ESTADOS UNIDOS

El rifle, báculo de Trump

Oklahoma es uno de esos estados donde se pueden llevar armas, donde no sorprende ir a hacer la compra a Walmart y toparte con un individuo con su revolver en su cintura.

El rifle, báculo de Trump.
El rifle, báculo de Trump. EFE

Ha sido una semana para las cifras. Y una de ellas, la que hacía la centena en la presidencia de Trump, ha servido para que los periodistas y los medios de comunicación del mundo entero especularan, indagaran y sostuvieran sentencias que, en relación al actual presidente, sirven de muy poco siendo como es: imprevisible, guiado por impulsos y por instintos que se sobreponen a lo primario.

Trump se dio un baño de masas donde sabe que se le enjabona con elogios con facilidad, con sus acólitos de la Asociación Nacional del Rifle

Todos enloquecieron en un trabajo de hemerotecas, arañando citas, comprobando frases y tweets. Y olvidaron una agenda en la que le resbala lo que opinen los otros, lo que elucubren mentes ajenas alejadas de una realidad, la suya, que nadie, ni siquiera él mismo, conoce. Por eso, en unos días donde muchas de sus razones pierden consistencia, trató de darse un baño de masas donde sabe que se le enjabona con elogios con facilidad, con sus acólitos de la Asociación Nacional del Rifle, ese grupo multitudinario de fieles que le apoyaron en una campaña a fuego abierto en la que para ellos su futuro presidente podría delimitar su libertad de tenencia de armas.

Porque la Segunda Enmienda de la Constitución ha estado, fundamentalmente durante el mandato de Obama, en entredicho. Los tiroteos habituales en muchas partes del país debido a la libertad de portar armas en muchos estados independientemente de la capacidad y estabilidad emocional del portador supusieron que los Demócratas trataran de limitar un uso que, incluso a  mí, me amedrenta. Oklahoma es uno de esos estados donde se pueden llevar armas, donde no sorprende ir a hacer la compra a Walmart y toparte con un individuo con su revolver en su cintura, donde evitas cualquier mínima discusión de tráfico por si acaso, donde las convenciones de armas de fuego y las exhibiciones en ferias y fiestas son algo habitual… donde defienden la propiedad con ellas y se justifica su uso en esos casos con la ley en su amparo.

Los casi quince millones de dólares donados por la NRA –siglas en inglés de la Asociación Nacional del Rifle- han hecho que los republicanos se aferren a este grupo de presión

Pues bien, a finales de la semana pasada, en Atlanta, Donald Trump apareció al abrigo de una multitud que le jaleaba, para defender su credo político y lanzar dardos al anterior gobierno demócrata por una política en ocho años marcadamente en contra. Junto a él también hicieron acto de presencia pesos pesados de su partido como el ex candidato Ted Cruz o el actual gobernador de Florida, Rick Scott. Los casi quince millones de dólares donados por la NRA –siglas en inglés de la Asociación Nacional del Rifle- han hecho que los republicanos se aferren a este grupo de presión por encima de ideales que, incluso a algunos de ellos, les chirrían. Pero no a Trump. Conviene reseñar que desde Ronald Reagan, en 1983, ningún presidente había asistido a las convenciones anuales de estos asociados.  Un paralelismo más entre los que buscan coincidencias, cada vez mayores, entre Reagan y Trump.

Pero lo mejor fueron sus frases, esas citas que hicieron que las hordas de los asistentes adularan el ego del presidente. “Sois mis amigos, creed en mí” decía ante el micrófono Trump al lobby de las armas, un negocio que mueve millones de dólares en el país. “Habéis sufrido ocho años de ataque a la Segunda Enmienda y esto ha llegado de forma fulminante a su fin” aseguraba antes de insistir en dos eslóganes fundamentales en su campaña que hicieron enloquecer a los asistentes: “Vamos a construir el muro” y “Voy a hacer EEUU grande de nuevo”. Incluso se atrevió a citar a Dios, no en sus plegarias ni en bendiciones, sólo en un derecho divino que justifica las razones de quienes llevan armas: “La libertad no es un regalo que da el gobierno, es un regalo de Dios. Por eso nunca voy a atentar contra el derecho a portarlas”.

El día a día en esta parte del país sostiene, entre citas y aplausos gratuitos, un presidente cada vez más fuerte

Por el medio, ha habido mucho más. Al otro lado del Atlántico han vendido el centenar de días y sus promesas incumplidas. El porcentaje de tweets en su ocio nocturno dirigido en la soledad de la Casa Blanca, el incremento de la amenaza nuclear con Corea del Norte… pero el día a día en esta parte del país sostiene, entre citas y aplausos gratuitos, un presidente cada vez más fuerte que sabe bajar a la arena donde no necesita fajarse demasiado. El resto, de momento, importa poco. A él, mucho menos.


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