Si alguna vez has dicho palabras como "correr me da urticaria", realmente no estás hablando de alergia al ejercicio físico como tal, sino una nula predisposición a querer hacer deporte. La realidad es que, oficialmente, sí puede existir un tipo de alergia relacionada con el ejercicio o, más concretamente, una anafilaxia inducida por el ejercicio físico.

Oficialmente diagnosticada en 1979 y con apenas 50 casos por cada 100.000 habitantes, esta alergia podríamos catalogarla dentro de categoría de raras, afectando por igual a hombres y mujeres maduros. En nuestro país se estima que hay unos 14 millones de alérgicos (principalmente a los pólenes), a muchos de los cuales la mascarilla contra la covid-19 les puede venir bien.

Los síntomas de ésta son los habituales y se desarrollan en torno a los 30 o 60 minutos de haber comenzado a practicarlo. Entre ellos encontramos un aumento de la temperatura corporal, pero también picores y mareos, además de síntomas bastante reconocibles de las reacciones alérgicas, distribuidos en varias partes del cuerpo, según datos de la Sociedad Andaluza de Alergología e Inmunología Clínica.

Pueden ser cutáneos, como un enrojecimiento difuso, picor y urticarias, además del angioedema; también puede haber síntomas respiratorios, como la rinitis, el broncoespasmo o el edema laríngeo; gastrointestinales, tales como náuseas, vómitos, diarrea o dolores cólicos; y cardiovasculares como pueden ser la hipotensión, la taquicardia, diferentes tipos de arritmias o, llegando a casos muy extremos, el infarto o la parada cardíaca.

¿Es realmente alergia al ejercicio?

Sentimos decepcionar a aquellos que se hubieran aferrado al clavo ardiendo de esta alergia para no salir a correr, porque el deporte no es de por sí el causante de la alergia. Los culpables son ciertos tipos de alimentos, sospechosos habituales en cuanto a alergias alimentarias, que serían los responsables de esta reacción en cadena no del todo clara.

Ciertos alimentos como los frutos secos, el tomate, el ajo o la harina de trigo son los inductores más frecuentes de esta anafilaxia. ©Pexels

Ciertas hipótesis aluden a un aumento del flujo sanguíneo durante el ejercicio, lo que podría desplazar células inmunitarias sensibles (por así decirlas, las pondrían en alerta). Por el otro lado, algunas proteínas del intestino se comportarían de una manera determinada durante la actividad física, al interactuar con alimentos o medicamentos responsables de la reacción alérgica.

Por tanto, cuando hablamos de anafilaxia inducida por ejercicio, debemos saber que los iniciadores de ésta van a ser los alimentos que hayamos ingerido previamente a la práctica deportiva y a los que ya tendremos una sensibilidad previa -esté o no diagnosticada-, siendo algunos de los más frecuentes los siguientes:

  • Harina de trigo
  • Ciertas frutas, como la uva, la manzana, la naranja o el melocotón.
  • Ciertas verduras como la lechuga, el apio, el tomate o el hinojo.
  • Algunos frutos secos como las nueces, las avellanas y los cacahuetes.
  • Varios productos de origen animal, especialmente los moluscos (gambas, langostinos, ostras...) y en ocasiones el huevo la leche de vaca

Encontrar el diagnóstico

Esta reacción anafiláctica no se desarrolla siempre, ni tampoco tiene que ver directamente con la cantidad de deporte realizado el hecho de que se produzca o no, pero es susceptible de aparición. Para ello, habría que prestar atención a cuatro criterios diagnósticos diferentes, como podrían ser un par de episodios de síncope; la urticaria generalizada con habones de tamaño mediano; un colapso sin vinculación a disfunciones viscerales o la propia anafilaxia, ajena en este caso a elevaciones de la temperatura corporal como podrían ser las duchas calientes o la fiebre.

Ya entrando en la propia consulta, hemos de tener claro que el diagnóstico de estas anafilaxias se establecen por la historia clínica del paciente, al que se le realizarán diversas pruebas de alérgenos alimentarios, en ocasiones recurriendo a pruebas de esfuerzo (con ingesta y sin ingesta del alérgeno), y hemos de remarcar que cualquier tratamiento para evitar esta reacción anafiláctica al ejercicio es preventiva, es decir, habría que evitar el alimento en cuestión responsable de la alergia en las horas previas al ejercicio.

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No se trata de una alergia al ejercicio en sí, sino de una reacción desencadenada por deporte y otras alergias, generalmente alimentarias. ©Gtres.

En caso de que sea inevitable el consumo de estos, o que se hayan consumido, es conveniente que las personas que sufran este tipo de alergias tengan a mano ciertos medicamentos como antihistamínicos o cromonas, además de ser consciente de su condición, por lo cual se le debe enseñar el uso de la adrenalina por si aparecieran de nuevo los síntomas. Además, aquellos personas que sean asmáticas, incluso las que tengan asma alérgico, serán más susceptibles de poder sufrir estas reacciones.

Ahora que ya sabemos un poco más de cómo cuidarnos a la hora de correr, quizá sea el momento de volver a pasar por la consulta del alergólogo y salir de dudas sobre qué nos sienta mal y así olvidarnos de la alergia al ejercicio físico.