Neurociencia

La neurociencia resuelve uno de los grandes misterios del baloncesto

¿Quién tocó la bola el último antes de que saliera? Nuestro cerebro interpreta sistemáticamente que nosotros tocamos primero por un sesgo cognitivo que se acaba de identificar.

La neurociencia resuelve uno de los grandes misterios del baloncesto
La neurociencia resuelve uno de los grandes misterios del baloncesto Ty Tang y M. K. McBeath (Science, Getty)

Cualquier aficionado al baloncesto habrá observado una escena parecida decenas de veces. Hay un balón en disputa y los dos jugadores rivales lo tocan con la punta de los dedos antes de que se vaya fuera. Pero ambos creen que ha sido el otro el que ha tocado el último, hasta el punto de que al que pierde la posesión le parece imposible que el árbitro diga que ha sido él y se enfada con grandes aspavientos. Y puede suceder varias veces en el mismo partido con distintos protagonistas. ¿Acaso nos equivocamos sistemáticamente respecto al tempo de nuestras propias acciones?

Este es el punto de partida de Ty Tang y su equipo de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) quienes han querido investigar si existe algún sesgo psicológico que lleve a los jugadores, y a cualquiera de nosotros, a pensar que hemos realizado una acción, como tocar la pelota, antes que los demás. En un trabajo publicado en la revista Science Advances, Tang y sus compañeros describen los tres tipos de pruebas que pusieron en práctica con varios voluntarios para comprobar si existía este sesgo.

Algunas de las pruebas del experimento
Algunas de las pruebas del experimento Robert Ewing, Arizona State University.

En el primero de los tests, dos voluntarios se sentaban frente a frente con las manos extendidas y un biombo de por medio que les impedía verse las caras. Cuando se encendía una luz, ambos sujetos debían presionar con el dedo un sensor situado encima de la mano del otro y tocar más tarde un botón si pensaban que lo habían hecho más rápido que el otro. Cada pareja repitió esta acción 50 veces y la luz se encendió con diferencias de tiempo aleatorias para impedir los movimientos mecánicos. El resultado fue que la mayoría de los sujetos afirmó haber sido el primero en dar al otro incluso cuando ambos habían tocado a la vez o el otro había dado en su mano 50 milisegundos antes.

El resultado fue contundente: los voluntarios siempre creían haber realizado la acción primero

En una segunda prueba, los voluntarios repitieron la prueba, pero esta vez enfrentándose a un dispositivo mecánico. Y en la tercera se incluyó un pitido, como estímulo sensorial diferente, para decidir si había sonado antes de que tocaran al otro. Estas variantes fueron introducidas para comprobar si se necesita que haya otra persona para que se produzca el sesgo de creer haber realizado una acción antes que los demás. Y el resultado fue contundente: en los tres escenarios los voluntarios creían haber realizado la acción primero, aunque no fuera cierto y hubiera un pequeño retraso entre los estímulos, ya fuera táctiles, visuales o auditivos.

Algunas de las pruebas del experimento
Algunas de las pruebas del experimento Robert Ewing, Arizona State University.

“Nuestros cerebros nos dicen que las acciones generadas por nosotros mismos suceden antes que los acontecimientos externos simultáneos”, concluyen los autores. “En resumen, hemos identificado el que podría ser la principal causa de pelea en juegos de pelota”. “Este retraso de 50 milisegundos tiene mucho sentido porque sabemos que nuestro cerebro está siempre prediciendo nuestras acciones y percepciones”, explica Michael McBeath, coautor del estudio. “La gente es generalmente precisa en la percepción en tiempo real de sus propias acciones, como golpear o coger una pelota de béisbol, pero necesitamos un poco de tiempo extra para procesar algo que no está planeado, como un golpe inesperado en el hombro. Cuando algo es inesperado, hay un pequeño retraso perceptivo mientras el cerebro se da cuenta de lo que ha pasado”.

“Lo que antes se consideraba engaño o equivocación ha sido traído ahora al terreno de la neurociencia básica”

Este sesgo explicaría la diferencia en la percepción del mismo evento en situaciones como la descrita al principio en un partido de baloncesto, además de otras experiencias relacionadas con estímulos externos. Los resultados podrían servir para diseñar mejores dispositivos automáticos de asistencia a los humanos, como los que actúan para frenar en los coches, o para ayudar a los sistemas de asistencia a los árbitros en los partidos. “Espero que a medida que encontramos más pruebas y razones por las cuales experimentamos las cosas de forma diferente, la gente entienda mejor que los otros tienen una experiencia diferente sobre el mundo y sobre cómo suceden las cosas”, asegura Tang. Para el neurocientífico David Eagleman, que ha investigado ampliamente la percepción del tiempo en el cerebro, se trata de un estudio brillante que se centra en esos momentos que los aficionados a los deportes contemplan cada día. “Lo que antes se había considerado engaño o equivocación”, concluye, “ha sido traído ahora al terreno de la neurociencia básica”.

Referencia: Who hit the ball out? An egocentric temporal order bias (Science Advances) DOI: 10.1126/sciadv.aav5698

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