CÁNCER

Investigadores del CNIO descubren el mecanismo que permite al cáncer sobrevivir sin glucosa

El hallazgo da pistas importantes que podrían ayudarnos a entender por qué aparece la resistencia a los fármacos que hacen ‘pasar hambre’ al tumor, y también cómo se las arreglan las células para  sobrevivir en el centro  de las masas tumorales, donde apenas llegan los vasos sanguíneos

Ilustración de cómo proliferan las células cancerígenas
Ilustración de cómo proliferan las células cancerígenas Wikimedia Commons

El principal objetivo de una célula tumoral, por encima de todo, es sobrevivir, y esto incluso a costa de dañar la salud del organismo al que pertenece. Para ello está dotada de habilidades que las células sanas no tienen, entre ellas la de seguir proliferando cuando la glucosa es muy escasa. Ésa podría ser una de las razones por las que los fármacos antiangiogénicos, de uso muy extendido, a menudo no logran eliminar el cáncer por mucho que le hagan pasar hambre evitando el desarrollo de vasos que le aportan nutrientes en general y glucosa en particular. Ahora, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha identificado uno de los mecanismos bioquímicos clave que permiten a las células cancerígenas sobrevivir sin glucosa.

En concreto, los autores han descubierto un conjunto de proteínas que en la práctica actúan como un interruptor: cuando hay alimento disponible -glucosa-, las células tumorales usan una determinada ruta bioquímica para sobrevivir y seguir proliferando; cuando no hay glucosa, el interruptor pone en marcha una ruta diferente para conseguir lo mismo, es decir, la supervivencia de las células tumorales.              

Como explica Nabil Djouder, investigador del CNIO y autor intelectual del trabajo que se  publica hoy en Cancer Cell, “las células tumorales son muy inteligentes, cuando se cierra una puerta que parecía indispensable para su crecimiento y su proliferación, abren otras nuevas que les permiten adaptarse a cualquier estrés y sobrevivir. Por eso desarrollan mecanismos muy sofisticados y aprenden a sobrevivir,  y por eso es tan difícil curar el cáncer”.  

El trabajo es de carácter básico, alejado por ahora de una aplicación clínica. Pero su publicación en una revista de alto impacto confirma que la comunidad lo considera una pieza muy relevante del rompecabezas. Hace tiempo que los investigadores se preguntan cómo se las arreglan las células tumorales para sobrevivir en el interior   -en el centro-de las  masas tumorales, donde apenas llegan los vasos sanguíneos.    

También es urgente entender por qué aparece la resistencia a los antiangiogénicos, una de las clases de fármacos antitumorales más usadas en los últimos años y cuya eficacia se basa en impedir el crecimiento de los vasos que irrigan el tumor, dejando así a las células tumorales sin nutrientes.

'Interruptores' para detectar glucosa y actuar en consecuencia

En  las células-tumorales o no-, todo lo que ocurre viene dado por cadenas de reacciones  bioquímicas: una proteína es modificada por la adición de una u otra molécula y ese cambio induce cambios en otras proteínas. Viene a ser-en una metáfora muy simplificada- como un circuito     con muchos interruptores que se abren o cierran. Djouder y sus colaboradores han identificado el sistema de interruptores que sirve a la célula para detectar si hay o no glucosa, y para decidir, en función de ello, qué ruta bioquímica debe seguir para conseguir su objetivo final, que es sobrevivir.

Se trata de un sistema de proteínas complejo, con tres actores principales: las proteínas URI (que hace el papel de interruptor), OGT y c-Myc. c-Myc es un conocido oncogén, es decir,  promueve la proliferación y la supervivencia celular. Pero el grupo de Djouder ha descubierto que los niveles de c-Myc son importantes para la supervivencia de las células tumorales cuando hay escasez de nutrientes.

La secuencia de acontecimientos –simplificada- es como sigue. URI controla la actividad de OGT y OGT detecta y utiliza la glucosa para controlar el nivel de c-Myc; cuando hay glucosa, OGT la utiliza para estabilizar el nivel de c-MYC, que cumple así su función de oncogén, pero cuando por el contrario falta glucosa, URI disminuye la actividad de OGT, c-Myc se degrada  y es eliminado. El resultado hace que en ausencia de glucosa, la supervivencia de la célula dependa de la actividad oncogénica de URI.

Como explican los autores en su trabajo, “nuestro estudio sugiere que existe un mecanismo detector de la glucosa en el que URI actúa como regulador, controlando la actividad de  OGT y por tanto los niveles de c-Myc, lo que proporciona una característica selectiva que permite  a las células tumorales tolerar un estrés metabólico grave”.       

“Este mecanismo puede ser de gran importancia en la generación de tumores, y podría explicar por qué las células tumorales, frente a una falta de glucosa, pueden expandirse”, añaden.             

El hallazgo está aún lejos de traducirse en aplicaciones, puesto que una de las estrategias obvias, como es intervenir en la acción de URI, simplemente todavía no es posible. URI es  una  proteína cuyas funciones aún no se conocen lo suficiente. Nabil Djouder y su grupo en el CNIO van a continuar investigándola.     

Fuente: CNIO

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