ESTADOS UNIDOS Estadounidenses por encima de todo

No creo en Donald Trump, pero creo en los Estados Unidos de América. Hemos sobrevivido a malos presidentes antes y sobreviviremos a este.

Kyle Flores, latino y votante de Donald Trump.
Kyle Flores, latino y votante de Donald Trump. Ángel García

No voy a hablar de política. Tampoco voy a analizar nada relativo a ella. No quiero escribir de algo tan manido últimamente como el discurso de Trump, de las manifestaciones en su contra, de su populismo microfónico, de los medios que, para bien o para mal, escrutan sus mensajes… en fin, de dos meses divagando sobre una realidad republicana que ha comenzado a contar sus días de dominio. Voy a escribir para hablar de la gente de este país, de esos ciudadanos que se avergüenzan de su presidente o de los que le apoyan hasta la extenuación. Voy a hablar de una gente que hace que su país sea más grande pese a las diferencias ideológicas, a la opinión de la élite de las grandes ciudades y hasta de la percepción que tenemos desde fuera de sus fronteras con muchos estereotipos sociales, económicos y morales. Voy a hablar del orgullo de sentirse ciudadano estadounidense, esa identificación moral en su solapa que les hace reponerse a lo indeseable.

Esa interpretación sesgada de la información que ha llegado a Europa es la que ha sucumbido en una realidad que emergía a borbotones y que ahora se ha visto consolidada

Y, para ello, parto de una base: vivo en Oklahoma, estado republicano por los cuatro costados como expresión, pero fortalecido ideológicamente en estas pasadas elecciones por los resultados de estados limítrofes donde arrasaron los de Trump. Hablo de Arkansas, por ejemplo, estado natal de Bill Clinton y de donde fue gobernador, donde el odio hacia el ex presidente es visceral. Por eso, es fácil pensar que tiene que haber algo que haya hecho bien –mejor, escupido- el nuevo presidente para haber arrasado allí donde los medios demócratas de la costa este apenas prestan atención. Porque esa interpretación sesgada de la información que ha llegado a Europa, con un altavoz irreverente que banalizaba lo que sucedía en el resto del país, es la que ha sucumbido en una realidad que emergía a borbotones y que ahora se ha visto consolidada.

Quemar la bandera americana no muestra odio por Trump, desacredita a todos los hombres y mujeres que dieron su vida por ella.
Quemar la bandera americana no muestra odio por Trump, desacredita a todos los hombres y mujeres que dieron su vida por ella. @EARLDIBBLESJR

Porque más allá de esos modelos que asocian ser republicano con ser conservador, su significado cambia aquí, al menos para el pueblo. No existe ese vínculo hacia la homogeneidad de ideas que podríamos pensar hacia un conservador en nuestro país. Sí que hay unos pilares básicos –aborto y economía– donde no conviene traspasar la línea. Aunque la heterogeneidad es marcada por los estados, valga el ejemplo en este país de uno de ellos, Carolina del Norte, donde uno puede ser despedido por su condición sexual y en otros, también republicanos como en el que vivo, donde la orientación sexual se vive de forma abierta y natural, sin ningún tipo de consecuencia laboral ni social. Ideológicamente ser republicano se asocia más a factores económicos… hasta la llegada de Trump. Porque el nuevo presidente ha pregonado en voz alta lo que nadie se había atrevido a decir nunca hasta ahora. Su dictado es seguido por un colectivo muy pequeño que comulga con él en todos sus postulados.

En mi trabajo, el viernes, día de la investidura, se vivía esa vida cotidiana con apenas señales de abatimiento

Digo esto, pensando en todos esos artículos que se leen y que cuentan la sensación de vergüenza que sienten algunos –dudo que muchos– sobre su país, a pesar de su máximo dirigente. En mi trabajo, el viernes, día de la investidura, se vivía esa vida cotidiana con apenas señales de abatimiento. Siempre expresivos mis compañeros nativos del país, mostraban mensajes en redes sociales y algunas conversaciones donde quedaba claro su posicionamiento hacia el futuro, lo más importante a sus ojos. “Más allá de que me guste o no, no quiero que falle Donald Trump. Si lo hace falla todo el país, y eso sería negativo para todos. Hay que apoyarle y punto. Si queremos ser el gran país que somos debemos mostrarnos unidos” comentaba una compañera que me enseñaba mensajes de pastores de distintas iglesias de la ciudad donde apenas se citaba a Trump pero sí al futuro común que se abría en el horizonte.

Circula por Facebook un mensaje en el que se equipara al nuevo presidente con un piloto de un avión que es EEUU. Los comentarios no dejan huérfanos de voluntades nacionalistas a nadie. Que el avión no se estrelle es la metáfora de un anuncio cuyo fondo expone el patriotismo de un pueblo orgulloso de serlo, sin esas fisuras que algunos se encargan de airear. Porque manifestaciones ha habido muchas unificando mensajes con la libertad de una constitución que sirve de sustento. Una amiga y compañera, Jeanne Hunt, era explícita en una idea que no tuvo reparo en compartir: “No creo en Donald Trump, pero creo en los Estados Unidos de América. Hemos sobrevivido a malos presidentes antes y sobreviviremos a este” señalaba. Apelando a su fe, algo muy habitual entre la población, continuaba comentando que “rezo para que el hombre que estará cuatro años dirigiéndonos nos haga más fuertes y más unidos de lo que hoy somos”.

No creo en Donald Trump, pero creo en los Estados Unidos de América. Hemos sobrevivido a malos presidentes antes y sobreviviremos a este

Jeanne Hunt

Me viene a la memoria, en un viaje que hice por Montgomery, Alabama, hace tres meses, unas palabras a la puerta de la iglesia donde Martin Luther King fue pastor, Dexter Ave King Memorial Baptist Church. La encargada, como representante de un colectivo afroamericano, ante mi pregunta sobre una posible victoria de Trump, me decía que “pese a que no me gusta, no siento temor. Si gana es porque Dios lo ha dispuesto así”. Otra vez el credo en la frente.

Otros  festejaban este viernes con una alegría inusitada. Incluso se atrevían a mostrar camisetas de apoyo a Trump –algo apenas exhibido en campaña más allá de los mítines o de los carteles en los jardines–. Resultaba curioso encontrarse en una gran superficie a un latino, segunda generación mexicana en el país, orgulloso luciendo en su ropa el mensaje que ha catapultado al republicano. "Le doy las gracias a Obama por hacerme el republicano que soy” decía Kyle Flores evaluando “la pésima gestión que ha hecho” mientras me permitía fotografiarle. Su madre, a su lado, defendía también al nuevo presidente: “Que seamos latinos no tiene porqué significar que no nos guste Trump. Sus ideas son buenas y solo busca seguridad y más trabajo para todos” afirmaba antes de ser interrumpida por un desbocado Kyle, que exculpaba todos los exabruptos del actual presidente en campaña: “dice lo que queremos escuchar porque está cerca de la gente y sabe lo que necesitamos. Este es un país de trabajadores, donde todos nos esforzamos, un valor que se estaba perdiendo con Obama” sentenciaba.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba