ESTADOS UNIDOS Obama se despide a lo Trump

Pese a la aceptación de esa relación asimétrica entre EEUU con Cuba y otros países latinos, sorprende que haya sido Obama el que haya tomado la medida que se le esperaba a Trump.

Barack Obama, en una imagen de archivo.
Barack Obama, en una imagen de archivo. EFE

Imaginen un juego. Adivinar pensamientos, ideas en discursos. Si alguien dijera, ahora o hace escasos meses, que en EEUU “tenemos un problema con la inmigración ilegal” seguro que todos pondrían en la diana al próximo presidente del país a partir del viernes día 20, Donald Trump. Cierto. Lo dijo durante su campaña en diversas ocasiones. Pero más de veinte años atrás, otro presidente, Bill Clinton, demócrata, repitió esas palabras en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1996.

De las palabras de ambos, se concluye algo evidente a todas luces: la inmigración es un problema, estructural y social, pero problema en este país en cuanto a las medidas que tienen que dar respuesta desde su génesis hasta su fin. Por eso, una contextualización correcta debe fundamentar una exposición adecuada de motivos para entender la derogación, el pasado 12 de enero, por parte de Obama de la ley conocida informalmente como Pies Secos, Pies Mojados“wet feet, dry feet policy”, que  revisaba la Ley de Ajuste Cubano de 1966. 

Solamente aquellos cubanos que hubieran sido capaces de pisar tierra –pies secos- lograrían podrían permanecer en EEUU y aspirar a la ansiada Tarjeta Verde

Contextualizando el momento, se debería retroceder cincuenta años y explicar, pormenorizadamente, la relación de dos países antagónicos en las formas y con reticencias morales e ideológicas en los fondos. Porque la Ley de Ajuste permitía a todos los cubanos huidos de la isla que acreditaran un año en el país acceder a la residencia permanente. Importaba poco la forma de haber llegado a territorio estadounidense. Las diferencias ideológicas entre ambos estados solucionaban cualquier impedimento. Casi, treinta años después, en 1995, la administración Clinton, tras conversaciones con el gobierno de Fidel Castro, variaba los términos del acuerdo, entrando en vigor un año después la ley “wet feet, dry feet policy” por la cual solamente aquellos cubanos que hubieran sido capaces de pisar tierra –pies secos- lograrían podrían permanecer en EEUU y aspirar a la ansiada Tarjeta Verde, tarjeta de residencia. Todos aquellos que hubiesen sido detenidos en el mar –pies mojados-, sin alcanzar la costa, serían enviados de vuelta a Cuba o a otro país. 

A toda esta breve historia habría que unir el nombre del presidente demócrata Jimmy Carter, predecesor de Reagan, y artífice de una de las medidas más controvertidas en las relaciones USA-Cuba de los últimos cuarenta años: el éxodo de Mariel, en 1980. Durante siete meses de aquel año más de cien mil cubanos abandonaron la isla para llegar a Florida tras un acuerdo de su administración con Fidel. Pero el dictador cubano les dio gato por liebre vaciando las cárceles del país para enviar no solo presos políticos, sino también delincuentes convictos que siguieron cometiendo delitos en EEUU y que hicieron de Miami, a principios de los ochenta, una de las ciudades más peligrosas del país. La películaScarface, con Pacino y Andy García, explica aquella realidad vivida. Otros también se acuerdan de Corrupción en Miami, aquella serie donde los cubanos eran los reyes de lo ilegal. Normal. Habían sido casi veinte mil los exiliados que procedían de las prisiones cubanas.

La película Scarface, con Pacino y Andy García, explica aquella realidad vivida

Con estos cimientos se entiende la situación de los, para algunas latinos, “privilegiados” cubanos. Desde ese prisma no se comprende y, por lo tanto, se aplaude, la medida tomada por Obama. No solo en Cuba se vivían momentos convulsos para la población a nivel político, también en varios países centroamericanos. “La gente huía también de El Salvador, Nicaragua, Honduras… inmersos en guerras, y llegaban a EEUU donde no recibían la residencia y tenían que aplicar como otros inmigrantes más” señala desde Miami un abogado español que evita identificarse para evitar suspicacias de muchos cubanos que son parte de su clientela. “Se les hicieron muchas concesiones, que no digo que no las merecieran, pero no eran los únicos que sufrían y que llegaban a este país” indica. 

Por eso, pese a la aceptación de esa relación asimétrica entre EEUU con Cuba y otros países latinos, sorprende que haya sido Obama el que haya tomado la medida que se le esperaba a Trump. Llevaba los últimos años el gobierno estadounidense buscando limar asperezas con La Habana, pero la visita de Obama del pasado mes de marzo fue el trampolín que permitió un aperturismo que, sobre el papel, solo ha supuesto concesiones de los norteamericanos, como la derogación de esta ley que iguala a todos los inmigrantes que pisen territorio USA: “Vamos a tratar a los inmigrantes cubanos igual que a los inmigrantes de otros países” decía el pasado jueves el todavía presidente. La letra pequeña advierte que solo aquellos que muestren verdaderos motivos políticos podrán acceder a la residencia, algo parecido a lo que está sucediendo con los exiliados venezolanos.

De momento, muchos se sienten traicionados por Obama y eso, a Trump, no le incomoda para nada

Cuba, hasta la fecha, aplaude la medida sin hacer una sola concesión importante más allá de las económicas ligadas al turismo, fundamentalmente, aunque la aceptación de deportados por parte de EEUU está sobre la mesa, algo que hasta la fecha era negado por las autoridades cubanas. De ahí las furibundas críticas a Obama por parte de la oposición cubana en Miami que alude a la no liberación de presos políticos en las cárceles del régimen del ahora presidente, Raúl Castro. 

Volviendo al juego del inicio. Imaginen lo que hará Trump. De momento, muchos se sienten traicionados por Obama y eso, a Trump, no le incomoda para nada. Ha evitado un enfrentamiento con una comunidad latina muy poderosa en Florida que, en muchos casos, le mostró su apoyo en campaña. Y sostengo que no revertirá la medida, como quiere hacer, por ejemplo, con el Obamacare. Podría ser muy contradictorio hacerlo porque iría contra sus propias palabras cuando se postulaba a presidente y abriría heridas entre todos aquellos acólitos que, sin contemplaciones, han aplaudido su ira verbal de las últimas fechas. Tener contento a los palmeros es algo que maneja como nadie.


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