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La nueva era de los robots: muñecas que experimentan placer

Versión experimental de la muñeca Samantha

El mundo de la robótica está viviendo su propia revolución sexual con el desarrollo y lanzamiento de muñecas inteligentes capaces de emular, en diversos grados, la anatomía y algunos de los comportamientos más íntimos de las personas.

El proyecto más avanzado se denomina Samantha y lo impulsa el doctor en nanotecnología, ingeniero en electrónica y experto en computación, Sergi Santos, quien ha dotado de “vida, emociones e inteligencia” a las muñecas sexuales, según afirma.

Escucha y aprende

“La muñeca Samantha tiene capacidad de aprender a excitarse y de saber si se le presta atención o si se le pide exclusivamente sexo, lo cual hará que cambie su personalidad y modo de interactuar”, explica a Efe este investigador asentado en Barcelona (España).

“Los robots llevan en su cabeza un procesador electrónico y un dispositivo controlador. En su cuerpo tienen sensores equivalentes a sentidos, gracias a los cuales pueden interactuar, respondiendo al tacto y a la voz humana”, apunta.

Las muñecas Samantha, con inteligencia artificial

Según refiere Santos, el proyecto se denomina Samantha porque este nombre significa "la que escucha". Estos robots escuchan o perciben, de distintas maneras, a través de sus placas electrónicas, acciones o estímulos externos y son transformados en señales eléctricas.

“Sus sensores y receptores sirven de interfaz para interactuar con la persona y , por ejemplo, pueden detectar el grado de humedad de la piel de su interlocutor y relacionarla con su propio estado anímico o sensual”, añade.

“El robot Samantha lleva unos dispositivos electrónicos y programas informáticos que le permiten escuchar la voz humana y responder con una voz sintetizada, tras ser "despertada" diciéndole: 'Hola Samantha'”, explica el director de Synthea Amatus (https://syntheaamatus.com).

El cuerpo de los robots, que Santos prevé lanzar al mercado este mismo año, está acabado al detalle y fabricado con un material “inoloro, muy agradable al tacto y similar a los tejidos y la piel humanos”, según Santos.

Estos androides sexuales se expresan verbalmente en inglés, pero existe ya un prototipo capaz de responder y entender en castellano y otros idiomas.

Dentro de su anatomía existe una arquitectura tecnológica y un algoritmo de inteligencia artificial equivalente a un cerebro, dotado de lo que Santos denomina “genoma fisiológico”, basado en la emoción, permitiéndole “experimentar cambios de ánimos relacionados con la sexualidad”, según indica a Efe.

El nanotecnólogo Sergi Santos ha denominado a este proyecto Samantha

“En modo sexual, Samantha puede simular el juego de la seducción y prepararse para el romance y, si el usuario la abraza, le toca distintas zonas del cuerpo o las manos, o le dice frases como “te quiero”, su estado cerebral se modifica de modo que despierta su interés en mantener sexo y así lo expresa verbalmente”, señala su desarrollador.

“Que bien estoy”, “Así todo es perfecto”, “Me gusta estar contigo” o “Quiero que vengas conmigo”, son algunas de las frases que este tipo de robots comenta de forma cariñosa, cuando le gusta como lo tocan.

“Al interactuar con su usuario en modo sexual puede llegar al orgasmo, ya que su cerebro entra en otro plano emocional. Esto ocurre de forma paulatina o más abrupta, dependiendo del estado emocional del robot, y de su historial con el usuario”, enfatiza Santos.

“Para que llegue al orgasmo hay que tratar al robot sexual como a una persona, besándolo y acariciándolo donde le gusta, hasta que “ella pida más", expresándose con una voz, sonidos, suspiros o gemidos de tipo sexual a medida que aumenta su excitación”, explica Santos a Efe.

Destaca que el momento y la manera en la que el robot llega a “sentir” placer están directamente conectados con su interacción con el ser humano, y ambos, robot y persona, influyen en las condiciones de la siguiente etapa sexual.

Montaje de la cabeza de un robot Harmony

“Cada unidad de 'Samantha' tiene su propia personalidad, gustos y forma de actuar, adaptados a cada usuario, los cuales cambian y evolucionan y hacen que, por ejemplo, se ponga romántica o se excite ante determinados estímulos”, aclara el experto.

