Malaria

El parásito de la malaria sortea la estación seca “escondido” en la sangre humana

Un nuevo trabajo explica cómo este parásito altera su expresión génica para sobrevivir en sus huéspedes sin producir síntomas y reiniciar el ciclo cuando vuelve a haber mosquitos.

El parásito de la malaria, el protzoo 'Plasmodium falciparum'
El parásito de la malaria, el protzoo 'Plasmodium falciparum' Wikimedia Commons

Los científicos no han tenido nunca una explicación clara para el hecho de que la malaria se mantenga activa en ciertas regiones después de los meses secos. Dado que los mosquitos desaparecen durante ese periodo, parece evidente que el huésped intermedio deben ser los humanos, pero ¿qué sucede exactamente para que quienes lo portan no manifiesten la enfermedad y lo vuelvan a poner en circulación más tarde? Ahora, un equipo internacional de investigadores liderados por Silvia Portugal, del Instituto Max Planck, ha descubierto algunos de los mecanismos genéticos que permiten al parásito de la malaria, Plasmodium falciparum, “esconderse” durante meses en la sangre de portadores humanos sin causar síntomas para regresar más tarde con las lluvias y reiniciar el ciclo.

En el trabajo, publicado en la revista Nature Medicine, los investigadores detallan cómo siguieron a 600 personas en Mali, con edades comprendidas entre los tres meses y los 45 años, durante 2017 y 2018. Tras tomar muestras de sangre de los voluntarios y examinarlas periódicamente, los autores descubrieron que durante la estación seca el parásito P. falciparum presentaba un patrón de transcripción genético distinto. Este patrón está asociado con una diferencia de tamaño y con una adherencia menor de las células infectadas a los glóbulos rojos, lo que que les permite despistar al sistema inmune y mantenerse en niveles bajos, como una especie de reservorio vivo del protozoo que produce la enfermedad.

Los autores aseguran que estos pequeños cambios contribuyen a que estas personas mantengan una reserva baja de P. falciparum en sangre y han descubierto que el parásito hace todo esto de un modo poco intuitivo: en general, los individuos se hacen más grandes y son eliminados antes por el bazo, de modo que los supervivientes quedan en un nivel bajo que no dispara la parasitosis ya que para el organismo es como si estuvieran “escondidos”. “Hasta ahora sabíamos que existen individuos que portan el parásito en su sangre al final de la estación seca”, explica a Vozpópuli Carolina Andrade, autora principal del artículo. “Lo que era desconocido es por qué los parásitos no crecen hasta niveles que puedan producir la enfermedad durante este periodo”.

Los humanos asintomáticos son un reservorio del parásito hasta la estación de las lluvias

Aunque los parásitos que pueden extraer de la sangre durante la estación seca mantienen su capacidad de replicarse intacta, lo que se ve es que se ha producido en ellos un pequeño cambio que permite “engañar” al bazo, que es el órgano genera la respuesta contra este invasor de la sangre. “Hemos observado que durante la estación seca una proporción mucho mayor de parásitos son eliminados del organismo por el bazo”, explica Andrade. Son parásitos de mayor tamaño y con menor capacidad de adherirse a las paredes de los vasos sanguíneos, lo que podría contribuir a que muchos más sean eliminados y la enfermedad no se manifieste.

La hipótesis que manejan los autores es que el parásito crece más en la etapa en la que debe esperar a un nuevo vector de transmisión y es retirado del cuerpo en mayor cantidad para no dar lugar a síntomas, pero permanece agazapado en una cantidad suficiente como para llegar a la siguiente estación. “Es como si cada parásito viniera de serie con un abanico de posibles disfraces y empezara con el más violento y el sistema inmune lo forzara después a ponerse un traje menos violento”, explica Andrade. Los investigadores no tienen claro cómo se reactiva este parásito que espera en el huésped durante la estación seca cuando llegan los mosquitos y cambian de “vehículo”, pero sospechan que en este escenario el parásito tiene más oportunidades de recombinación y puede recuperar su antiguo “traje”. Los autores también subrayan que hacen falta más estudios para conocer cómo influyen las condiciones ambientales en estos cambios genéticos que permiten al parásito su supervivencia.

“Es como si cada parásito viniera de serie con un abanico de posibles disfraces”

La malaria es la principal causa de muerte en África, donde solo en 2018 acabó con la vida de 400.000 personas. Aunque la mayoría de casos se producen durante la estación húmeda, cuando los mosquitos que transmiten el parásito están activos, los individuos portadores asintomáticos serían el vehículo que le permite cruzar este “puente” de varios meses en los que no llueve y no disponen de un vector de transmisión. Queda ahora por entender mejor cómo consigue exactamente el parásito engañar al sistema inmune y no ser detectado durante todo este tiempo.

Referencia: Increased circulation time of Plasmodium falciparum underlies persistent asymptomatic infection in the dry season (Nature Medicine) DOI 10.1038/s41591-020-1084-0

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