Música

Cuánto aporta un 'clic' a la industria de la música: la explotación de las obras online

En la era 2.0 las plataformas UGC, de contenidos generados por usuarios, se han convertido en una de las principales herramientas para consumir música, pero existen contradicciones a la hora de determinar si existe o no transferencia de valor 

The Smiths, en una tienda de vinilos
The Smiths, en una tienda de vinilos

A Youtube se suben cada minuto 480 horas de vídeo. De estas solo una parte representa a contenidos relacionados con la música, pero, según publica el informe de IFPI 'Connecting with music. Music Insight Report Costumer', el 86% de los usuarios utilizan las plataformas UGC (de contenidos generados o subidos por usuarios) para escuchar canciones. No solo eso, el 46% de los internautas eligen Youtube para hacerlo.

Desde la SGAE ya aseguraron a este periódico que las leyes actuales en relación a los derechos de autor en la red están "obsoletas y anticuadas". Es una legislación que data de hace décadas, por lo que, como señaló su directora de Asuntos Regulatorios Internacionales y Mercados Digitales, Cristina Perpiñá, no pudieron prever plataformas online con tantos contenidos como Youtube. ¿Pero qué ocurre con los ingresos a la industria?

Conviene distinguir entre dos derechos: los de autor y los de explotación. Si existen los primeros son las entidades de gestión las que tienen la obligación de recaudar los ingresos que reciben y realizar el reparto correspondiente. Sin embargo, si se habla de derechos de explotación la cosa cambia. Los poseen aquellos que producen las discográficas y las labors (Universal, Warner, Sony…), como explica el mánager de Políticas Públicas de Google –adquirió Youtube en octubre de 2006-, Antonio Vargas. Estas distribuyen todo el dinero que ha generado un vídeo no necesariamente a autores, sino también a intérpretes.

En definitiva, todo aquel que crea una canción, música o una película tiene el derecho de explotación, el derecho económico. Es el único que puede lucrar del mismo.

El CPC o coste por clic es simplemente eso, cuánto se ingresa un anunciante por un clic

En este caso Youtube actúa de la siguiente manera. Da tres opciones al autor cuando se ha subido un vídeo con su música: permitir la publicación como herramienta de difusión; bloquear el contenido; u obtener beneficios económicos a través de anuncios, esos que se pueden saltar pasados cinco segundos. Según Pablo Fernández Burgueño, abogado de propiedad intelectual y fundador de Escila, esta UGC da la "oportunidad de elegir si obtener una rentabilidad o no en relación a la música que se produce dentro de la plataforma".

El coste por clic

Aquí entra en juego la publicidad. En los medios tradicionales los anunciantes que publican anuncios se rigen por el CPM (coste por cada mil impresiones). Los que quieren publicitarse establecen el precio que desean por mil anuncios. Pero la era 2.0 ya es más que una realidad y el coste debe medirse por clics. El CPC o coste por clic es simplemente eso, cuánto se ingresa un anunciante por un clic.

La respuesta a cuánto se paga por un clic, en este caso en Youtube, no es cerrada: depende de muchas variables. Depende del país, de la estacionalidad, de las tendencias económicas globales y de los cambios en la cantidad de espectadores. Asimismo, las macrotendencias marcan el valor de los anuncios. La oferta y la demanda globales, el ecosistema de la industria publicitaria, y, por supuesto, los factores específicos de la plataforma de Google.

La ingente cantidad de consumo de música a través de visualizaciones de vídeo se traduce en tan solo un 18% de los ingresos

Por su parte, Antonio Guisasola, presidente de Promotores de Música de España (Promusicae), alude a la publicidad como algo que no beneficia del todo a los creadores. Después de los últimos acuerdos firmados por la mayor parte de las discográficas, afirma, "se reducen los ingresos que llegan por inserción de publicidad en estas plataformas". Asevera que esto no ocurre en otros países y que para conseguir la sostenibilidad que precisa la industria es necesario que crezcan las suscripciones de pago. "Nuestro principal objetivo es convertir suscriptores as-supported en premium", señala.

"Una gran contradicción"

A finales de 2016 había más de medio millón de abonados a servicios de streaming de audio y Promusicae confía en que a lo largo de 2017 ese número haya seguido creciendo. Aunque avisa, "no es un beneficio para las compañías, sino un ingreso, que es bien distinto".

Según Guisasola, la ingente cantidad de consumo de música a través de visualizaciones de vídeo se traduce en tan solo un 18% de los ingresos. "Se crea una gran contradicción entre el reclamo que supone la música para estas plataformas y lo que pagan por este consumo", asegura.

Con esta idea coincide Perpiñá, que afirma que la reciprocidad es esencial entre las plataformas UGC y la industria, pero no se valoran adecuadamente en términos de derechos de autor. El fenómeno de la "transferencia de valor" se basa, como añade, en la pérdida de beneficios que generan este tipo de aplicaciones. "Es necesario adaptar la regulación a la realidad actual para asegurar que se equilibra la posición de los autores frente a este tipo de plataformas", concluye.

Discos de vinilos
Discos de vinilos

Esto es lo que ocurre con Youtube, pero en el caso de Spotify, la directora de Asuntos Regulatorios Internacionales y Mercados Digitales de SGAE asevera que no se cuestiona esa transferencia de valor. Asegura que tampoco existe controversia jurídica con esta plataforma, aunque deben negociar y acordar unas condiciones acordes con la realidad. Burgueño señala este como su principal problema: "A pesar de la demanda entregan muy pocos ingresos a los autores, pero aunque son bajos son los que han autorizado las casas de música".

El valor correcto

Desde Google, Vargas afirma que toda la música que se encuentra en la plataforma "está licenciada". Además, no termina de estar de acuerdo con la SGAE. Considera que Youtube es "una gran fuente de financiación para autores". Señala que la cifra que pagaron a la industria musical en 2016 fue de un total de mil millones de dólares.  No obstante, Perpiñá señala que "la cuestión no es si se paga mucho o poco, sino si pagan lo que es justo". Explica que al ser una plataforma tan grande, en términos comparativos, pagan "mucho más que otro tipo de servicios musicales" con respecto a derechos de autor, pero debe estudiarse si eso es ecuánime.

Perpiñá afirma que entre los objetivos de SGAE está "corregir una regulación que impide" que puedan negociar "en situación de igualdad" unas tarifas que reconozcan adecuadamente el valor que genera el uso de la música y el audiovisual. La regulación está impidiendo, asevera, que se valore correctamente el auténtico valor que generan las obras.



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