Si alguna vez habéis leído "no lloréis, pues no todas las lágrimas son amargas" acordaos del síndrome del ojo seco y de la necesidad fisiológica de las lágrimas para hidratar nuestros ojos. En circunstancias normales, nuestro cuerpo las segrega en suficiente cantidad como para mantenerlos hidratados, eliminando así particulares que puedan haberse quedado dentro.

Sin embargo, nuestros ojos se enfrentan a decenas de agresiones externas, e incluso internas, a diario, haciendo que el síndrome del ojo seco afecte a entre un 15% y un 30% de la población. La edad, el uso de lentillas y lentes de contacto, ciertos cambios hormonales, algunos fármacos o, como no, el mundo de pantallas y aires acondicionados que nos rodea, sumados a la polución o a las corrientes de aire, son enemigos potenciales de nuestra salud ocular, yendo más allá de los ojos rojos o la fatiga oftálmica.

De todo ello, el síndrome del ojo seco, que pasa desapercibido en muchas ocasiones, es el primer y sufrido paso al que nos enfrentamos. Para poner negro sobre blanco en este tema y conocer más sobre un síndrome con una altísima prevalencia, hablamos con la oftalmóloga Margarita Cabanás, especialista en cirugía de cataratas, cirugía refractiva, córnea y cirugía de la presbicia de la Clínica Baviera, que nos explica en qué consiste el ojo seco, por qué se produce, qué complicaciones puede tener y qué puede fomentar su aparición.

El ojo seco no entiende de edad o de sexo

Casi invisible y convertido en una enfermedad cotidiana, de las que pasan desapercibido por su difícil diagnóstico y que muchas veces consideramos temporal, el ojo seco, explica la doctora Cabanás, se produce cuando "los ojos son incapaces de mantener una película lagrimal de calidad y suficiente".

La inexistencia de esta película es "una situación muy molesta", ya que necesitan "cantidad y calidad suficientes para mantenerlos hidratados adecuadamente", amén de ser fundamentales para "eliminar partículas que se hayan introducido dentro e, incluso, para mantener una buena visión".

Además, no hay franja de edad o discriminación por género que se libre del ojo seco, aunque sí se da con más frecuencia en "personas de edad avanzada o personas que trabajan en entornos que puedan favorecer su aparición" por determinados cambios hormonales, por lo que afecta también a mujeres menopáusicas.

"Provocan que los ojos empiecen a producir menos lágrimas o a que la película lagrimal sea de una calidad inferior", matiza, mientras que confirma la teoría que tiene que ver con la edad: "Con el envejecimiento, se atrofian las células que generan las lágrimas de forma constante y que determinan la composición de la película lagrimal".

Además de eso, la doctora Cabanás enumera una serie de factores que, más allá de la edad, pueden convertir al ojo seco en un enemigo silencioso con cualquier edad. "Ciertos fármacos pueden propiciar un caso de ojo seco, en especial si ingerimos antihistamínicos, anticolinérgicos, isotretinoína, estrógenos, o ácido nicotínico, antidepresivos", advierte.

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La doctora Margarita Cabanás, oftalmóloga en Clínica Baviera. ©Clínica Baviera.

Del ambiente a las pantallas

A la vez, "ciertas infecciones oftalmológicas como las adenoconjuntivitis víricas pueden dejar como secuela un ojo seco y otras enfermedades sistémicas como parkinson, la diabetes mellitus o el síndrome de Sjögren", ratifica. Sin embargo, el ambiente que nos rodea o nuestro modo de vida también puede poner al ojo seco en el disparadero: "la sobreexposición a pantallas digitales, en relación a la evaporación de la lágrima y a la menor frecuencia de parpadeo, pero también la polución, las corrientes de aire, las calefacciones o los aires acondicionados inciden en su desarrollo".

