Son cinco, como los dedos de una mano, esas enfermedades cuyo sufijo 'itis' nos suelen amargar las vacaciones. Hablamos de otitis y conjuntivitis, pero también de gastroenteritis, cistitis e incluso de faringitis, enemigas cotidianas de las vacaciones las cuales, sin ser especialmente graves, pueden amargarnos nuestros días de descanso.

El cambio de hábitos que el verano supone puede exigir a nuestro cuerpo una inmunidad extra frente a enemigos infrecuentes. El agua de la playa, el cloro de una piscina, los aires acondicionados, enfrentarnos a algún plato en mal estado e incluso las relaciones sexuales pueden convertirse así en el campo de batalla en el que nuestras defensas se enfrentan a ciertas agresiones externas.

Todos ellos forman la ristra de motivos capaces de hacer torcer nuestro gesto de forma más o menos grave durante nuestro período de relax. La mayoría desaparecerán sin apenas síntomas, solo estando presente unos molestos días y sin exigir tratamiento médico, pero en ocasiones acabarán demandando que pasemos por la consulta, lo cual se hace aún más ingrato cuando estamos fuera de casa.

De los ojos y los oídos, donde sobre todo en los más pequeños la guerra se libra en el día a día de piscinas y playas, a la garganta y las vías respiratorias, donde los aires acondicionados, los cambios de temperatura o las bebidas demasiado frías se convierten en agresiones permanentes. Sin olvidar, lógicamente, las reacciones que nuestro estómago tiene a estas afrentas estivales: productos en mal estado, mal atemperados o conservados e incluso un plus de alcohol en la dieta pueden hacer que nuestra salud gastrointestinal proteste. A ello también habrá que sumarle las vías urinarias, las cuales pueden ser agredidas desde algo tan trivial como la humedad de un bañador mal secado.

Hoy ponemos el foco así en cinco 'itis', infecciones e inflamaciones recurrentes durante los meses de calor, y cómo, en la medida de lo posible, intentar prevenirlas.

Conjuntivitis, otitis, cistitis... Cinco enfermedades afines al verano

Podríamos pensar que las prevalencias de algunas de estas patologías harán que nos libremos de ellas simplemente por una cuestión estadística. Por desgracia, ninguna de ellas está asociada en exclusiva a una franja de edad o a un género, aunque esto no signifique que no se den con mayor frecuencia en ciertos grupos de población.

Sería el caso de la otitis y de la conjuntivitis, siendo los menores de edad los que más suelen sufrirlas, o el ejemplo de la cistitis, que en su aparición estival suele ser más recurrente en el caso de las mujeres. Sin embargo, nadie está totalmente a salvo de sufrirlas porque su dni ponga lo contrario.

Qué es la otitis y cómo evitarla

Metamos en una coctelera calor y humedad y encontraremos el territorio propicio para que hongos, gérmenes y bacterias se reproduzcan a voluntad. Si a eso le sumamos, como en el caso de los menores, que sus conductos auditivos son más cortos que los de los adultos -por una simple cuestión fisiológica, el resultado está más que claro.

La ventaja es que atajada a tiempo se puede reducir su presencia al oído externo, pero si no se trata, esta infección puede llegar al oído medio, convirtiéndose en más dolorosa. En cualquier caso, ante la presencia de ella, se recomienda recurrir a la analgesia oral, como paracetamol o aines, según indican desde Sanitas, demandando así una visita al centro de salud en cualquier de los casos.

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No solo los niños están expuestos a la otitis en verano, aunque sí son más susceptibles. ©Gtres.

Evitar esta infección, caracterizada por una inflamación del oído, siendo la más común la otitis media (con presencia de líquido interno, ya sea con pus o sin pus), en la cavidad del oído medio, detrás del tímpano, no es complicado o, cuanto menos, podemos minimizar sus riesgos.

Evitar que entre agua en el conducto auditivo, sumergirte lo menos posible, bañarte en aguas con garantías de limpieza o una correcta higiene auditiva podrían limitar su presencia. En el caso de esa higiene, las recomendaciones pasan por secarse tras cada baño los oídos con una punta limpia de toalla o con una gasa, nunca con elementos contundentes o bastoncillos que puedan dañar la propia piel del oído.

Qué es la cistitis y cómo evitarla

Por definición hablamos de una infección de vejiga, aunque se pueden producir diversas inflamaciones o infecciones en el tracto urinario, tanto de hombres como de mujeres, que pueden ser la prostatitis o la uretritis, si hablamos del tracto urinario bajo o de una pielonefritis cuando alcanza al riñón, en la zona alta.

No es una enfermedad especialmente grave aunque sí molesta, caracterizada por dolor o escozor al orinar, necesidad constante de ir al baño (donde generalmente las micciones serán cortas pero recurrentes), cierta presión en la pelvis y, en ciertos casos, la dispareunia, que se trataría de relaciones sexuales dolorosas por esa inflamación.

Su presencia viene asociada a distintas bacterias, donde las infecciones de orina suelen ser producto de la denominada E.coli, una bacteria responsable de más del 75% de los casos. La aparición de este 'bichito', generalmente presente en las heces, se puede subsanar con una higiene perianal correcta o con orinar después de cada relación sexual, eliminando así a posibles bacterias.

