Durante un par de minutos y al menos dos veces al día, así recomienda cepillarse los dientes la Fundación Dental Española, recomendando al mismo tiempo que una vez al día utilicemos también un cepillo interdental para mantener nuestra higiene dental en perfecto estado de revista.

Lógicamente, amén de estas recomendaciones, nuestra salud bucal no solo pasa por el trabajo posterior de cepillado, sino también de nuestros hábitos culinarios. Aparcar los productos excesivamente dulces, abandonar la tendencia de los snacks y picar entre horas y, sobre todo, despedirse del alcohol y del tabaco serán buenas pautas para que nuestros dientes nos duren mucho más tiempo.

De tiempo es precisamente de lo que hoy queremos hablaros para que no salgáis corriendo al cuarto de baño una vez que hayáis terminado de comer, intentando desprenderos de esa sensación de 'suciedad' que a veces podemos tener cuando acaba la comida. En un sentido parecido también conviene destacar que no siempre nos lavamos bien los dientes, ya que las pautas para una correcta higiene dental no las cumplimos a rajatabla, a pesar de ser bien sencillas para lucir sonrisa.

En cualquier caso, sabemos que hay enemigos más feroces para nuestra salud bucodental como aquellos alimentos que tienden a oscurecer nuestros dientes, los que provocan halitosis o mal aliento e incluso las causas de una incorrecta masticación.

Los enemigos naturales de nuestros dientes

Todo aquello que tiña el esmalte dental como pueden ser el café, el vino tinto o los frutos rojos son malas compañías para nuestros incisivos, caninos y molares. Tampoco les hará ilusión que nuestra dieta esté cargada de dulces y azúcares, caldo de cultivo espectacular para que las bacterias se pongan las botas a los pies de nuestras encías y, por supuesto, tampoco debemos olvidar el daño que ciertas bebidas carbonatadas o ácidas pueden causar a nuestra dentadura.

Sobre todo a aquellos dientes de más difícil acceso, como los molares, dispuestos en la parte final de la boca y más complicados de cepillar. En ese sentido, también las piezas frontales como los incisivos están sujetas a esa incomodidad, al ser la primera fila de dientes y la que primero recibe el impacto de estas bebidas, por lo que se recomienda beberlas con pajita, ya que la agresión dental es menor.

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Conviene beber un vaso de agua o enjuagarse antes de lavarse los dientes, para ayudar así a la saliva a eliminar restos más fácilmente. ©Pexels.

Esto puede ser el caso de refrescos industriales, cargados de ácido fosfórico, pero también de zumos naturales como el de naranja o el de limón, cuyo ácido cítrico contribuye a disolver las sales de calcio de la superficie dental, debilitando al propio diente y abriendo así una brecha que las bacterias puedan aprovechar.

Sin embargo, hay que discriminar según alimentos para saber si debemos cepillarnos los dientes lo antes posible o, por el contrario, dejar un margen para que nuestra boca segregue saliva y con ello contribuyamos a una correcta higiene dental.

Por eso, en el caso de comer alimentos dulces o ricos en hidratos de carbono, grasas y proteínas, la mejor recomendación es cepillarse los dientes con prontitud, incluso estimulando previamente el cepillado con un enjuague de agua, que ayudará a expandir mejor la saliva. Esto lo podemos extrapolar a todo tipo de dulces, a carnes, pescados, verduras y, evidentemente, pastas y arroces, ricos en carbohidratos.

Cuándo no cepillarse los dientes inmediatamente

Resulta curioso que a nuestra salud bucodental les ataquen de manera tan directa productos aparentemente dispares como pueden ser el azúcar y los ácidos, que en nuestra lengua se convierte a nivel gustativo en las completas antítesis. Sin embargo, nuestro cepillado de dientes también debería hacer esa discriminación.

Si hemos dicho que, a los azúcares cuanto antes nos los quitemos de encima, mejor. Así lo aclara Jorge Ferrús, implantólogo y periodoncista y cofundador de la Clínica Dental Ferrus & Bratos de Madrid: "Tras comer alimentos con un alto contenido en azúcar sí que es conveniente que nos lavemos los dientes cuanto antes, con el fin de evitar que las bacterias empiecen a liberar los ácidos responsables de causar las caries dentales".

Curiosamente, con los productos ácidos nos pasa exactamente lo contrario: hay que dar algo de margen a nuestra boca para que los vaya debilitando. Es aquí donde la saliva gana enteros, ya que su pH es lo que denominaríamos neutro, estabilizado entre el 6,7 y el 7,4 y donde nuestra boca estaría protegida.

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Dos minutos es suficiente tiempo para cepillarse los dientes, siempre que sea a conciencia y en todas las zonas, incluyendo la lengua. ©Pexels.

Por contra, cuando aparecen productos que nos sacan de esa zona de confort como puede ser un zumo de limón o un refresco de cola (pH del 2,5), un zumo de naranja (alrededor del un 3,5 de pH) o incluso tés, cafés o cervezas, cuyo pH oscila entre los 4,5 y los 5,5, tendremos que poner otro tipo de solución para no lavarnos los dientes inmediatamente, ya que provocan más desgaste dental.

Así confirma estas razones el doctor Jorge Ferrús, desde la Clínica Dental Ferrus & Bratos de Madrid: "Si hemos ingerido alimentos ácidos, es conveniente que nos enjuaguemos con un poco de agua antes de lavarnos los dientes, con el fin de retirar los restos de la superficie dentaria".

¿Por qué? Porque los ácidos naturalmente presentes en algunas de estas bebidas pueden expandirse con el cepillado, extendiéndolos por el resto de la boca. Por este motivo, la mejor opción es cepillarse los dientes al menos 30 minutos después de haberlo consumido, tiempo suficiente para dejar que nuestra saliva haga su trabajo y neutralice esos ácidos, responsables de dejar al diente más blando y dando tiempo así a que el calcio se readhiera a la superficie dental, a lo cual podemos ayudar con ese traguito de agua que mencionamos anteriormente.