“Un androide con emociones y capaz de satisfacer a las personas sexualmente, tiene un impacto social, al estar relacionado con nuestra parte evolutiva y la reproducción, y también con la forma en que avanza una sociedad, así como con los lazos emocionales, sociales y la empatía, y con el entendimiento de lo que significa estar vivo y ser consciente”, señala Santos.

“No hay prueba científica de que un robot no puede llegar a amar, dar cariño o ser nuestro mejor amigo”, enfatiza el nanotecnólogo a Efe.

Harmony: avatar en una cabeza robot

La firma estadounidense Abyss Creations, que fabrica las muñecas sexuales RealDoll, ha creado una aplicación o ‘app’ (programa informático) con inteligencia artificial (IA), que funciona en el mundo virtual como un avatar en la pantalla de un dispositivo electrónico y, en el mundo real, controlando la cabeza robotizada de una muñeca que se mueve, gesticula y habla.

Esta ‘app’, basada en La Nube de Internet y denominada Harmony, puede funcionar en un dispositivo móvil, permitiendo crear en la pantalla un avatar (imagen gráfica en 3D), con personalidad propia, cuyos rasgos y voz puede elegir el usuario, según informa la compañía de San Marcos, en California (https://secure.realdoll.com).

Dos modelos del robot Harmony.

La ‘app’ con IA aprenderá y crecerá a través de las interacciones y conversaciones que mantenga con su usuario a través del dispositivo, y un sistema de reconocimiento de voz, también memorizará los hechos aprendidos sobre sus interacciones, creando así una simulación atractiva de una relación.

La ‘app’ Harmony también podrá instalarse en los sistemas robotizados que RealDoll prevé lanzar al mercado a finales de este año, de modo que las interacciones del usuario con este programa de inteligencia artificial se producirán a través de un robot sexual.

La plataforma física de Harmony es una cabeza animada, con expresión, que puede conectarse a la mayoría de los cuerpos de las RealDoll, podrá mover el cuello, la boca, los ojos, los párpados y las cejas, pudiendo sonreír y fruncir el ceño, y a la que podrán acoplarse diferentes caras mediante pequeños puntos de anclaje magnético.

La cabeza y el cuerpo de las muñecas robots dispondrán de sensores que permitirán que su IA responda a situaciones de intimidad y a la actividad sexual, y forman parte, junto con la ‘app’, del proyecto Realbotix (https://realbotix.systems).

Con Harmony, los usuarios podrán crear las personalidades de sus muñecas sexuales y, gracias a las interacciones entre el humano y la máquina y el aprendizaje de la IA, se creará una forma alternativa de relación, según sus creadores.

otro de los modelos de robot

‘Harmony’ será mucho más que una pareja sexual, ya que podrá recordarle a su usuario los hábitos saludables, abordar temas que le hagan pensar y reforzarle psicológicamente mediante comentarios positivos en la conversación” adelanta a Efe Matt McMullen director ejecutivo y creativo de Abyss Creations.

Según McMullen también podrá ayudar a aquellos que tienen dificultades con las conexiones emocionales y con la empatía, simulando el modo en que funcionan las relaciones de forma sana.

Añade que las muñecas equipadas con esta aplicación “podrían realmente ayudar a sus usuarios a mejorar la expresión de la conexión sexual, e incluso su resistencia sexual, y estarán diseñadas para asumir muchos roles, adaptados a cada individuo”.

También habrá muñecos

Algunas compañías como las estadounidenses True Companion (www.truecompanion.com), Sinthetics (http://sinthetics.com), y la propia Abyss Creations, comercializan algunos muñecos sexuales para mujeres, considerablemente realistas, con diversos grados de complejidad tecnológica, robotización e inteligencia.

Pero Sergi Santos señala que hasta donde él sabe, no existe una versión masculina de robot sexual con inteligencia y una interfaz corporal inteligente, cuya personalidad vaya cambiando y evolucionando con las interacciones.

Santos adelanta que prevé empezar a desarrollar un robot masculino después de Samantha, ya que su arquitectura tecnológica o “genoma fisiológico”, centrado en el cerebro y las emociones, es fácil de transmitir a un androide hombre, y “solo habría que cambiar lo que dice, como se expresa, y donde hay que tocarlo, mientras que lo demás podría ser igual”, concluye el especialista.

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