En un orden no sexual, se recomienda cambiar los bañadores mojados tan pronto como sea posible y beber agua con frecuencia, además de regular los aires acondicionados a temperaturas no demasiado frías, ya que la alternancia de frío y calor puede generar las denominadas cistitis de repetición.

Qué es la conjuntivitis y cómo evitarla

Como todas las 'itis', la conjuntivitis es en este caso la inflamación de la conjuntiva, un tejido fino y transparente que recubre el interior del párpado y la parte blanca del ojo, cuya misión es mantener húmeda y protegida la superficie ocular. Si se inflama, puede provocar molestias, además de un color rojizo, que puede estar presente en uno o ambos ojos.

La cuestión es que en verano debemos discernir lo que puede ser una sencilla conjuntivitis irritativa, muy frecuente por la presencia de agentes externos como pueden ser el cloro, la sal o la exposición directa al sol, de las conjuntivitis víricas y bacterianas, siendo estas ambas altamente contagiosas.

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El uso de colirios y una correcta higiene ocular suelen ser suficientes para tratar la conjuntivitis. ©Gtres.

El agua no tratada, la arena de la playa, la tierra de una piscina o frotarse los ojos con las manos sucias al salir del agua, estando en contacto de continuos patógenos, pueden ser la vía de entrada de estas inflamaciones que exigen una visita al médico para descartar infecciones víricas o bacterianas.

Ojo rojo, aumento de las secreciones, escozor y ardor, legañas de mayor tamaño (sobre todo al despertarse), párpados hinchados o fotosensibilidad ocular son algunos de los síntomas más comunes. Por suerte, su tratamiento es relativamente sencillo. Mantener una correcta higiene ocular, lavando con suero fisiológico el interior y aplicar de forma exterior compresas frías para reducir la inflamación aliviará los síntomas.

En el caso de las infecciones bacterianas lo más probable es que el especialista o el médico de cabecera recete colirios tópicos antibióticos por vía ocular, pero en cualquier caso siempre será necesaria la presentación de la receta y la correcta diagnosis.

Qué es la faringitis y cómo evitarla

Lógicamente, en este caso hablamos de la inflamación de la faringe, lo que coloquialmente bautizamos como garganta, y cuya sintomatología es de sobra conocida: dolor al tragar, sensación de garganta seca, enrojecimiento e inflamación visible, e incluso dolores de cabeza o fiebre.

Pueden ser víricas y bacterianas, aunque el verano también hace de las suyas en ciertos cambios de hábitos que son especialmente perjudiciales para desarrollarla. Cambios bruscos de temperatura, consumo de bebidas excesivamente frías, el humo del tabaco, un mal uso de la voz (gritar, cantar alto, no calentar la voz), la inhalación de polvo, el abuso de aires acondicionados generando ambientes fríos y poco húmedos son circunstancias ambientales que pueden favorecer su aparición.

La parte positiva es que la faringitis suele desaparecer sin tratamiento en unos pocos días de reposo. Ayudará a su desaparición la realización de gárgaras suaves, la ingesta de agua y el consumo de tés o infusiones que ayuden a suavizar la mucosa faríngea. Si con el reposo y estas pautas no desaparece durante los primeros días, será conveniente acudir al médico si los síntomas persisten o se presentan episodios de fiebre.

Qué es la gastroenteritis y cómo evitarla

Topamos aquí con una de las sospechosas habituales en las consultas médicas durante el verano, afectando por igual a menores y adultos. Caracterizada por la inflamación de la membrana interna del intestino, hablamos de una infección de origen vírico y brusco surgimiento, con aparición de frecuentes deposiciones blandas, que incluso puede venir acompañada de vómitos o dolor abdominal.

También pueden incluir episodios de cefaleas, dolores musculares, fiebres, exceso de sudoración y la consecuente deshidratación, además de la lógica pérdida de peso y de apetito. En cualquier caso, la mayoría de gastroenteritis son de origen vírico, pero en verano aumentan aquellas toxoinfecciones que tienen que ver con ciertos agentes bacterianos que no se eliminan durante la elaboración de las comidas.

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Las gastroenteritis pueden ser producidas tanto por una infección bacteriana o vírica, como por una intoxicación alimentaria. ©Gtres.

Las altas temperaturas, la humedad y una incorrecta conservación de los alimentos puede hacer que la E.coli, la listeria o la salmonela aparezcan sobre este tapete, recomendándose así que evitemos alimentos especialmente susceptibles de estar contaminados por estas bacterias.

En cualquier caso, hacer desaparecer a estos incómodos bichitos será más fácil si mantenemos una correcta higiene alimenticia, cocinamos los alimentos y procuramos que su exposición a temperatura ambiente sea la mínima posible. Lógicamente, como en tantos casos de infecciones, mantener una higiene corporal correcta será una buena praxis para evitar transmitir los posibles virus que generen las gastroenteritis.

Si la sintomatología no remite y no podemos asociarla a un consumo de productos en mal estado o a una intoxicación alimentaria leve, se debe acudir al médico para descartar otro tipo de patógenos, ya que los síntomas de una gastroenteritis aguda no deberían superar los tres o cuatro días.