéticos están cada vez más en auge. En la empresa mencionada, de hecho, desde que comenzaron, hace ya 8 años, ya han realizado más de 30.000. Y la pregunta del millón es ¿funcionan? ¿Realmente merece la pena conocer nuestra genética?

Pues sí y no y/o no en todos los casos, ya que podemos vernos influenciados por el resultado, esto es, los test pueden generar efecto placebo. Así lo concluyó una investigación de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, publicada en la revista Nature Human Behaviour. 

Los investigadores evaluaron cómo respondieron más de 100 individuos a un test genético que analizó sus capacidades físicas y su propensión a la obesidad. El test recabó información verdadera pero analizar el efecto que tenían los resultados en los participantes, se les dio información falsa.

Tras darles el resultado de los test al centenar de personas, los investigadores volvieron a hacerles diferentes pruebas de esfuerzo una semana después. Y el resultado ya lo puedes imaginar: a aquellos que les dijeron que tenían genes de alto riesgo, lo hicieron peor al presentar menos resistencia y menos capacidad de tomar aire, independientemente del resultado real que los propios participantes desconocían.

En cuanto al gen de la obesidad también incluido en el experimento, ocurrió lo mismo: a las personas a quienes se había atribuido un genotipo de riesgo mostraron menor control de la saciedad que los otros, independientemente del resultado real obtenido en los test y desconocido para los participantes.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que tener información genética puede cambia el comportamiento de las personas, lo que no está claro es cuánto tiempo influye este efecto placebo o si sería diferente si nos lo comunicaran de una forma u otra.

Hay expertos que incluso apuntan que conocer determinada información genética puede desencadenar problemas que antes no existían: "Si a una persona obesa se le dice que tiene un mayor riesgo genético de padecer obesidad, puede incluso hacer que deje de tener una vida saludable porque a lo mejor piensa que, haga lo que haga, va a ser obsesa toda su vida, y eso es terrible. Aunque una persona tenga información genética de riesgo, si hace una vida saludable, si come bien y hace ejercicio físico, sus genes no tendrán tanta influencia en su peso y, por tanto, no se cumplirá que sea obesa", asegura el genetista De Lorenzo a El País.

Entonces, ¿son recomendables o no?

Pues sí y no. Depende de cómo nos comuniquen los resultados y de cómo nos los tomemos. Por ejemplo, en el caso de las intolerancias alimentarias es del todo bueno saberlo, así como en qué alimentos nos sientan mejor o peor en función de nuestro ADN.

"Seleccionar el tipo de dieta en función de la genética se ha demostrado que provoca cambios en la adiposidad de los tejidos y la respuesta metabólica para obtener energía. Esto nos lleva a buscar cuál es la estrategia más efectiva para alimentarse de una forma saludable. La dieta que se recomienda a nivel genético para la pérdida de peso viene dada por el análisis de las variaciones genéticas relacionadas con el metabolismo de los diferentes macronutrientes. Con dicho análisis se establece una dieta o bien baja en carbohidratos, o baja en grasas o baja en calorías. Estas dietas son estrategias dietéticas específicas en las que tu cuerpo se va a adaptar mejor y que nos pueden ayudar a la pérdida de peso cuando hay una alimentación saludable de base que se mantiene a lo largo del tiempo", aseguran desde Onegen Lab.

Por tanto, y a modo de conclusión, quizá sería recomendable un test genético si tenemos la sospecha de que hay ciertos alimentos que nos sientan mal o si queremos estar más atinados a la hora de escoger una dieta u otra. También, evidentemente, debemos ser precavidos con los resultados y evitar que estos nos condicionen para el resto de nuestros días, pues al final, como ha dicho De Lorenzo, los genes no tienen tanta influencia en el peso si se lleva una vida sana.