EVOLUCIÓN

Si quieres un cerebro grande, dale de comer

Un estudio comparativo con 140 especies de primates sugiere que la alimentación tuvo un papel clave en el desarrollo de cerebros más grandes y pone contra las cuerdas la teoría del “cerebro social”.

Si quieres un cerebro grande, dale de comer
Si quieres un cerebro grande, dale de comer James Higham

Conocer por qué los primates hemos desarrollado cerebros más grandes en términos relativos es una vieja batalla de la biología. En las últimas décadas algunos científicos han observado una fuerte correlación entre el tamaño de los grupos sociales en los que vive la especie con el tamaño de su cerebro, lo que condujo al auge - a partir de la década de 1990 - de la llamada “hipótesis del cerebro social”. Lo que sostienen sus defensores es que la complejidad de las relaciones de grupo es el motor del desarrollo de las capacidades comitivas y que vivir en grupos fue la clave para que los primates desarrollaremos cerebros cada vez más grandes.

Para conocer mejor el asunto de fondo, el equipo de Alex DeCasien ha realizado el mayor estudio comparativo hasta la fecha a partir de las bases de datos de 140 especies de primates, en las que se recogen tanto sus relaciones sociales (tamaño de los grupos e interacciones) como sus hábitos alimenticios. El resultado, publicado este lunes en Nature Ecology & Evolution, indica que la dieta tiene un poder predictivo mucho mayor que la sociabilidad y que seguramente ha tenido un papel mucho más importante en el desarrollo del cerebro.

Los primates que comen fruta tienen alrededor de un 25 % más de cerebro que los que comen solo hojas

Lo que ha visto el equipo de DeCasien, en concreto, es que las especies de primates que comen fruta tienen alrededor de un 25 por ciento más de tejido cerebral que las que comen solo las hojas de las plantas. Aunque los análisis no ayudan a discernir cuál es la causa última de este cambio, los autores creen que una combinación entre las demandas cognitivas (relacionadas con recordar la localización de la fruta o la forma de extraer el carne fresca) y las recompensas energéticas (las frutas aportan más calorías que las hojas) podría ser la clave.

Con este estudio cuantitativo y relacionan la hipótesis del “cerebro social” queda seriamente tocada, pero no hundida. Como apunta el investigador de la Universidad de Reading Chris Venditt en un artículo complementario, este trabajo “reforzará la búsqueda de explicaciones sobre la complejidad cognitiva en primates”, pero “quedan muchas cuestiones por resolver”.

Referencia: Primate brain size is predicted by diet but not sociality (Nature Ecology & Evolution) DOI 10.1038 s41559-017-0112



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