Hace cinco años que Teresa fue diagnosticada con fibromialgia, una enfermedad que se caracteriza por dolor musculoesquelético generalizado, sobre todo el los músculos y el tejido fibroso. "Me despertaba cada mañana destrozada, sin ganas de levantarme de la cama con una sensación indescriptible, como si me hubieran pegado una paliza", revela a Vozpópuli esta madrileña de 65 años.

Esta afección crónica, de la que se desconoce el origen, tiene además de los dolores musculares, la fatiga y la sensibilidad localizada otros síntomas como rigidez articular, cefaleas, problemas de concentración y memoria, sensación de tumefacción en manos, ansiedad y depresión. "Mis hijos siempre decían que me olvidaba la cosas, que repetía muchas veces lo mismo y en muchas ocasiones mi cabeza iba a explotar", continúa la mujer.

A pesar de que investigaciones europeas recientes indican que el porcentaje de afectados podría ser más alto (entre tres y cuatro personas de cada 100), esta enfermedad, según la Sociedad Española de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica (SEFIFAC), afecta al 2,4% de la población (más de 1 millón de personas) y las estadísticas revelan también que hasta un 80% de los enfermos son mujeres. 

Fibromialgia
Andrea Levy

Entre todas ellas, la semana pasada la Delegada del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte de Madrid, Andrea Levy, también confesaba que padece esta rara afección: "Tengo una enfermedad crónica, que provoca un dolor casi paralizante, muchos días y por todo el cuerpo. Una enfermedad que muchas noches te deja sin dormir, porque causa un insomnio casi permanente. Una enfermedad que rebaja y reduce mi calidad de vida. Tengo fibromialgia".

¿Tengo fibromialgia?

Lo cierto es que esta afección es muy misteriosa porque es difícil de diagnosticar, explicar o tratar. Y eso se le suma que muchas personas que la padecen aseguran que tienen problemas para lograr que los profesionales médicos tomen en serio sus síntomas. "Me hicieron muchas pruebas pero no daban con qué me pasaba. Me decían que podía ser artritis o un efecto secundario de la apnea del sueño, pero no se me quitaban los dolores y cada vez iba a peor", explica Teresa.

Sus síntomas son tan debilitantes que incluyen cansancio extremo, dolores musculares y de cabeza, dificultad para conciliar el sueño, hinchazón, fatiga crónica, entre otros. Y es que a veces son tan persistentes que aunque la persona descanse pueden ser mucho más agotadores que el cansancio normal.

Según la Clínica Mayo, al tener unos síntomas tan parecidos con los de otras afecciones y no existir una prueba específica para demostrar la existencia de estos dolores generalizados, es casi imposible llegar a un diagnóstico. "No se puede confirmar ni descartar con facilidad mediante un análisis de sangre o radiografía, sino que parece estar vinculada con cambios en la forma en que el cerebro y la médula espinal procesan las señales de dolor", explican en su web.

Para su diagnóstico clínico (no se apoya en ninguna prueba de laboratorio ni hallazgo radiológico específico), antes hay que descartar problemas de salud mental, trastornos neurológicos o enfermedades reumáticas, además de pasar por determinadas pruebas como un hemograma completo o un análisis de la función tiroidea, entre otras muchas.

Dolores generalizados.

Las personas con esta condición rara a menudo notan que una lesión bastante normal, como cuando te das un golpe en un dedo del pie, duele más intensamente y mucho más tiempo de lo que debería. E incluso un toque suave contra cualquier superficie que no tendría que doler en absoluto puede experimentarse como una sensación muy terrible y desagradable.

Y no solo eso, la fatiga que padecen las personas con fibromialgia necesitan dormir mucho pero se despiertan sintiéndose aturdidos, rígidos y doloridos. Ellos mismos se sienten lentos, por lo que se convierte en un gran esfuerzo para concentrarse, aprender algo nuevo, recordar cualquier cosa y su habla puede parecer lenta y un poco confusa. "Son unos dolores y una sensación incapacitante que te bloquea en tu vida normal", añade Teresa.

Causas de la fibromialgia

Aunque como hemos comentado antes todavía no existe una teoría confirmada sobre cuáles son las causas que provocan esta enfermedad, la teoría más aceptada es que se trata de una desregulación de los neurotransmisores del sistema nervioso. Aun así, algunas investigaciones explican que también existen algunos factores que podrían influir en su aparición como desequilibrios hormonales, trastornos del sueño e incluso que pueda aparecer después de un trauma físico o emocional o de un ataque con una enfermedad infecciosa.

También puede haber un componente genético junto con factores ambientales. De hecho, la fibromialgia suele diagnosticarse con más frecuencia ahora que cuando se reconoció por primera vez como una causa de dolor crónico e incapacitante en 1976. Además, puede coexistir con otras enfermedades que causan dolor en las articulaciones como la artritis reumatoide o el lupus.

Y aunque puedas pensar que, dado que no hay cura, no tiene sentido recibir el diagnóstico, las personas que viven a diario con estos múltiples síntomas (a veces inexplicables) durante muchos años a menudo encuentran que es útil que les digan que tienen tienen fibromialgia.

¿Cuál es el tratamiento?

Como actualmente no existe una cura como tal para tratar esta enfermedad, a menudo lo que los médicos hacen es intentar aliviar al máximo los síntomas y mantener lo mejor posible las capacidades funcionales en los ámbitos personales, familiares y profesionales de la persona que lo sufre, impidiendo que empeore su calidad de vida.

Los medicamentos pueden aliviar el dolor y ayudar a la persona que sufre esta enfermedad a dormir mejor. Además, la fisioterapia y la terapia ocupacional mejoran la fuerza y ​​reducen el estrés en todo el cuerpo. También el ejercicio y las técnicas de reducción de la ansiedad pueden conducir a que los pacientes se sientan mejor tanto mental como físicamente.

Muchos doctores recomiendan también la búsqueda de apoyo y orientación en un especialista, lo que puede implicar ver a un terapeuta o unirse a un grupo de apoyo. Si los fármacos que receta el doctor no calman por completo los síntomas de la fibromialgia, se pueden buscar alternativas como la meditación, el yoga, masajes, terapia física e incluso un cambio en la alimentación.

"Mis dolores no han desaparecido ni por asomo, pero empecé a comer mejor y a ir a nadar a diario. Mantenerme activa y cuidarme me ha ayudado mucho. También empecé a ir al psicólogo, que aunque pensaba que eras una tontería, me ha cambiado la vida", termina esta madrileña contando a Vozpópuli.