Envejecimiento

¿Contiene el genoma del ‘Solitario George’ las claves de la longevidad?

Un equipo de investigadores españoles ha analizado y comparado el genoma de esta tortuga gigante en busca de variantes que expliquen su larga vida y su protección contra el cáncer.

Una imagen del Solitario George en las Galápagos
Una imagen del Solitario George en las Galápagos Arturo de Frias Marques (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0)

El ‘Solitario George’ (conocido como ‘Lonesome George’ en inglés) fue el último ejemplar de la especie Chelonoidis abingdonii, una de las tortugas gigantes que viven en las islas Galápagos y uno de los animales más emblemáticos de la historia de la conservación. Cuando murió, en junio de 2012, tenía una edad de entre los 90 y los 120 años, lo que lo sitúa como una de las criaturas más longevas del mundo animal. Pero, ¿qué es lo que produce que estas tortugas vivan tantos años y parezcan, a la vez, protegidas contra el cáncer?

Los autores encontrado firmas genéticas asociadas con la regulación del metabolismo y la respuesta inmune

En un trabajo publicado este lunes en la revista Nature Ecology & Evolution, el equipo de Carlos López-Otín ha comparado el genoma de este animal con el de la tortuga gigante de Aldabra (Aldabrachelys gigantea), que vive en el océano Índico. Su intención era localizar variantes genéticas relacionadas con la reparación del ADN, los mediadores de la inflamación y los genes relacionados con el desarrollo del cáncer, además de pistas que expliquen su gran longevidad. Los autores aseguran haber encontrado una serie de firmas genéticas asociadas con la regulación del metabolismo y la respuesta inmune que podrían estar asociados a su tamaño excepcionalmente grande y la larga vida de estas tortugas.

Una de las tablas comparativas de los rasgos genéticos encontrados
Una de las tablas comparativas de los rasgos genéticos encontrados Quesada et al.

“Lo más novedoso es que hemos hecho una búsqueda dirigida a genes que nos parecían interesantes”, explica a Next Víctor Quesada, primer firmante del artículo. “Lo que vemos son algunas variantes de esos genes que podrían estar relacionadas con su longevidad, aunque de momento es solo una hipótesis para seguir investigando y confirmar que estas correlaciones existen”. En concreto, el equipo ha hallado una docena de variantes con características interesantes en las que se pueden centrar para seguir investigando, cuando habían empezado con 500 genes.

“Anteriormente habíamos participado en un estudio sobre la ballena boreal, que puede vivir más de 200 años”

“Anteriormente habíamos participado en un estudio sobre la ballena boreal, que puede vivir más de 200 años”, asegura Quesada. “Los objetivos eran similares; buscas una especie longeva y partes de la hipótesis de que una de las características que la hace longeva está en su genoma y buscas características que sobresalgan. La novedad es que esta vez hemos hecho una investigación más dirigida y hemos visto seis de las nueve variantes relacionadas con el envejecimiento que habíamos identificado previamente, algunas que podrían afectar a la división celular y otras relacionadas con el daño genético”.

Al mismo tiempo, los investigadores han buscado rasgos genéticos que pueden estar detrás de una mayor resistencia al cáncer que expliquen lo que en biología se conoce como "Paradoja de Peto”: dado que un mayor tamaño implica más divisiones celulares, se cree que los organismos de especies de gran tamaño que no muestran una gran incidencia de cáncer deben haber desarrollado evolutivamente mecanismos de defensa antitumorales más robustos. Y los autores han encontrado estos candidatos a supresores de tumores están más expandidos en estas tortugas gigantes que en el genoma de otros vertebrados, además de que ambas especies de tortugas presentan alteraciones específicas en dos genes cuya sobreexpresión está asociada con el cáncer.

Estos candidatos a supresores de tumores están más expandidos en estas tortugas que en otros vertebrados

Para Manuel Collado, especialista en envejecimiento del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS) que no está relacionado con el estudio, este trabajo es un nuevo intento de descifrar el manual de instrucciones de especies de gran tamaño y gran longevidad para, comparativamente, tratar de sugerir posibles candidatos que puedan ser responsables de esas características extraordinarias. “Esto nos podría ayudar a entender mejor los determinantes genéticos de la longevidad y, quién sabe, a lo mejor con ello dar con una forma de conseguir en humanos la longevidad de las tortugas”, asegura.

Lógicamente, como advierten los propios autores, hay una gran diferencia entre la tortuga, que es un animal de sangre fría, y los humanos, pero el resultado ofrece pistas para conocer mecanismos moleculares que pueden ser prometedores. “Esto nos da información complementaria a los trabajos que tenemos en mamíferos o en otras especies”, concluye Quesada. “El siguiente paso es entender mejor sobre todo los aspectos bioquímicos, como las interacciones entre proteínas, y descomponer el proceso en partes pequeñas y entender cómo combinan para dar algo tan complejo como el envejecimiento”.

Referencia: Giant tortoise genomes provide insights into longevity and age-related disease (Nature Ecology & Evolution) DOI 10.1038/s41559-018-0733-x



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