El fantasma de la depresión no entiende de estaciones, ni de suposiciones por las cuales el verano fuera ajeno, con su buen tiempo, a esta patología que podríamos pensar que solo atañe al invierno y al otoño. Reacciones físico-químicas de nuestro cuerpo coexisten así con factores ambientales como un mayor número de horas de sol o el aumento de temperaturas, sumando todo en una ecuación en la que nuestros cambios de hábitos también influyen.

Se genera así un traspiés de rutina que altera todo tipo de horarios, ya sean de comida, de sueño, de ocio o laborales, creándose así también una insatisfacción debido a la cantidad de planes que debemos llevar a cabo y que, al no conseguirse, acaban produciendo irritabilidad o frustración. Curiosamente, la sintomatología del trastorno afectivo estacional (término acuñado en 1984 por el doctor Norman E. Rosenthal, un psiquiatra sudafricano) varía en función de la época del año, siendo distintos los patrones durante las estaciones estivales y primavera frente a los de invierno u otoño.

En cualquier caso, las cuatro estaciones del año pueden ocasionar esta depresión, que afecta a entre un 1% y un 10% de la población mundial, teniendo una prevalencia mayor el TAE (trastorno afectivo estacional) en invierno, afectando más a las mujeres y produciéndose a partir de los 25 o 30 años, decreciendo con la edad.

Detonantes del trastorno afectivo estacional de verano

Lo que en un principio surgió bautizado como 'winter blues', que traduciríamos como depresión de invierno y que sienta las bases que Rosenthal propuso sobre el trastorno afectivo estacional invernal, ha acabado con el tiempo dando la razón a aquellos que consideraban que el verano también era susceptible de esta patología.

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La presión social de tener que divertirse en verano puede también ser un detonante del TAE. ©Pexels.

Si bien las diferencias ambientales son completamente distintas, ya que los desencadenantes no son similares. Como indica el doctor Rosenthal en este artículo de The New York Times, los síntomas también son distintos: "El TAE de verano es más que una depresión. Mientras que aquellos que padecen el TAE de invierno tienden a comer y dormir más de la cuenta, el TAE de verano muestra más insomnio y una disminución del apetito", una prueba que también vemos en los cambios en la segregación de melatonina propios de esta estación.

Entre esos factores ajenos, el propio artículo menciona varios estudios involucrados en los reguladores naturales del humor, como serotonina o dopamina, relacionados también con la regulación de la temperatura corporal. Todo ello formando parte de una causalidad probable con el termómetro, al hacer más calor y también cambiar la humedad ambiental, según asegura este estudio y es que, como considera la profesora de Psicología Kelly Rohan, de la Universidad de Vermont, "las personas con TAE muestran mayor sensibilidad a los cambios ambientales".

A ello se suman de forma trascendental los cambios en nuestros hábitos, principalmente la sensación de vacío que puede generar el no tener a nadie a cargo o, precisamente, todo lo contrario, como podría ser no desconectar en verano al tener que gestionar distintas agendas. Lo que asegura la doctora Rohan en Psychiatry Advisor.

"Padres que tienen el estrés habitual de cuidar de los menores porque estos están de vacaciones o los estudiantes que han perdido sus rutinas o autonomías al volver a casa pueden convertirse en depresivos", explica. Algo que luego también choca con el componente cognitivo del TAE veraniego, donde explica la relación de éste con la felicidad: "Las personas con el TAE a veces piensan 'todo el mundo es feliz y disfruta del verano, pero yo no. ¿qué pasa conmigo?'". Por ese motivo, también es importante no sobrecargar la agenda o poner demasiadas expectativas en un verano irreal, como consejos para disfrutar de las vacaciones.

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Las causas del TAE veraniego pueden ser ambientales, cognitivas y sociales. ©Pexels.

Se produce así una sintomatología variable que incluye el insomnio y la falta de apetito, que puede venir aparejada de una pérdida de peso, además de una mayor ansiedad, estar bajo de ánimos, experimentar episodios de tristeza injustificada e incluso producirse casos de conducta violenta, según explica National Institute of Mental Health.

Cómo tratar la depresión del trastorno afectivo estacional

El control de los factores ambientales puede ser clave para frenar la aparición del TAE, pudiendo recurrir a remedios bastante fáciles o caseros, como explica la doctora Rohan en PsychiatryAdvisor al mencionar la sintomatología relacionada con el clima. "Intervenciones térmicas como mantenerse en zonas con aire acondicionado o menos húmedas podría ser de ayuda", asegura, comentando también que una mujer con un desorden bipolar, cuyos síntomas se disparaban en el período estival, mejoraba al confinarse en una casa con aire acondicionado y tomando duchas frías.

En ese caso, también explica que en aquellas personas donde el detonante pueda ser la excesiva luminosidad, la solución podría pasar por "utilizar persianas que oscurezcan la habitación o cortinas que bloqueen la luz para simular el invierno", algo más necesario en países en latitudes superiores donde las horas del día pueden superar las 18 horas de luz natural.

Por último, menciona recurrir a la psicoterapia, que se ha mostrado efectiva en el caso invernal. "La terapia aborda el pensamiento negativo y la tendencia a aislarse durante el estío, pudiendo ser de tanta ayuda como en el invierno".