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Lo que Darwin te explicaría en una cabalgata

Caramelazos, conductas agresivas y atisbos de lucha por la supervivencia. Si uno mira con suficiente atención, y con algo de humor, una cabalgata de Reyes Magos puede ser tan fascinante como un documental de David Attenborough.

Lo que Darwin te explicaría en una cabalgata
Lo que Darwin te explicaría en una cabalgata

Para alguien apasionado por la biología y el comportamiento animal, lo más interesante de una cabalgata de Reyes no sucede en el desfile de carrozas, sino entre el público que se agolpa para ver el espectáculo. Si salimos esta noche con ojos de naturalista, podemos ver comportamientos territoriales por hacerse con el espacio como el que se da en las colonias de aves o leones marinos, conductas agresivas para conseguir los recursos escasos y sorprendentes adaptaciones al medio para optimizar la recogida de caramelos.

Lo primero en lo que debe fijarse el observador que acuda a uno de estos desfiles es en el comportamiento temerario de algunos padres que cruzan con sus carritos y bebés entre los coches cuando aún no se ha cortado el tráfico. Ellos y su prole quieren disfrutar en primera fila del espectáculo, aun a riesgo de perder la vida en el intento. A ellos se refería Darwin cuando decía que “aquellos miembros de la población con características menos adaptadas morirán con mayor probabilidad”. De facto, sus genes tienen menos posibilidades de ser transmitidos que los de aquellos que esperan respetuosamente tras el cordón de seguridad, de modo que quizá está usted contemplando una estirpe que desaparezca pronto de la faz de la Tierra.

Si los Reyes lanzaran brócoli a la multitud no despertarían tanto fervor como lanzando caramelos

El hecho de que los ocupantes de las carrozas lancen un alimento tan altamente calórico como los caramelos también tiene implicaciones evolutivas. No despertarían tanto fervor los Reyes Magos si en vez de dulces lanzaran a la multitud sabrosos pedacitos de brócoli o coliflor, por ejemplo. Durante miles de años, la evolución ha moldeado nuestro gusto por las comidas que proporcionan un máximo de energía en poco tiempo, lo que explica la locura de los críos por las golosinas. Pero, ¿y el fervor de sus abuelos? Aquí entrarían en marcha varios conceptos biológicos interesantes. El primero es el de la selección de parentesco. La abuela que se juega la vida para coger un caramelo para su nieto es un claro ejemplo de la llamada regla de Hamilton, introducida por el conocido biólogo William Donald Hamilton para explica por qué algunos individuos se sacrifican por la familia a cambio de que sus genes se perpetúen. En este punto, habrá quien prefiera el enfoque de la sociobiología de E. O. Wilson, quien habla de un altruismo de grupo, observable también en aquellos individuos que la juegan tirándose a las ruedas de las carrozas para conseguir un caramelo al hijo del vecino.

En cuanto a las estrategias para conseguir un mayor número de caramelos durante la cabalgata, el uso de paraguas colocados al revés podría considerarse una especie de exaptación tecnológica. Se conoce con este término de exaptación al uso de una determinada estructura corporal que tenía una función original pero terminó adquiriendo otra. Los huesecillos que ahora forman nuestro oído fueron parte de la mandíbula de antiguos reptiles, por ejemplo, y las plumas no sirvieron originariamente para volar. Algunos casos son realmente sorprendentes, como el del pez en Hawái que ha adaptado su boca para pegarse a la roca y ascender por las cascadas. De la misma forma, el paraguas fue pensado originalmente para protegernos de la lluvia, pero en un golpe de genialidad adaptativa los abuelos la han convertido en un instrumento de recogida de caramelos.

El uso de paraguas colocados al revés podría considerarse una especie de exaptación tecnológica

Si se presta atención se verán otros muchos ejemplos relacionados con la biología, y no solo de lucha por los recursos, sino también de cooperación, como cuando reconocemos a un conocido en una carroza y este nos lanza más caramelos a nosotros que a los demás (otro ejemplo de altruismo de grupo). Para completar la jornada podemos ofrecer a nuestros vástagos una pequeña lección sobre el “círculo de la vida” (sic) y animarles a recoger todos los caramelos que puedan para repartirlos el próximo Halloween. Así aprenderán que en la naturaleza, como en la vida, todo se recicla.


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