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El caso de los pediatras que se tragan piezas de Lego

Un equipo de seis doctores ha realizado un experimento que consistía en tragarse la cabeza de un muñeco del popular juego para comprobar cuántos días tarda en salir del cuerpo.

El caso de los pediatras que se tragan piezas de Lego
El caso de los pediatras que se tragan piezas de Lego Sunny Ripert (Flickr, CC)

Cuando un niño se traga una pequeña pieza, como la cabeza de un muñeco de Lego, ¿cuánto tarda en salir de su cuerpo y qué peligro supone? Un equipo de seis médicos británicos y australianos ha realizado un experimento que ha consistido en tragarse una de estas piezas, de unos 10 mm por 10mm, y observar los resultados y el tiempo en que tardaron en expulsaros.

El trabajo, realizado según sus autores en “la noble tradición de la autoexperimentación”, ha sido publicado en el especial de navidad del Journal of Paediatrics and Child Health, una edición en la que se suelen publicar los estudios más divertidos y/o descabellados. Cada día, miles de niños en todo el mundo de entre 1 y 5 años se tragan alguna pequeña pieza de sus juguetes, causando gran preocupación a sus padres y llegando a poner su vida en peligro en algunas ocasiones. Los autores han tratado de comprobar qué sucede con las piezas más pequeñas, con intención de tranquilizar a los padres.

Cinco de ellos tardaron entre uno y tres días en expulsarla pieza

Después de tragarse una cabeza de Lego con un poco de agua a primera hora de la mañana, los investigadores observaron sus deposiciones durante varios días para ver cuánto tiempo tardaban en salir del organismo. Cinco de ellos tardaron entre uno y tres días en expulsarlo (una media de 1,7 días) pero el sexto no lo ha encontrado todavía. Ninguno de los investigadores experimentó dolor o molestias y en ninguno de ellos cambió la consistencia de las deposiciones.

Un esquema con el protocolo de actuación con cuerpos extraños
Un esquema con el protocolo de actuación con cuerpos extraños Maluenda Carrillo et al.

“El trabajo no es más que un juego”, asegura el pediatra Alberto García-Salido, investigador del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid, que no ha participado en el estudio. “Sabemos perfectamente cuánto tarda en huir del aparato digestivo un cuerpo extraño. Ahí el tema no es tanto el tiempo, sino que no se quede "atascado" en ciertas partes de la anatomía”. Esta ingestión de cuerpos extraños es relativamente frecuente, recuerda el médico, y el principal riesgo es que llegue a las vías respiratorias.

En el recorrido por los conductos digestivos hay varios puntos donde puede dar problemas

Aún así, en el recorrido por los conductos digestivos hay varios puntos donde puede dar problemas. El primero es el paso de la faringe al esófago. “Ahí puede suponer una obstrucción alta que, o se saca tosiendo o puede condicionar un problema”, explica García-Salido. "Si el cuerpo extraño pincha, tiene bordes, es muy grande o el esófago es muy pequeño en su diámetro se puede quedar en tierra de nadie esofágica”, añade. “Si el cuerpo extraño está ahí y no se mueve se debe sacar con endoscopia”. Si el objeto pasa por esta zona sin problemas, aún debe atravesar el cardias, la frontera de esófago y estómago. “Ese punto también es crítico, porque a veces no pasa y entonces hay que avisar al cirujano”, indica el médico. En cualquier caso, cuando se trata de objetos “de riesgo”, los médicos optan por realizar una endoscopia digestiva y asegurarse de qué es lo que tiene el niño dentro.

En general, los autores del estudio quieren trasladar un mensaje de tranquilidad a los padres, que no deben preocuparse si los niños se tragan objetos tan pequeños como la cabeza de un Lego. “Ante cosas pequeñas, sin riesgos y que están ya en estómago, se indica que observen durante una semana las deposiciones”, explica García-Salido. “Lo habitual es que en uno o dos días ya estén fuera. Todos hemos comido maíz y hemos comprobado que sale en ese tiempo de nuestro territorio”, recuerda.

Los autores del estudio creen que el resultado que han experimentado en sus propios cuerpos es extrapolabe a los niños, “si acaso”, aseguran, “es más probable que los objetos pasen más rápido por intestinos menos maduros”. “Si se trata de una pequeña cabeza de Lego”, concluyen, “no necesitas andar tocando sus deposiciones. Los padres se pueden ahorrar esa preocupación, salvo que le tengan mucho aprecio a esa cabeza en concreto”

Referencia: Everything is awesome: Don't forget the Lego (Journal of Paediatrics and Child Health)



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