Lleva una dieta equilibrada pasa necesariamente por incluir frutas y verduras en nuestra alimentación diaria. Son fuente natural de vitaminas y de minerales, además de aportar pocas calorías a nuestro organismo, por lo que son auténticos tesoros en verde para formar parte de nuestra pirámide nutricional.

Sin embargo, no todas las frutas y verduras o, para ser más exactos, nos vienen igual de bien en un determinado momento del día: cuando nos vamos a dormir. Conciliar el sueño con el estómago lleno siempre es una mala idea, como ya te contamos en su día, y es evidente que hay ciertos alimentos que no nos van a hacer un favor a la hora de dormir.

Es bien sabido que los alimentos muy grasos como quesos o embutidos no son los más recomendables para irse a la cama, como tampoco lo son los productos estimulantes como pueden ser el cacao, el chocolate o el café. Lo que quizá no teníamos en mente es que nuestras adoradas frutas (y verduras) no siempre van a ser buenas compañeras con las almohadas y los pijamas.

Reflujo gástrico, acidez, ardor de estómago, digestiones pesadas, flatulencias o ganas de ir al servicio son algunas de las desventajas con los que nos enfrentamos si consagramos en nuestras cenas a determinadas frutas y verduras.

Evidentemente no a todo el mundo les afecta por igual, sobre todo si tenemos en cuenta un plazo de tiempo amplio entre la cena y el momento de irnos a dormir, donde ya no será tan relevante lo que consumamos. Estas recomendaciones de productos a evitar, dentro de unos límites, están enfocadas sobre todo a esos furtivos de la nevera y del frutero, o a los que tienen algún horario trastocado y acaban de cenar y directamente cogen la horizontal y se echan a dormir.

Qué frutas y verduras nos amargan la noche

Los motivos por los que determinados productos pueden arruinar nuestro descanso nocturno son muy variados y, lo que en otros momentos es una ventaja, de noche se puede convertir en pesadilla. Puede pasarnos con verduras con propiedades diuréticas y también con frutas ricas en fibra insoluble, que necesiten más tiempo de digestión.

También los productos demasiado ácidos nos harán un flaco favor si los consumimos antes de irnos a dormir, del mismo modo que las frutas con mucho azúcar harán que nuestro cuerpo no descanse de la misma manera pero pongamos cara a algunos de estos 'sospechosos habituales'.

Zumo de naranja

De por sí nuestro estómago no va a tener predilección porque apostemos por los cítricos antes de meternos en la cama. Suframos o no el temido reflujo gástrico, la realidad es que, según indica un blog de la Universidad de Harvard, al tratarse de productos con mucha acidez, pueden provocar ese ardor habitual.

Aunque la culpa no es exactamente de esta acidez natural, sino por una relajación del esfínter esofágico (el 'cierre' entre esófago y estómago), ya que dejaríamos la puerta abierta a los jugos gástricos, bastante más ácidos e intensos que los de la naranja.

Lo hemos sintetizado en el zumo de naranja, pero es evidentemente extensible a pomelos, limones o limas, sobre todo si los consumimos en zumo porque además estaremos añadiendo un extra de azúcar al cuerpo, que está íntimamente relacionado con una peor calidad del sueño, según indica Sleep.org.

Salsa de tomate

No son pocas las casas en las que se cena pasta con salsa de tomate, ya sea ya comprado o sea realizado en casa, pero en ninguno de los dos casos (a pesar de matizarlo con azúcar) será una buena idea. Al tomate le pasa lo mismo que a los cítricos: es muy ácido, de los más ácidos entre frutas, frutos y verduras.

Por eso, las personas que padezcan reflujo o ardor de estómago no deberían tomar salsas de tomate en sus cenas -menos aún hacer una recena después de una ingesta alcohólica- con un poco de pasta con tomate porque a nuestro sistema digestivo, ya sea a nivel esofágico o estomacal, no le va a hacer bien, según leemos en Eat to Sleep, de Karman Meyer. En caso de que lo hagamos, la autora recomienda paliarlo con una manzanilla o una infusión de jengibre.

Brócoli

Nadie sospecharía que bajo su verde y amable estampa pudiéramos encontrar un mal amigo de un buen descanso, más aún cuando está lleno de minerales y vitaminas, como referente dentro de hortalizas y verduras. Sin embargo, también es rico en fibra insoluble, por lo que sus digestiones son pausadas y no conviene llevar la tripa llena con ellos a la cama.

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Las crucíferas, sobre todo si se consumen crudas, pueden provocar digestiones pesadas. ©Pixabay.

Le pasa lo mismo que al resto de verduras crucíferas como podrían ser la coliflor, las coles de Bruselas o el repollo, que también son ricas en fibra insoluble y por tanto exigen digestiones algo más lentas -aunque sean alimentos saciantes- y a los que la horizontalidad en la cama no vendrá bien, sobre todo si los hemos consumido poco cocinados.

Apio

No consumimos una tonelada de apio cuando lo comemos, sino que lo usamos como aderezo o como para dar algo de sabor -por regla general-, pero también podemos consumirlo en entero, tanto crudo como ligeramente hervido, aunque no es precisamente la más amada de las verduras.

Es sano y aporta poquísimas calorías, ya que es eminentemente agua y por tanto es un poderoso diurético. No lo tomamos en grandes cantidades pero, si así fuera, hemos de tener en cuenta que vamos a estimular a nuestro sistema excretor y es posible que tengamos que levartarnos a mitad de la noche para ir al baño.

Sandía

A nuestra rojiza amiga le pasa lo mismo que al apio: que tiene muchísima agua, por lo que no es recomendable para última hora del día ya que estaremos consumiendo una gran cantidad de agua que podría desvelarnos a media noche con la necesidad de ir al servicio.

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La sandía contiene mucho agua, que puede diluir los jugos gástricos, además de aumentar la diuresis. ©Pixabay.

No a todas las personas les pasa, evidentemente, pero sí es un alimento con el que conviene tener cuidado si solemos tener problemas con la diuresis. Además, al tener mucho agua, pueden ralentizar las digestiones porque diluyen los ácidos estomacales, haciéndolas más lentas.

Pimientos picantes

Puede parecer una obviedad, pero lo remarcamos por si acaso alguien cae en la tentación de comer platos picantes por la noche, lo cual no es recomendable porque multiplica el ardor estomacal, la acidez y la posible aparición de úlceras, aunque también tienen ciertos beneficios.

Lógicamente no todos los estómagos son iguales, por lo que no será lo mismo el que esté habituado al picante y para el que no, pero en circunstancias normales dejemos a habaneros, jalapeños, guindillas y cayenas fuera de los menús nocturnos.