Todo ello puede originarlo, independientemente de la edad, y provocar síntomas que pueden oscilar entre leves y moderados a graves, incluso algunos de ellos cronificándose o generando otro tipo de complicaciones si no se diagnostica a tiempo. "Las consecuencias del ojo seco son muy variables, abarcando desde una irritación ocular leve y pasajera a problemas más graves y persistentes", aclara la doctora de la Clínica Baviera.

Citando así varios ejemplos como la inflamación ocular, aparición de cicatrices en la superficie frontal del ojo, sequedad e inflamación de la córnea (lo que se conoce como queratitis sicca), afectaciones de la córnea y la conjuntiva (queratoconjuntivitis sicca) o disfunciones lagrimales

Qué favorece su aparición

Parece obvio que limitar los factores externos que propician el ojo seco sean la mejor forma de, en la medida de lo posible, frenar su aparición. Estrés, tabaquismo, trabajar frente a una pantalla, estar operado de otras patologías oculares o abusar de las lentillas están detrás de algunos de los síntomas del ojo seco.

"Un ambiente seco y con excesivo viento propicia la evaporación de la lágrima, o el abuso del aire acondicionado como causante del ojo seco puntual, por una sequedad ambiental muy elevada", comenta. Algo que cuando el buen tiempo hace acto de aparición corre el riesgo de multiplicarse, también por una "exposición excesiva al sol", por lo que recomienda "tomar medidas especiales de protección ocular tanto en la playa como en la montaña".

Junto a ello, otro tipo de hábitos como ser fumador, indistintamente de ser activo o pasivo porque "el problema viene dado por causa del humo que se concentra en el aire, que irrita la superficie del ojo y provoca el desequilibrio de la lágrima natural".

Algo evitable, igual que abusar de las lentes de contacto (lentillas), de las que más adelante nos contará cómo elegirlas o del uso de pantallas, sobre todo en tiempos de teletrabajo, que es "una de las causas que más incidencia está teniendo actualmente a la hora de desarrollar el síndrome del ojo seco", por lo que recomienda "hacer descansos cada 30 minutos o una hora, además de complementar la lágrima natural con lágrimas artificiales".

Combatirlo a diario

Sabiendo que la lidia con el ojo seco está en todas partes, la doctora Margarita Cabanás, oftalmóloga de Clínica Baviera, recomienda ciertas pautas para más allá de la prevención ambiental. "Hábitos como parpadear más a menudo, descansar la vista periódicamente, o limpiar con regularidad las pestañas con compresas calientes se han mostrado eficaces para eliminar o aliviar el déficit de lágrima en los ojos", advierte.

Además, hay ciertas soluciones, previa supervisión médica como "aplicar pomadas lubricantes antes de dormir", ya que nos explica que "algunos especialistas sostienen que el origen de los síntomas del ojo seco se encuentra en el hecho de dormir con los ojos ligeramente abiertos".

Junto a estas pautas, también indica ciertas recomendaciones en función de nuestro estilo de vida, como por ejemplo es el uso de lentillas, para lo que aconseja "seleccionar las de materiales con mejor tolerabilidad y permeabilidad al oxígeno, reducir su uso y decantarnos por las gafas, en la medida de lo posible".

En un sentido parecido, avala la ventilación de estancias o rebajar la sequedad ambiental con humidificadores, mientras cita la alimentación como otra forma de 'cuidarnos' del ojos seco, como sería "apostar por una dieta rica en Omega 3 y hacer una ingesta de líquidos adecuada para mantenernos hidratados, especialmente en verano".

Y si, como es casi inevitable, nos pasamos la vida entre pantallas, hace hincapié en "esforzarnos por parpadear con frecuencia periódicamente y hacer uso de lágrimas artificiales también"

Todo ello para combatir a un enemigo verdaderamente invisible, silencioso y que se convierte en la primera causa de visita al oftalmólogo y al que podemos plantarle cara -al ojo seco nos referimos- más de lo que pensamos.