Neurociencia

¿Y si los cerebros de laboratorio producen algo parecido a una consciencia?

A medida que avanza la neurociencia, los experimentos se mueven más cerca de los límites éticos. La posibilidad de cultivar minicerebros, generar quimeras con neuronas humanas o mantener con vida cerebros fuera del cuerpo ha puesto el debate encima de la mesa.

¿Y si los cerebros de laboratorio adquieren algún tipo de consciencia?
¿Y si los cerebros de laboratorio adquieren algún tipo de consciencia? Kaushik Narasimhan (Flickr, CC BY 2.0)

El equipo de Nenad Sestan, de la Universidad de Yale, acaba de conseguir restablecer la circulación sanguínea en las cabezas de más de un centenar de cerdos y las ha mantenido con vida durante al menos 36 horas. Para el experimento, que se detalla en MIT Technology Review, se utilizaron animales procedentes de un matadero cuyos cerebros se mantuvieron con vida mediante un sistema de calentadores, bombas y bolsas de sangre mantenida a la temperatura corporal de los animales. Aunque las lecturas de señal cerebral dieron al principio un falso positivo, no hay signos de que sus cerebros tuvieran ningún tipo de consciencia durante el estado de reanimación, aunque sus neuronas se mantuvieron en perfecto estado y eran capaces de seguir llevando a cabo su actividad.

“Cuanto más nos acercamos a crear un cerebro humano funcional, mayores son los problemas éticos que suscita”

Parece sacado de un relato de ciencia ficción, pero es uno de los muchos escenarios que empiezan a plantear serios debates éticos en investigación en neurociencia. Esta misma semana, en una tribuna publicada en la revista Nature, un grupo de especialistas encabezados por Nita Farahany y Henry Greely se planteaba abiertamente cuáles son los retos inmediatos en este tipo de experimentos y qué sucedería en el caso de que estos cerebros de laboratorio dieran lugar a algún tipo de experiencia consciente, por mínima que fuera. ¿Deberían tener estos tejidos alguna de las protecciones que rutinariamente le damos a humanos y animales cuando son sujetos de experimentación?”, se preguntan. “Cuanto más nos acercamos a crear un cerebro humano funcional, mayores son los problemas éticos que suscita”.

Aunque todavía estamos lejos de este escenario, los autores enumeran una serie de terrenos en los que los avances empiezan a suscitar dudas éticas en los propios investigadores. Algunos equipos están creando, por ejemplo, cerebros en miniatura cultivados con células madre que sirven como modelo para estudiar algunas enfermedades. Estos organoides ya se producen de manera regular con otros órganos, como el hígado o los riñones, pero el avance en materia de producción de cerebros podría tener otras implicaciones. De momento, estos minicerebros tienen apenas unos milímetros de diámetro y contienen como mucho 2 o 3 millones de células frente a los 86.000 millones de un cerebro humano, pero los científicos están consiguiendo aumentar su nivel de complejidad a marchas forzadas. No solo consiguen que las células madre se diferencien en neuronas de tipos específicos, sino que además han conseguido registrar la actividad que producen algunas de estas células ante determinados estímulos externos.

¿Sería aceptable la producción de un corazón humano en un cerdo pero no la producción de un cerebro?

En otros casos lo que se está haciendo es implantar neuronas humanas, generadas in vitro mediante células pluripotentes, en cerebros de otros animales, como los ratones. Ya se ha conseguido, por ejemplo, implantar células gliales en el cerebro de ratones y se ha visto que los animales se desenvolvían mejor en algunas tareas de aprendizaje. También se han creado quimeras de ratón con neuronas humanas para estudiar el párkinson y hay grandes avances a la hora de desarrollar órganos con características humanas en animales de experimentación. ¿Qué implicaciones tendrá generar organoides cerebrales vascularizados o tejido neuronal humano en animales?, se preguntan los investigadores. ¿Sería aceptable la producción de un corazón humano en un cerdo pero no la producción de un cerebro? Por otro lado, los donantes de tejidos podrían no querer que sus células madre se destinaran a ensayos con este tipo de animales-quimera. ¿Y a quien pertenecerían estos organoides y estos tejidos creados ex vivo? Hoy en día este tipo de tejidos se desechan sun problemas, pero si un día creamos ratones con algunas capacidades cognitiva avanzadas, ¿deberíamos darles un tratamiento especial?

Todo esto no son más que asuntos periféricos alrededor de la cuestión central, que es la que más preocupa de cara al futuro. “A medida que los sustitutos del cerebro se hacen más sofisticados”, apuntan los investigadores, “las posibilidades de que desarrollen capacidades similares a la consciencia humana se hace menos remota”. Entendiendo estas por la posibilidad de sentir dolor, placer o estrés en algún tipo de grado, o la posibilidad de almacenar recuerdos o tener algún tipo de consciencia de su propia existencia. “¿Podrían los estudios con tejido humano aportar información sobre los recuerdos de esa persona?”, se preguntan. “¿Podrían los organismos que no son “biológicamente humanos” adquirir alguna vez algún tipo de estatus moral humano o casi humano?”

Lo que preocupa es que estos organoides puedan algún día sentir dolor, placer o estrés en algún tipo

Por si fuera poco, experimentos como el de las cabezas de cerdos resucitadas llevan todos estos límites un poco mas allá y plantean un escenario en el que se haga lo mismo con personas. Sin embargo, para Steve Hyman, investigador implicado en este trabajo, este experimento “está en el extremo del saber hacer técnico, pero no es tan diferente de conservar un riñón”. De hecho, los autores creen que la técnica podría aplicarse a cualquier especie, incluidos los primates, de modo que no es descabellado pensar que un día se pudiera aplicar a personas cuyo cerebro se mantuviera vivo fuera del cuerpo. "¿Podría esa persona despertar en lo que podría ser una especie de última cámara de privación sensorial, sin oídos, ojos ni manera de comunicarse?”, se pregunta Antonio Regalado en MIT Technology Review. “¿Podrían conservar recuerdos, una identidad o derechos legales? ¿Podrían los investigadores disponer éticamente de ese cerebro o diseccionarlo?”

Estos escenarios, que producen escalofríos, son a los que se quieren anticipar investigadores como Nita Farahany y Henry Greely con su reflexión en Nature. Para ello proponen crear guías éticas tanto para los investigadores como las instituciones, siguiendo modelos como los que ya se han aplicado en la investigación genética y en desarrollos terapéuticos como la inclusión de ADN mitocondrial de terceros durante la fecundación en casos especiales. También proponen estudiar los casos uno a uno y, llegado el caso, inducir a los cerebros ex vivo a un estado comatoso en el que no existe conciencia y similar al que creen que se produjo en las cabezas de cerdo mantenidas vidas por el doctor Sestan y su equipo. “La experimentación con modelos del cerebro humano podría ayudarnos a desentrañar los misterios de enfermedades psiquiátricas y neurológicas que durante mucho tiempo se nos han escapado”, concluyen. “Pero para asegurarnos el éxito y la aceptación social de esta investigación a largo plazo, debemos crear un marco ético ahora, mientras los sustitutos del cerebro permanecen en sus primeras etapas de desarrollo”.

Referencias: Debate ethics of growing or sustaining human brain tissue outside the body (Nature) DOI 10.1038/d41586-018-04813-x | Researchers are keeping pig brains alive outside the body (MIT Technology Review)

Más info: Recuerdos de una cabeza congelada (Next) | Nuestros cerebros no crecerán en macetas (Next)

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