Protección solar ¿El sol quema más dentro o fuera del agua?

Todos los veranos surgen dudas sobre qué lugar es más peligroso para la piel. Esto es lo que dicen los físicos y los dermatólogos.

¿El sol te quema más dentro o fuera del agua?
¿El sol te quema más dentro o fuera del agua? Pixabay

“Ten cuidado en el agua, que te quemas el doble”. “Sécate bien, que las gotas hacen efecto lupa”. Todos los veranos escuchamos afirmaciones y consejos como estos sobre las quemaduras, argumentos sobre si el sol que nos da cuando estamos directamente expuestos, al aire, es más o menos dañino para nuestra piel que cuando estamos metidos en el agua. En algunos foros, incluso, se puede leer que los rayos ultravioleta, al atravesar el agua, intensifican su poder y es mucho más fácil quemarse estando a remojo que encima de la toalla. Pero, ¿cuál es la respuesta correcta?

La cuestión es más sencilla de lo que parece, aunque contiene algunos matices interesantes. Desde el punto de vista de la física, la luz puede hacer varias cosas al viajar por un medio. En el caso de estar tumbados en la toalla la luz atraviesa la atmósfera e incide en nuestra piel sin más intermediarios. Y una parte de ella rebota sobre la arena y vuelve a nuestro cuerpo. Esa luz contiene una parte de radiación ultravioleta (especialmente la del tipo UVb) que es la que causa de las quemaduras si no hemos protegido previamente nuestra piel con un protector solar adecuado.

Cuando estamos dentro del agua, al igual que sucede con la arena de la playa, una parte de la luz se refleja en la superficie del mar, el río o la piscina y la otra pasa al agua donde se desvía (refracción). La parte de la luz que rebota en el agua es de un 20%, mientras que en la arena es de un 10%, es decir, no hay una diferencia especialmente significativa como si la hay, por ejemplo, con la nieve, donde rebota un 80% de la radiación solar. Por otro lado, parte de la radiación ultravioleta es absorbida al atravesar el agua. En concreto, a un metro de profundidad se calcula que llega aproximadamente un 40 por ciento de la radiación UVb, de manera que en cierta medida tiene un efecto protector.

Así pues, con estos elementos podemos resumir varios puntos importantes a tener en cuenta, según los especialistas consultados por Next:

  • A la parte de nuestro cuerpo sumergida en el agua, aunque haya algo de refracción, le llegará menos radiación UV.

  • Para la parte que queda fuera del agua (generalmente cabeza, hombros y espalda) hay que tener en cuenta que la reflexión de la luz sobre el agua es algo mayor que sobre la arena (20% vs 10%) con lo que estará un poco más en riesgo que cuando estamos secos.

  • La masa de agua que nos cubre no hace ningún efecto lente sobre la piel. Desde el punto de vista físico es lo que se llama un "dioptrio" plano, con lo que no tiene potencia óptica (no hace converger los rayos sobre nuestra piel). Esto sí lo pueden hacer las gotitas que se quedan unos instantes en nuestra piel, pero no permanecen demasiado tiempo ni en la misma orientación, de modo que resulta muy improbable que funcionen como lupas que queman pequeños trozos de piel.

  • Sin embargo, a pesar de que estamos parcialmente protegidos, en el agua nos volvemos descuidados: en primer lugar porque solemos llevar menos ropa y no sentimos la piel caliente, por lo que bajamos la guardia.

  • Por otro lado, los protectores solares tienen un efecto limitado en el agua, de modo que si pasamos mucho rato sumergidos pierden su capacidad para protegernos

Así pues, y en resumen, no podemos decir que en el agua sea más fácil quemarse que estando en una superficie seca, pero tendemos a quemarnos más durante el baño y en situaciones donde es fácil olvidarse de que uno está expuesto a los rayos del sol, ya que está fresco y cree que el protector va a aguantar.

Por este motivo solemos hacer la correlación falsa y pensar que en el agua el sol quema más, cuando lo que sucede es que nosotros nos quemamos más, pero porque olvidamos las normas básicas de protección. Al final, lo que quema la piel no es la radiación infrarroja, que calienta, sino la radiación UV que penetra en las células. Tenlo en cuenta cuando estés chapoteando este verano y pienses que no te estás quemando porque no notas calor.

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