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Antonio Martínez Ron

Ciencia

Ya es hora de sacar a Cajal del trastero

El legado de Santiago Ramón y Cajal lleva más de 30 años confinado en cajas en una habitación del instituto que lleva su nombre. El CSIC negocia para conseguir un emplazamiento digno pero, tras varios intentos infructuosos, uno de los mayores escándalos de la ciencia española sigue sin resolver.

El primer cuaderno de laboratorio de Ramón y Cajal, una de las piezas conservadas en cajas del Instituto Cajal
El primer cuaderno de laboratorio de Ramón y Cajal, una de las piezas conservadas en cajas del Instituto Cajal A.M. Ron

“Vivimos en un país en el que el talento científico se desconoce a sí mismo”. Con estas palabras, Santiago Ramón y Cajal parecía estar profetizando el destino de su propio legado científico, que desde hace más de 30 años espera almacenado en cajas en un habitáculo de apenas 12 metros cuadrados del Instituto Cajal. El archivo, compuesto por más de 22.000 piezas, incluye los dibujos de las células nerviosas y las preparaciones histológicas que le condujeron a recibir el premio Nobel. Y a pesar de que estos documentos han sido reconocidos y protegidos por la UNESCO, en España las autoridades no han encontrado una forma de exponerlo al público de una forma que haga justicia a su figura.

En las últimas semanas, según ha podido confirmar Vozpópuli, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha estado buscando un emplazamiento “digno y definitivo” para este legado. A finales de 2019 se anunció que la antigua biblioteca del Centro de Física Miguel A. Catalán, en la propia sede central del CSIC en Madrid, sería el lugar apropiado, pero tras constatar que el espacio era demasiado pequeño, la idea se desechó. Ahora, según fuentes del propio Consejo, se barajan dos opciones: dedicarle un espacio dentro de un museo ya constituido o encontrar un edificio propio que pueda ser rehabilitado a tal efecto. Pero aunque se anuncian gestos por parte del Gobierno, el que es para muchos el mayor escándalo de la historia de la memoria científica española sigue sin resolver.

“No sé ya si es vergonzoso o absurdo que no haya en este país un museo con Cajal y su escuela”, asegura Santiago Ramón y Cajal Agüeras, sobrino-biznieto del premio Nobel, catedrático y médico en el hospital Vall d’Hebron. “No solo para mantener todo su legado, que es enorme, sino también como escuela de formación para nuestros estudiantes y para los expertos extranjeros. Hay un potencial impresionante que no hemos sabido explotar”. Para los descendientes de algunos de los discípulos de Cajal, que también llevan años intentando restituir su memoria, la dejadez de las autoridades es una vergüenza que nos deja en ridículo a nivel internacional. “Cajal es de los cinco o seis científicos más revolucionarios de la historia, tanto como Galileo o Newton, porque sienta las bases de como empezar a estudiar el cerebro”, asegura Fernando de Castro, investigador del CSIC nieto del conocido discípulo de Cajal del mismo nombre. “Que no se haya conseguido tratar el legado como merece”, sentencia, “es gravísimo no solo para la ciencia española, sino para toda la humanidad”.

"Hay un potencial impresionante que no hemos sabido explotar”, dice uno de los descendientes de Cajal

Para Juan del Río Hortega, sobrino nieto de otro de los insignes alumnos de Cajal, Pío del Río Hortega, el comportamiento actual del CSIC es sencillamente “indecente”. “Se trata del científico más importante que ha tenido España a lo largo de toda su historia”, argumenta. “Que en su propia tierra no haya un museo donde ver su legado es indignante y fruto de una mezcla de la desidia y la miseria humanas”. Y la visión de los herederos coincide con los estudiosos de la historia de la ciencia española, como Juan Pimentel, que señala que “es una calamidad y una desgracia que Cajal, siendo el español más universal junto a Cervantes, Velázquez, Goya, Lorca o Picasso, no tenga un espacio para la memoria”.

El “guardián” del legado

La persona que más tiempo ha dedicado a clasificar y conservar los documentos de Santiago Ramón y Cajal en los últimos años es el investigador Juan de Carlos, que entró a trabajar en el instituto en 1982 cuando su sede aún estaba en el edificio del 144 de la calle Velázquez. Allí las pertenencias de Cajal estaban expuestas en un pequeño museo, pero con el traslado a la sede actual, en la calle Dr. Arce, el legado pasó a guardarse en la pequeña habitación en la que hoy se conservan. “Estamos aquí desde el año 89”, explica De Carlos a Vozpópuli. “Cuando llegamos aquí se reparten todos los espacios pero el director de entonces no piensa en el museo y las cosas se guardan”. Durante aquellos años a De Carlos le encargan hacer el inventario de cada uno de los 22.000 objetos que componen el legado y se destina un pequeño rincón de la biblioteca del instituto a reproducir el despacho del Nobel español, con algunas de sus pertenencias personales.

