El verano es el dinamitador por excelencia de nuestras rutinas y, una vez en casa, vemos cómo aparecen kilos de más y es que todos, en mayor o menor medida, tendemos a engordar durante las vacaciones, aunque nos hayamos presentado en plena forma,

No dormimos igual, no hacemos deporte igual, no descansamos igual y, evidentemente, no comemos ni bebemos igual. Aparcamos así tuppers de oficina o intentos de dieta sana por celebraciones y fiestas, donde lo habitual es que además encontremos un cierto remojón vestido de alcohol (que también ayuda a deshidratarte), invitado habitual a todo este tipo de acontecimientos.

Lo irónico es que es fácil engordar en verano, pero perdemos la consciencia de no comer mucho, y aún así volvemos con la maleta desecha y con un mensaje directo a nuestros michelines, razón por la que los gimnasios suelen aparecer en la lista de tareas pendientes del regreso a casa.

La pregunta es sencilla: ¿por qué solemos engordar en verano? y las respuestas, sencillas en la teoría, pero quizá más difíciles de aplicar en la práctica, nos las cuenta Mª Cruz Manzaneque, miembro de la Comisión de Sanidad del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunitat Valenciana (CODiNuCoVa) y dietista-nutricionista.

Engordar en verano: el origen de los kilos de más

Pongamos en la ecuación helados, desayunos buffet en el hotel, alcohol, picar entre horas, no comer en casa, dormir mal y alterar rutinas y veremos cómo nuestro cuerpo empieza a dejarse ir, cogiendo sin darnos cuenta algunos gramos (o kilos de más) que luego nos costará quitar.

Pregunta: ¿Por qué, a pesar de, en teoría, comer menos o tener menos apetito, es habitual ganar peso en verano? ¿Influye el hecho de que piquemos más o comamos menos cantidad por comida pero más espaciado o más veces?

Respuesta: Suele pasar que en verano tenemos más eventos sociales, en los cuales comemos grandes cantidades de alimentos calóricos y/o malsanos. 

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El ocio facilita que perdamos la noción de lo que comemos o bebemos, más aún cuando estamos en un período de desconexión. ©Pexels.
Los cambios de hábitos y no ser consciente de lo que comemos por estar pendiente de otras cosas o estar distraído es uno de los enemigos de coger kilos de más en verano. 

P: ¿Qué papel juegan la alteración de nuestras rutinas de sueño y comida en estos cambios de peso?

R: Aquí nos tendríamos que contemplar los ritmos circadianos que son cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo. Dormir por la noche y estar despierto durante el día, es un ejemplo de estos ritmos, los cuales están regulados por el reloj biológico. Un desajuste de este reloj puede conducir al desarrollo de patologías como la obesidad. En vacaciones, nuestras rutinas suelen estar alteradas, especialmente el ciclo vigilia-sueño. 

P: Imagino que no conviene amargarse más de la cuenta por esta ganancia de peso pero, ¿cómo podemos atajarla en el propio verano?

R: Exactamente, no conviene centrarse en la ganancia de peso. No obstante, es importante focalizarse en qué alimentos nos llevamos a la boca, si son saludables o no. En verano hay una amplia variedad de frutas y verduras que no se ofrecen en otras épocas del año. Aprovechar para probarlas, elaborar platos vistosos o pensar en ideas refrescantes que llevarte a la piscina o a la playa, pueden ayudarnos a mantener esos hábitos saludables que se nos olvidan en verano y, por tanto, evitar una ganancia de peso. 

P: ¿Qué papel juega la socialización y ciertos hábitos que en verano se multiplican, como podrían ser las cenas, las celebraciones o los cumpleaños, con coger peso?

R: En la mayoría de eventos sociales la comida suele ser la protagonista y, en muchos casos, el tipo de comida no es saludable. En vacaciones se dispone de más tiempo para socializar, por lo que se tenderá más a comer alimentos poco o nada saludables, dando lugar a un incremento de peso. Además, el irse de vacaciones es algo especial por lo que se comerá de manera especial. Y como siempre, esa especialidad no será muy saludable. 

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La alteración de rutinas e incluir en ellas elementos poco habituales, como los desayunos de hotel, juegan un papel clave en entender esta ganancia de peso. ©Pexels.
Socializar implica en muchas ocasiones que bebamos más alcohol de la cuenta o que nuestra dieta no sea tan saludable porque 'un día es un día', que en realidad también son enemigos de la báscula. 

P: ¿Qué pautas daríais para mantener la calma en aquellos hoteles donde existen todo incluidos o buffets libres, tanto de desayuno como de pensión completa, para el ‘gratuito’ no se convierta en un ‘all you can eat’?

R: Podría dar consejos como “pensar antes si se tiene hambre” o “mantener la calma”. Sin embargo,  es algo difícil cuando tienes delante un montón de comida en un tiempo limitado que te ha costado un dinero. Por lo que mi consejo sería: un poco de todo para probarlo (pequeñas raciones) y quitarse esas ansias desatadas. 

P: ¿Existe una cantidad clave de comida que debiéramos consumir en el desayuno (ya sea por volumen o por macronutrientes) y cómo complicar la digestión desde primera hora del día nos puede condicionar? ¿Cómo sienta a nuestro estómago que pasemos del café y la tostada al ‘menú completo de un buffet’?

R: Comer muchos alimentos en poco tiempo puede generar malestar por estar demasiado llenos. Pasar de desayunar poco a comerse medio buffet, puede no sentarnos bien. Aunque depende de cada persona. 

P: Abusamos de zumos y licuados en verano pero, ¿cómo prestarles atención y no atiborrarnos de sales -como con el gazpacho- o de azúcares -como en los zumos, batidos, horchatas?

R: Abusamos de estas bebidas por ser refrescantes. Es mucho mejor atiborrarse a gazpacho, salmorejos, batidos de frutas o de verduras hechos en casa que de zumos o bebidas azucaradas o edulcoradas porque aportarán más nutrientes, vitaminas y minerales. 

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Los helados, principalmente los cremosos, suelen tener una gran cantidad de calorías. ©Pexels.
La falta de apetito por el calor puede provocar que nos entreguemos a zumos, bebidas azucaradas o helados para saciar nuestra sed sin darnos cuenta de que también añadimos calorías a nuestra dieta.

P: ¿Qué alimentos o ingredientes, típicamente veraniegos, pueden ser los principales culpables de coger kilos de más durante esta época?

R: Generalmente son los helados, los polos, los refrescos azucarados y el alcohol [aunque conviene echar un vistazo a bebidas con menos grado alcohólico]. 

P: ¿Qué pautas darías para controlar esos cambios de peso asociados al verano?

R: Es conveniente ser consciente de lo que comemos y elegir las opciones más ligeras cuando se pueda.  En cualquier caso, hay que hacer caso a nuestro cuerpo y, cuando se tenga sed, elegir agua antes que otro tipo de bebidas y, por supuesto, comer muchas frutas o, en su defecto, batidos de frutas y verduras lo más caseros posibles. Aunque lo resumiría en no prohibirse nunca, sino, saber elegir y saber parar.

P: ¿Qué papel juega el alcohol a la hora de ingerir calorías vacías en verano y por qué somos menos conscientes de su ingesta -por regla general-?

R: El alcohol está relacionado con eventos especiales, que se salen de la rutina. Con el verano llegan las vacaciones, reuniones con amigos o familiares y festividades locales, por lo que su consumo aumenta.  No somos conscientes de lo que bebemos porque creemos que la ingesta que realizamos  es ocasional, sin embargo, es más habitual de lo normal.