Juan de Carlos en la habitación del Instituto Cajal donde conserva el legado del Nobel
Juan de Carlos en la habitación del Instituto Cajal donde conserva el legado del Nobel A. M. Ron

Desde entonces, Juan de Carlos se ha convertido en la persona que enseña el legado a las visitas y que vela porque se conserven en buen estado, en condiciones de temperatura y humedad adecuadas. Aquí están los documentos las preparaciones histológicas originales de Cajal, que aún hoy tienen un alto valor científico, el documento de concesión del Nobel, la Gran Cruz de Isabel la Católica que se le concedió en 1900 o las pinturas al óleo que realizó en su juventud. Algunos objetos tienen pequeñas historias en sí mismos, como la cerámica de Talavera que alguien le regaló y que está decorada con sus dibujos de las neuronas o el cajón de las preparaciones en los que, de su puño y letra, ordenaba las muestras de “ojos de cangrejo” o de “mosca”. También se conserva el bastón que llevó en sus últimos años de vida y las máscaras mortuourias que le hizo el escultor Juan Cristóbal, pero el objeto favorito de Juan de Carlos es el primer cuaderno de laboratorio en el que un joven Cajal anotó sus primeros estudios de histología y demostraba ya una intuición sobrenatural para entender el sistema nervioso.

Algunas de las preparaciones histológicas originales de Ramón y Cajal
Algunas de las preparaciones histológicas originales de Ramón y Cajal A. M. Ron

La parte más valiosa del legado son sin duda las ilustraciones de las neuronas que pintó cuidadosamente Cajal, y que científicos de todo el mundo solicitan cada año para exponerlas en sus distintos centros o museos. Esta parte del legado se conserva en un armario especial a prueba del fuego y las inundaciones ya que su valor para el patrimonio científico mundial es incalculable. Para Juan de Carlos está claro que estos documentos que cambiaron la historia de la ciencia deberían estar expuestos como merecen en un museo y recuerda que ahora mismo solo él sabe bien la historia de cada una de las 28222 entradas del inventario, un conocimiento se podría perder si se siguen dilatando los plazos. Sobre los esfuerzos para colocar el legado en un museo, no se muestra demasiado optimista. “Para la situación actual no hay excusas”, afirma. “Yo he hablado con muchos presidentes del CSIC y siempre son todos buenas palabras, pero al final todos, incluida la actual presidenta, no hacen nada”.

¿En la recta final?

En los últimos meses se ha producido varias circunstancias que podrían acelerar la toma de una decisión sobre el legado Cajal. Una de ellas es el empeño del Colegio de Médicos de Madrid en abrir una exposición dedicada a la figura del neurocientífico, aprovechando que en este lugar se conserva el aula en el que Cajal dio sus famosas lecciones. El colegio ha firmado un convenio con el CSIC para que le ceda algunos de los contenidos del legado, pero el consejo - el heredero de la Junta de Ampliación de Estudios a la que Cajal dejó sus pertenencias - quiere organizar su propio museo y no ceder su organización a terceros.

Con este objetivo, en las últimas semanas el CSIC ha hecho algunas reuniones, tal vez para tener algo que anunciar durante la celebración del primer centenario del Instituto Cajal, que se celebra este jueves. Otro factor clave para intentar acelerar las gestiones es que se vuelve a hablar de un traslado inminente del Instituto Cajal al edificio del IMMPA, una construcción megalómana en el campus de la Universidad de Alcalá de Henares que lleva diez años vacía por la falta de planificación. Si el instituto se trasladara al nuevo emplazamiento, el legado de Cajal tendría que viajar con él fuera de Madrid, en su enésimo peregrinaje sin un destino cierto.

“Por poner un ejemplo comparativo, basta ver lo que hace Francia con Louis Pasteur"

Alberto Ferrús, uno de los investigadores más veteranos del Instituto Cajal, se muestra escéptico con estas noticias. “Se pueden publicar varios tomos con las noticias de inminentes aperturas del museo Cajal que se han anunciado en los últimos años”, recuerda. El investigador no cree que vaya a haber ningún traslado inminente ni del instituto ni del legado de Cajal y recuerda que los papeles para la declaración de bien de interés cultural del legado también duermen a la espera de una firma en un despacho desde hace una década. Otro ejemplo más, advierte, de que “no ha habido un esfuerzo de la administración pública acorde con la naturaleza del legado”. Y esto no es solo por culpa de los políticos, recalca, sino porque “la sociedad española ha olvidado a sus científicos y no ha presionado para resolver este escándalo”. “Por poner un ejemplo comparativo”, añade, “basta ver lo que hace Francia con Louis Pasteur y lo que sucede con Cajal en España”.

El sobrino biznieto del premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal Agüeras, cree que la situación actual “ha sido un poco por culpa de todos, pero básicamente de las administraciones públicas”. “También ha sido en parte de culpa de los científicos y de la familia, pero ya llevamos muchos años y ya es hora de hacer un museo estatal de Neurociencias con Cajal a la cabeza”, asegura. “Y digo estatal porque entendemos que tiene que ser España la que coja las riendas. Iniciativas como la del Colegio de Médicos de Madrid y otras son muy loables, pero hay que ir un pasito más arriba”. La causa de este desaguisado, como recuerda el historiador Juan Pimentel, quizá esté en esa tendencia tan española olvidar nuestro patrimonio científico en un cajón, tradición que se remonta a los tiempos de Mutis y Malaspina. “La ciencia es como el jarrón chino que te regalan en una boda, y el peregrinaje de este legado se debe a que los políticos y la sociedad española no saben bien qué hacer con él”, sentencia. “Parece que alguno está esperando a que ese jarrón por fin se caiga, se rompa y se tire a la basura”.

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